“Puig de sa Morisca”… Desde los talayotes hasta la Conquista de Jaime I

¿Cuántos lugares de nuestra propia isla no conocemos? Llama la atención que nuestros queridos visitantes tengan la capacidad de buscar esos rincones y parajes que muchos de los foráneos desconocen, que no son valorados y que además no reciben la atención que se merecen, tanto por su prehistoria, historia y hábitat que hacen de estos enclaves visita obligada si uno es amante de lo suyo, de la historia o simplemente de la naturaleza. Este es un ejemplo, y aunque tanto el Govern como el propio ayuntamiento han hecho un buen trabajo, creo que el patrimonio debería tener algo más de dedicación, tanto en su conservación como en su difusión. Un ajoya más de nuestro territorio.

Cima del Puig de sa Morisca

Cima del Puig de sa Morisca

El “Puig de sa Morisca” es una pequeña elevación montañosa sita en el municipio de Calviá-Mallorca, concretamente en la población turística de Santa Ponça. Esta colina está a 119 metros de altura sobre el nivel del mar y está preservada como parque arqueológico y está abierto al público en general por la “Conselleria de Turisme” del Govern de les Illes Balears (Consejería de Turismo del Gobierno de las Islas Baleares) y el propio ayuntamiento del municipio. Además de esta montaña y sus alrededores, el Parque engloba otras zonas de especial interés, como son el Comellar de Sa Terra des Gerrers y la zona conformada por los Turons des Fornets i el Turó de Ses Abelles.

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Mirador de la cima a la bahía de Santa Ponsa

En un área que ocupa unas treinta y cinco hectáreas, y en un radio de diez kilómetros, se han localizado más de quince yacimientos arqueológicos, nueve restos arquitectónicos de gran interés etnológico, pues representan fielmente la vida de estas comunidades neolíticas y que se prolongaron hasta la edad de hierro; entre ellas, llaman la atención las dos casas de los antiguos carboneros –en muy buen estado de conservación- y la sitge (o lugar donde se hacía la carbonera y se quemaba la madera para conseguir el carbón), dos restos de las pequeñas murallas de piedra, la casa de los pastores, las casas de los roters (payeses sin tierra) y las torres de vigilancia, más una amplia representación de comunidades vegetales presentes en el archipiélago balear y del Mediterráneo, desde el sotobosque con los lentiscos, el bosque de pinos (halepensis) típicos de la zona y los arbustos como el romero, guirnalda lavándula, estepa blanca, etc., y como no la flora atípica pero común de esta zona como la pequeña orquídea de las zonas mediterráneas. Desde la cima de la montaña se divisa una amplia vista panorámica de casi todo el municipio. Un enclave agradecido para los aficionados a la fotografía, el senderismo y las excursiones culturales.

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Casa de los carboneros

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Torre número 3

Morisca

Torre número 2

Se estima que el poblado fue habitado desde los inicios del siglo VI-VII (se cree aproximadamente desde el 605 al 800 BC [era talayótica]  hasta el año 123 BC, con la llegada de los romanos a isla bajo el mando de Quinto Cecilio Metelo y posteriormente hasta el 1229 cuando el rey Jaime I el “Conquistador”  con la intención de ocupar por la cristiandad la isla ocupada por los sarracenos (Calvià formaba parte de la división administrativa Juz’d’Ahwaz al-Madina. Los árabes, llegados en el 903, conquistaron nuevamente Mallorca incorporándola a sus reinos de Taifas, y fue dominada sucesivamente por los almorávides y los almohades). Se cree, que las tropas del Rey Jaime I ocuparon la cima de este monte como uno de los primeros objetivos militares, ya que desde este montículo se controla una amplia zona que abarca parte del municipio y se ve la costa que linda a la ciudad de Mallorca (Palma de Mallorca).

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En este mismo lugar, los equipos de arqueólogos  descubrieron restos de cerámicas, enseres, útiles de la época y musulmanes; y en el año 2008 en un contexto encuadrado en el siglo XIII, un pequeño escudo de metal con un blasón que se cree que pudiera haber pertenecido a los caballeros Togores (Cuadra medieval del Vallés Occidental –Sabadell-), junto a otros restos.

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Construcción neolítica de naveta

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En la urbanización Son Ferrer, (a unos 2 Km. campo a través) se encuentran los restos de un túmulo (o turriforme escalonado) y también de una cueva sepulcral de unos seis metros de largo. Así mismo, en el bosque entre el Golf I y II de Santa Ponça y Son Ferrer, existen restos de un poblado de navetiformes.

Es un paseo agradable aunque alguno de los caminos (sobre todo los de ascensión hasta la cima son pedregosos y empinados, encontraremos varios miradores a diferentes alturas). Su ubicación de entrada se encuentra en (Geo-coordenadas: 39º 30′ 26,47″ N 2º 28′ 47,97″ E), junto al Colegio Centro Infantil y Primaria Puig de Sa Morisca al que se accede a través de la Avenida Puig de Se Sirvi (Entrando por la primera rotonda de acceso a Santa Ponça . Hábitat Golf Santa Ponça).

Jordi Carreño Crispín

Fuentes documentales:

Oficina de Información y Turismo de Calviá. (Santa Ponça)

  1. Documento con planos en pdf: http://http://www.fundacioncalvia.com/descargas/Resumen_Plan_Director.pdf

http;// www.mallorcaweb.com

http;//www.birdingcalvia.com/rutas-calvia/4/es/r11-puig-de-samorisca

Información general:

www.illesbalears.es/accesible/index.jsp?isla=00&sec=0017&item

Mirando hacia atrás… “el origen de los primeros pobladores mallorquines”


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De los primeros pobladores a la caída del Imperio Romano (5.000 aC – 454 dC)

El período que transcurre entre la llegada del hombre a Mallorca y la caída del imperio romano supone el primer momento de transformación antrópica de un paisaje hasta ese momento intocable. La intensidad con que el hombre transforma el territorio en esta época queda patente con el empuje y el declive de la cultura talayótica, dejando como herencia paisajística sus construcciones de grandes bloques de piedra, los talaiots. Paralelamente, la conquista de Mallorca por parte de Quinto Cecilio Metelo en el 123 aC supone la incorporación de Baleares a la cultura romana y occidental. La romanización comportará la convivencia de los herederos de la cultura talayótica con los nuevos pobladores.

Cabe destacar el hecho de que en la Serra de Tramuntana se han localizado los restos humanos más antiguos que se conocen hasta la fecha en las islas Baleares. A través de ellos y de los numerosos yacimientos que se extienden a lo largo de la cordillera, se puede afirmar que la primera presencia humana en la zona se dio en torno al 5000 a. C. En la mayor parte del territorio hay yacimientos y restos arqueológicos de esta época, sobre todo en forma de cuevas y abrigos rocosos que sirvieron de refugio a los primeros pobladores. En ciertas cavidades rocosas (Coval den Pep Rave, la Cueva de s´Alova o la Cueva de Ses Alfàbia) se han encontrado numerosos restos cerámicos y humanos que abarcan un periodo cronológico que va de la época pretalayótica hasta la Edad Media.

El hombre de estos primeros asentamientos basó su economía en la caza y la recolección. La montaña ofrecía un buen espacio para este tipo de vida nómada, al disponer, además de buenos recursos naturales, numerosos abrigos rocosos que podían ser utilizados como primeros habitáculos. Se cree que el hombre pudo llegar a domesticar algún rebaño de un caprino autóctono, el Myotragus balearicus, hoy extinguido.

Hacia el 1700 a. C. empieza la llamada Edad del Bronce, que en las Islas Baleares se conoce como pretalayótico (1700-1350 aC). Se caracteriza por la aparición de un nuevo tipo de construcción, las navetas, y por el uso del bronce, utilizado para fabricar herramientas y objetos de culto. En muchos lugares de la Serra de Tramuntana se ha confirmado la existencia de pequeños poblados (Bòquer, Es Brutell, Galatzó, Cals Reis, entre otros).

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La cultura talayótica se inicia en Mallorca hace unos 3000 años, y entre el 900 y el 850 aC la isla se llena de los llamados talaiots, que sustituyen progresivamente a las navetas. Buenos ejemplos de estas construcciones se encuentran esparcidos por la Serra de Tramuntana, de los cuales destacan por su buen estado de conservación los de Coma-Sema (Bunyola), Son Ferrandell (Valldemossa) y Ses Casotes (Puigpunyent).

Durante el Bronce Final (1300-900) se producen innovaciones en la tecnología de las comunidades isleñas: surgen nuevas formas cerámicas, la mejora de la metalurgia y aparecen nuevas estrategias de contacto con el exterior.

Hay también un aumento de los contactos con sociedades de fuera de la isla, y es muy importante el hecho de que se empieza a producir un aumento demográfico que acabará por provocar la deforestación de gran parte del territorio. Los lazos entre familias se refuerzan y la población empieza a agruparse en poblados y a construir murallas para defender cada una de las unidades territoriales conformadas. En la Serra de Tramuntana se calcula la existencia de unos 60 o 70 poblados talayóticos, ubicados tanto en emplazamientos cercanos a zonas fértiles y seguras, como en zonas más marginales y recónditas, en los valles más remotos de la comarca.

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Se conservan a su vez en la Serra de Tramuntana numerosos santuarios, normalmente situados cerca de los poblados, en los que se debían de realizar diversos tipos de ceremonias (actos religiosos, sacrificios o rituales sociales). Se conocen, por ejemplo, los santuarios de Son Mas (Valldemossa), Almallutx (Escorca), Els Clapers (Formentor) o Es Fornets (Calvià). También predominan las localizaciones de enterramientos colectivos, sobre todo en cuevas o abrigos rocosos, que con anterioridad habían sido utilizados como vivienda, destacando Son Boronat (Calvià), la Cometa dels Morts (Escorca), La Punta (Pollença) o el Cementiri dels Moros (Capdellà). Posteriormente, los griegos y los fenicios conocieron sin duda las islas Baleares y las utilizaron como base para el comercio con la Península.

La ocupación romana posterior bajo el dominio de Quinto Cecilio Metelo el año 123 a. C., tuvo como consecuencia la consolidación de los asentamientos prehistóricos existentes. Es probable que en la Serra se crearán nuevas villae, unidades básicas de explotación agrícola dedicadas principalmente a los productos básicos de la llamada trilogía mediterránea (olivo, vid y trigo). Aunque es posible que se diera el cultivo del olivo en aquella época, es destacable el hecho de que tanto el vino como el aceite debían ser importados desde la península, lo que parece demostrar su poca importancia. En cualquier caso, las dos principales ciudades romanas de Mallorca (Palma y Pollentia) se situaron cercanas a la Serra, de la cual obtuvieron recursos.

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www.serradetramuntana.net/es/paisatgecultural/…/post07/

Los sapiens dejaron África cruzando el mar…

Herramientas humanas halladas en Emiratos Árabes apoyan que hubo un éxodo hace 125.000 años

NUÑO DOMÍNGUEZ MADRID 28/01/2011

El primer viaje de los humanos modernos fuera de África pudo sermucho más antiguo y audaz de lo que se pensaba. Un puñado de herramientas de piedra halladas en el Golfo Pérsico dibujan, según un grupo de arqueólogos europeos, una ruta alternativa por la que el hombre moderno podría haber colonizado primero Arabia, luego Mesopotamia y después Europa y Asia. Según esta hipótesis, de la que aún faltan los fósiles de aquellos pioneros, la primera cabeza de puente del sapiens para conquistar el resto del mundo no fue el corredor del Nilo a través de lo que hoy es Egipto hasta entrar en Israel, como siguen pensando muchos expertos, sino las aguas del mar Rojo y los desiertos de Arabia. Este primer éxodo sería casi el doble de antiguo, pues sucedió hace unos 125.000 años, según el trabajo.

“Pudieron usar balsas o botes, porque ya eran capaces de construirlos en aquella época”, postuló el arqueólogo de la Universidad de Tubinga (Alemania) Hans-Peter Uerpmann, coautor del estudio, durante una conferencia de prensa para presentar su hallazgo.

Los ancestros pudieron cruzar el mar Rojo a bordo de balsas

La propuesta, que publica hoy Science, se sustenta en un hacha de mano hecha de sílex y otros útiles de hace entre 100.000 y 125.000 años. Sus filos delatan la mano de humanos modernos, según el equipo que los ha desenterrado en Jebel Faya, un enclave desértico en Emiratos Árabes a unos 65 kilómetros de la costa que separa a este país de Irán.

“Fueron nuestros ancestros, no me cabe duda”, aseguró Uerpmann sobre los autores de aquella caja de herramientas paleolítica. Su visión contradice los estudios genéticos clásicos que mantienen que los humanos actuales descienden de sapiens que salieron de África hace entre 60.000 y 70.000 años vía Egipto e Israel.

“Nuestro estudio debería animar a que se analice de nuevo la forma en la que los humanos modernos nos convertimos en una especie global”, aseguró Simon Armitage, el investigador de la Universidad de Londres que ha datado los nuevos restos. El equipo mantiene que el hacha, los punzones y los raspadores que han desenterrado son muy parecidos a los que se han encontrado en otros yacimientos del este de África en épocas similares y que se atribuyen a humanos modernos. Sus afilados cantos cuentan la historia de un éxodo alternativo por la ruta del sur.

Faltan pruebas concluyentes, según expertos independientes

Todo comienza hace unos 130.000 años, con la llegada de un periodo de temperaturas más cálidas al final de una glaciación. Con el calor llegaron las lluvias a Arabia, donde los desiertos se convertirían en sabanas mucho más habitables y parecidas a las de África. Pero, para llegar a ellas, los humanos modernos tuvieron que cruzar el mar Rojo, donde el nivel del mar comenzó a subir con el deshielo. Todo dependió de estar en el lugar y momento adecuados para poder cruzar el estrecho.

Al comienzo del calentamiento, antes de que se derritiesen los hielos, el nivel del mar Rojo era cien metros más bajo que el de hoy, pero el clima de Arabia ya era más húmedo. Los humanos sólo tuvieron que cruzar unos cuatro kilómetros de mar, según los autores del estudio, para llegar a unas praderas donde ya vivían gacelas, cabras monteses y otros animales de caza. Aún es un misterio cómo cruzaron. Una vez conquistada la otra orilla, las poblaciones atravesaron Arabia hasta los emiratos. El área sería un nuevo centro desde el que los humanos modernos podrían luego haber cruzado el Golfo Pérsico hasta llegar a Mesopotamia y luego a Europa y Asia en épocas de clima favorable y un nivel del mar bajo, señala el estudio.

Pocas pruebas

“Es muy lógico pensar que existió esta ruta alternativa a la gran autopista de salida”, opina Eudald Carbonell, codirector de Atapuerca. El experto, que no ha participado en el estudio, apunta que hace 125.000 años los humanos modernos “conocían bien el medio marino y los litorales”, lo que les pudo permitir realizar la travesía a Arabia por el sur. Pero las pruebas no son suficientes, ya que no hay fósiles que prueben esta hipótesis, advierte Carbonell. De hecho, el experto, que conoce bien las herramientas de los neandertales y sus ancestros, señala que pudo ser esta especie la que hiciese los útiles de Jebel Faya. “Es muy difícil asegurar que son de humanos modernos, pues se conocen industrias líticas laminares muy parecidas hechas por neandertales de Europa”, concluye.

Fuente:

http://www.publico.es/ciencias/358526/sapiens/dejaronafrica/cruzando/mar

Prehistóricos sí, pero no tan primitivos…

Los cazadores del Paleolítico no sólo fueron capaces de crear obras de arte, sino que también aprovecharon principios científicos que se enunciarían milenios más tarde.

Los cazadores del Paleolítico no sólo fueron capaces de crear obras de arte aclamadas como Patrimonio de la Humanidad, sino que también sacaron provecho para sobrevivir de principios científicos que se enunciarían varios milenios más tarde y que hoy son la base de inventos como el avión o el motor diésel.t

La noticia en otros webs

El descubridor de Altamira, Marcelino Sanz de Sautuola, murió señalado como un farsante por los principales paleontólogos europeos de su época, porque la ciencia de finales del siglo XIX tenía tal concepto de la Prehistoria, que no podía admitir que unos seres primitivos pudieran crear arte y, mucho menos, pintar una maravilla de la talla de los bisontes polícromos de Santillana del Mar.

La afrenta de la ciencia al descubridor del primer testimonio del arte rupestre paleolítico quedó saldada en 1902 cuando uno de sus mayores detractores, el francés Émile Cartailhac, reconoció públicamente su error, pero en el imaginario colectivo todavía pervive una idea del hombre de las cavernas como un ser primitivo.

El Museo de Altamira lleva años luchando contra esa imagen, con actividades que revelan al visitante que sus antepasados de hace 20.000 años no eran menos inteligentes que él. Eran Homo sapiens. “No confundamos inteligencia con conocimiento o información. Las capacidades neurobiológicas de una persona de hace 20.000 años eran idénticas a las nuestras. Su capacidad de aprendizaje y análisis era la misma”, explica el director del museo, José Antonio Lasheras.

La última de esas actividades tiene lugar estos días, con motivo de la Semana de la Ciencia, una cita que Altamira suele aprovechar cada año para lucir sus programas de arqueología experimental y mostrar a los visitantes cómo era la vida en la Prehistoria.

Este año cuenta con la colaboración del Aula de la Ciencia de la Universidad de Cantabria, cuyo director, el profesor de Termodinámica Julio Güeméz, no oculta su admiración por la brillantez que demostraron los hombres del Paleolítico para aplicar a base de observación y ensayo-error principios de la física que llevaron de cabeza a los matemáticos hasta los siglos XVIII y XIX.

Estos son algunos:

PRINCIPIO DE CONSERVACIÓN DE LA ENERGÍA, que podría traducirse así para los hombres del final de la última glaciación: “Cómo hacer fuego golpeando dos piedras o frotando un palo contra una madera”.

La ciencia creyó hasta casi el siglo XIX que el calor era un fluido ingrávido, que se transmitía de objeto a objeto. De hecho, explica Güémez, esa teoría funcionó razonablemente bien hasta que un soldado metido a fabricante de armas, Benjamin Thompson, conde de Rumford, se preguntó en 1798 por qué se calentaban tanto sus cañones de bronce cuando perforaba el ánima con una broca roma.

Rumford dedujo que el calor no lo transmitía un objeto a otro, sino que era fruto del rozamiento. Era movimiento, energía mecánica. En el Paleolítico, el hombre aplicó ese mismo principio durante milenios, al golpear pedernal y pirita para obtener una chispa o al frotar dos maderas para obtener una brasa con la que hacer fuego. Con siglos de tecnología de diferencia, puso en práctica los mismos principios por los que funcionan un mechero o un motor diésel.

LA TEORIA DEL CALOR ESPECÍFICO, o cómo hacer hervir el agua utilizando piedras.

El químico escocés Joseph Black explicó en el siglo XVIII por qué unos materiales necesitan más energía para calentarse que otros e introdujo en la termodinámica el concepto de calor específico.

En la Prehistoria, el hombre tuvo que enfrentarse a la necesitad de hervir agua, una de las sustancias con mayor calor específico de la naturaleza, tanto, que elevar un grado la temperatura de un kilo de agua requiere la misma energía que levantar un metro un peso de 400 kilogramos. Y lo resolvió poniendo al fuego piedras, que se calientan con poca energía, y sumergiéndolas en el agua, con lo que lograba el mismo efecto que en la actualidad emplean en las saunas finlandesas.

EL TEOREMA DE BERNOULLI Y EL EFECTO VENTURI, o cómo pintar con aerógrafo hace 20.000 años. Esos dos complejos fenómenos físicos sobre el comportamiento de los fluidos, desentrañados en el siglo XVIII por los científicos que les dan nombre, son hoy la base del barómetro o incluso de la aerodinámica que explica la sustentación de los aviones.

Los hombres que habitaron la Cornisa Cantábrica en el Paleolítico los aplicaron para pintar con aerógrafos rudimentarios, de los que se han encontrado ejemplos en Altamira. Y lo consiguieron tras descubrir que si colocaban un hueso hueco de ave sobre un pigmento líquido y soplaban sobre su extremo con otro hueso, la pintura subía y se proyectaba de forma uniforme, pulverizada.

“No sé cómo a alguien se le pudo ocurrir esto. No es algo tan intuitivo. Tenían que ser muy ingeniosos para relacionar fenómenos que son muy poco frecuentes en la naturaleza”, reflexiona Güémez.

LA PALANCA, o cómo lanzar más lejos un venablo y cazar seguro. Durante generaciones, hasta la invención del arco, los cazadores del Paleolítico utilizaron un instrumento llamado propulsor prehistórico para lanzar venablos a más distancia, lo que permitía no ser descubierto por la presa y mantenerse a una distancia prudente de ésta. En realidad, se trata de un pequeño bastón que prolonga la longitud del brazo y potencia el efecto de la palanca que enunciaría siglos más tarde Arquímedes, en la Grecia clásica.

En América, recuerda Güémez, ese artilugio se siguió utilizando hasta la llegada de los conquistadores españoles, que sufrieron en sus propias carnes un arma, el atlatl, que lanzaba proyectiles con tal fuerza y velocidad que perforaban sus cotas de malla.

Enlace noticia:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Prehistoricos/primitivos/elpepusoc/20091113elpepusoc_6/Tes

Los primeros euroasiáticos vienen a España…

Investigadores españoles preparan una exposición sobre el ‘Homo georgicus’ en Tiflis que después llegará a Madrid.

Cráneo de Homo Georgicus

Cráneo de Homo Georgicus

MANUEL ANSEDE – Madrid – 07/11/2009 08:00

En 1983, en una aldea medieval enclavada en un rincón de la Unión Soviética pegado a Turquía, apareció un diente enorme. Los arqueólogos que excavaban el yacimiento no entendían nada. En aquel asentamiento situado en la encrucijada entre Europa, Asia y África había ruinas del Medievo, tumbas mongolas, restos de la Edad de Bronce y vestigios de la Ruta de la Seda.

Pero aquel diente no era de un gigante mártir cristiano, ni de un bisnieto de Gengis Kan, ni de un pionero de la orfebrería. Era de un rinoceronte del Pleistoceno. Un año después, apareció una rudimentaria herramienta de piedra. Bajo aquella aldea, Dmanisi, hoy en el territorio de Georgia, se encontraban los vestigios más antiguos de los primeros humanos que salieron de África.

Desde entonces, han aparecido cinco cráneos de individuos que vivieron en la región hace 1,8 millones de años, centenares de útiles toscos y fósiles de animales extintos. Para una parte de la comunidad científica, Dmanisi pudo ser una especie de fonda en el viaje de los homininos desde África a Europa. Medio millón de años después, el Homo antecessor ya dominaba la Sierra de Atapuerca, en Burgos.

Y los cráneos de Dmanisi están a punto de hacer el mismo viaje que sus descendientes. Las cabezas de los primeros euroasiáticos nunca han salido de Georgia, pero a partir del verano de 2010 podrían recorrer el camino hasta Madrid.

La muestra visitará la capital a partir del verano del próximo año

Una veintena de científicos españoles está preparando en el Museo Nacional de Georgia, en Tiflis, la primera exposición sobre los fósiles de Dmanisi. Será la puesta de largo del Homo georgicus, una todavía controvertida nueva especie humana descrita en 2002 para definir los restos encontrados en Georgia. La intención de los mecenas de la exposición georgiana, la Fundación Duques de Soria, que gestiona el dinero de la cooperación cultural entre España y Georgia, es que cuando la muestra cierre sus puertas en Tiflis los primeros euroasiáticos viajen hasta el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid.

Será una ocasión única para mirar cara a cara a la especie que ha descuajaringado el árbol evolutivo humano. Los fósiles desenterrados en Dmanisi han servido a los investigadores del yacimiento de Atapuerca para elaborar una nueva teoría que revienta la del Out of Africa. Según esta hipótesis, los primeros humanos, el género Homo, pudieron surgir en Asia, no en el continente africano, como se sostenía hasta que llegó Dmanisi.

El secretario general de la Fundación, José María Rodríguez-Ponga, explica la dificultad de traer los cráneos desde Tiflis hasta Madrid. Los restos han permanecido ocultos bajo la tierra durante 1,8 millones de años, y exponerlos implicará iluminarlos.

“Son las mismas dificultades que se afrontaron en 2003, cuando se organizó una exposición con los fósiles de Atapuerca en el Museo de Historia Natural de Nueva York”, opina. “A EEUU viajaron fósiles originales de Homo antecessor, y a Madrid vendrán algunos de los cuatro cráneos de Homo georgicus“, vaticina.

“Será un bombazo”

Los cráneos de los primeros humanos conocidos estarán en la exhibición

Rodríguez-Ponga habla de cuatro cabezas porque, oficialmente, la quinta no existe. Actualmente descansa en un estante a la espera de que el director del yacimiento, David Lordkipanidze, anuncie el descubrimiento en una publicación científica. “Si el quinto cráneo viene a Madrid, será un bombazo”, auguran otras fuentes.

Dmanisi es una especie de meca para los investigadores españoles, pero también un segundo hogar. La paleoantropóloga María Martinón-Torres, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, estaba en Tiflis el verano pasado cuando los aviones rusos bombardearon Georgia. La científica de Atapuerca, junto a otros miembros de la expedición española, consiguió subir al último avión que despegó de la capital georgiana. Unas horas después, un misil destrozó una de las pistas.

Sus colegas georgianos se quedaron en Tiflis. Y algunos de ellos fueron llamados a filas. Como Giorgi Bidzinashvili, que habla español gracias a sus estancias en la Universidad Autónoma de Madrid. En agosto de 2008, soltó las herramientas de piedra del Homo georgicus que estudiaba y empuñó un fusil Kaláshnikov. Era su tercera guerra.

Algunos de los investigadores georgianos han vivido tres guerras

El encarnizamiento del Ejército ruso con la población georgiana paralizó la actividad en el yacimiento. Y este año tampoco se ha excavado. Sin embargo, los científicos retomarán los trabajos el próximo verano.

Hay mucho por hacer. Todos los fósiles desenterrados en Dmanisi se han encontrado en un espacio de unos 80 metros cuadrados, pero el yacimiento ocupa una superficie de varias hectáreas. Bajo la tierra deberían hallarse las respuestas a algunas preguntas que martillean la cabeza de los investigadores.

Una de las mandíbulas encontradas en el pueblo medieval, la conocida como D2600, es muy diferente al resto. Desconcertantemente distinta. Una posibilidad es que el físico de los machos y las hembras de Homo georgicus fuera muy dispar, como en el caso de los gorilas. Y la otra alternativa es que la quijada no pertenezca a esta especie, sino a otra, lo que implicaría un nuevo susto en la evolución humana.

“No podemos descartar que en Dmanisi coincidieran en el tiempo y en el espacio dos especies diferentes, con nichos ecológicos distintos”, señala Martinón-Torres. La investigadora de Atapuerca estuvo el pasado mes de septiembre en Tiflis preparando la exposición y volverá el próximo verano a la sala del champán de Dmanisi. Este pequeño parche de tierra, núcleo del yacimiento, ha sido bautizado con este nombre porque cada vez que se descubre un nuevo fósil humano los georgianos vierten sobre la arena un chupito de Moët & Chandon o similares.

Un viejo desdentado

En 2004, Martinón-Torres se encontraba en la sala del champán cuando asomó una mandíbula desdentada. Los dientes no aparecieron, porque se desprendieron de su dueño hace 1,8 millones de años. Según los investigadores, la quijada perteneció a un anciano mellado que vivió durante años sin dentadura, en una época en la que no existían las sopas de ajo. Alguien alimentó al viejo Homo georgicus en el ocaso de su vida. Esta mandíbula, el primer testimonio de solidaridad entre los seres humanos, será otra de las joyas de la exposición.

Pero los fósiles no monopolizarán la muestra. El catedrático de Prehistoria Javier Baena, de la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los encargados de seleccionar las herramientas más representativas de la cultura de los primeros euroasiáticos. Los homínidos de Dmanisi eran achaparrados, y su capacidad craneal era de tan sólo 600 centímetros cúbicos, frente a los aproximadamente 1.400 de los humanos modernos. Sin embargo, se las apañaron para desarrollar una rudimentaria cultura, basada en la caza y en la talla de bastos útiles.

Los humanos conquistaron Asia armados con toscos pedruscos

Baena ha analizado el conjunto de utensilios encontrado en Dmanisi y se ha topado con que hay dos tipos de tallas completamente diferenciables entre sí. Una, más tosca, se corresponde con artefactos elaborados hace 1,8 millones de años. Otra, más avanzada, se situaría en al menos 1,5 millones de años. Las conclusiones de su estudio sugieren que en la región vivieron dos poblaciones, con culturas distintas. Y, además, son un espaldarazo para los que creen que, en realidad, Dmanisi era la morada de dos especies diferentes de homininos.

Un príncipe destronado

“Cuando los georgianos empezaron a analizar los fósiles encontrados en los noventa, no tenían ni idea de qué tenían entre manos. Se parecía a un Homo habilis, pero no era. También se asemejaba a los Homo erectus, pero tampoco era. Posiblemente estemos hablando de un eslabón intermedio”, explica Baena. Y, como añade Martinón-Torres, en la comunidad científica crece la corriente de los que piensan que Homo habilis, el primer humano surgido en África, era en realidad un Australopithecus. Así que Homo georgicus, nacido en Asia, ocuparía el lugar de este “príncipe destronado” como primer representante conocido del género Homo.

En Dmanisi pudieron convivir dos especies de homininos

Hasta la explosión de fósiles de Dmanisi, se pensaba que el primer hominino que abandonó la cuna africana, hace un millón de años, fue el Homo erectus, con un físico poderoso y armado con los bifaces achelenses, una tecnología tan avanzada en la época como los fusiles del Ejército de Estados Unidos en la actualidad. Ahora, los científicos tienen que explicar cómo un hominino canijo, pertrechado con un puñado de pedruscos, pudo conquistar Asia un millón de años antes. La exposición de Madrid tendrá que ofrecer unas cuantas respuestas.

Fuente público.es:

http://www.publico.es/267526/primeros/euroasiaticos/vienen/espana