Tierra de fuego y hielo: El ‘Beagle’ llevó a Darwin a la Patagonia por lugares que aún hoy conservan su huella…

JACOB PETRUS – TIERRA DEL FUEGO (CHILE/ARGENTINA) – 22/11/2009 08:00

Hace 150 años, el papel del hombre en la Tierra empezó a cambiar: de rey de la creación pasaba a ser un simple eslabón en la cadena evolutiva de la vida en el planeta.

El modo de vida de los fueguinos horrorizó a Darwin en comparación con aquellos a quienes los ingleses habían "civilizado". En la parte superior, Fueguía Basket (izq.) y su mujer. En medio, Jimmy Button antes y después de 'ser' civilizado. Debajo, York Minster. - Darwin online

Fue el 24 de noviembre de 1859 cuando se publicó El origen de las especies, de Charles Robert Darwin (Shrewsbury, 1809-1882), el naturalista británico que elaboró la primera teoría completa de la evolución, el fundamento científico que afirma que el hombre proviene del mono o, más exactamente, que ambos proceden de ancestros comunes.

Para poder establecer esta teoría revolucionaria, Darwin viajó alrededor del mundo a lo largo de cinco años, entre 1831 y 1836, a bordo del HMS Beagle, un barco de la armada británica capitaneado por Robert Fitz Roy. La misión de este navío era estudiar las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego, levantar los planos de la costa de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y realizar observaciones cronométricas del mundo. Pero había un motivo más personal por parte del capitán: devolver a tres indígenas que el Beagle se había llevado de Tierra del Fuego a Inglaterra cuatro años antes, con el objetivo de darles educación y principios religiosos. Los tres fueguinos recibieron los nombres de Fueguía Basket, York Minster y Jemmy Button (este último, en recuerdo al botón de nácar que se pagó por él a su familia). Por supuesto, fueron compañeros de Darwin en el viaje del Beagle, aunque el naturalista prestaba mucha atención a las plantas y animales que encontraba e ignoraba la presencia de este experimento antropológico.

El naturalista se embarcó cuando aún era un estudiante y sin recibir remuneración

Un estudiante recomendado

Las estrictas normas de la marina británica especificaban que el capitán del barco no podía establecer relaciones estrechas con sus marineros, así que Fitz Roy solicitó la presencia de un acompañante, de su misma clase social y a poder ser científico, para que recabase toda la información posible de los lugares que iban a visitar. Las dos primeras personas propuestas renunciaron al puesto, hasta que Darwin fue recomendado por el catedrático y profesor de botánica John Henslow. Sin haber finalizado sus estudios ni haberse embarcado nunca y sin recibir remuneración alguna por el viaje, el naturalista británico partió de Davenport en el Beagle el 27 de diciembre de 1831, en un viaje que le llevaría a través del Atlántico hasta Tierra del Fuego, para posteriormente alcanzar las islas Galápagos, llegar a Oceanía, saltar al continente africano y volver a Inglaterra el 2 de octubre de 1836.

En el ‘Beagle’ viajaban tres indígenas que los ingleses se habían llevado para “civilizarlos”

Darwin se embarcó en el Beagle con un libro en las manos que estaba revolucionando el mundo de la ciencia y que eliminaba la era de los mitos para entrar en la era del razonamiento. La obra, titulada Principios de Geología de Charles Lyell, analizaba la geología de la Tierra según los principios de la observación, experimentación y deducción, abandonando así la teología y la fe. Una de las zonas que visitó Lyell y que le ayudaron a establecer sus teorías fueron las islas Canarias, también uno de los primeros emplazamientos que vio Darwin desde el Beagle. A los pies del Teide, el naturalista británico empezó a entender que la edad de la Tierra tenía que ser muy superior a los 4.000 años que establecían las autoridades eclesiásticas en ese momento.

El viaje de Darwin a través de los cinco continentes tuvo dos lugares clave: el más famoso, sin duda, las islas Galápagos, donde el científico encontró animales que habían evolucionado de forma independiente, siendo semejantes a las mismas especies del continente pero con hábitos y fisionomías diferentes. El segundo punto más importante de su viaje fue Tierra del Fuego, especialmente el encuentro con los aborígenes de la zona, los tehuelches, los alakaluf, los yámana, los selknam y los haush. Muchos de los fundamentos que llevaron a Darwin a afirmar que el hombre venía del mono nacieron al comprobar que los indígenas tenían la misma capacidad mental que el hombre civilizado, pero lo que les diferenciaba era el desarrollo y el progreso de su sociedad.

Tras la estela del Beagle

Repetir el viaje de Darwin alrededor del mundo es hoy una utopía, pero si hay un lugar en el que uno todavía puede sentirse explorador y aventurero es Tierra del Fuego, por donde el Beagle pasó entre 1832 y 1834. Las durísimas condiciones meteorológicas de la zona, muy próxima a la Antártida, y su geografía enrevesada con miles de islas y estrechos la han mantenido prácticamente deshabitada y desierta, tal y como la describía Darwin en su diario de viaje: “Un país montañoso, en parte sumergido, de tal modo que estrechos y extensas bahías ocupan el lugar de los valles, con extensos bosques desde la cima de las montañas hasta la orilla”.

Desde Punta Arenas, la ciudad situada más al sur de Chile y ubicada en la costa del estrecho de Magallanes, zarpa el Vía Australis, un crucero diseñado específicamente para afrontar las duras condiciones marítimas y meteorológicas de Tierra del Fuego. Es una región que debe su nombre a Fernando de Magallanes y a las columnas de humo que utilizaban los aborígenes para comunicarse, por ejemplo, a la hora de anunciar la llegada de un barco. Precisamente, fue Fernando de Magallanes el descubridor, en 1520, del estrecho que primero denominó como de Todos los Santos y que finalmente acabó llevando su propio nombre.

Darwin calificó a los fueguinos de “innobles y asquerosos salvajes” que no parecían humanos

A través de este paso que comunica el océano Atlántico con el Pacífico, el Vía Australis arriba a la bahía Ainsworth, un emplazamiento para contemplar las colonias de elefantes marinos y la belleza de la cordillera Darwin, la estribación sur de los Andes. Está coronada por el monte del mismo nombre, que alcanza los 2.248 metros de altura, un gran campo de hielo y de glaciares que fue bautizado así por el capitán Fitz Roy como regalo del vigésimo quinto aniversario del naturalista.

Al otro lado de la cordillera Darwin se encuentra el canal del Beagle, que fue cartografiado al detalle por el capitán Fitz Roy y que es el siguiente destino de este crucero de expedición. En un tramo de sus 280 kilómetros de largo, el canal recibe el nombre de la Avenida de los Glaciares, puesto que es fácil sentirse aquí el observado ante la numerosa presencia de grandes moles de hielo que desembocan directamente al agua, como los majestuosos glaciares España, Romanche, Alemania, Francia, Italia y Holanda.

Los fueguinos, aniquilados

El rastro de los aborígenes fueguinos ha quedado, a día de hoy, absolutamente borrado de Tierra del Fuego, puesto que fueron pasto de una aniquilación masiva y de las enfermedades que portaron los europeos. Pero Charles Darwin sí comenzó en el canal del Beagle los contactos iniciales con los pobladores de la zona, primero desde la cubierta del Beagle y después en los primeros desembarcos, que generaron comentarios muy poco amistosos por parte del científico: catalogó a los habitantes de Tierra del Fuego como “innobles y asquerosos salvajes”, asegurando que “cuesta creer que sean seres humanos, habitantes del mismo mundo que nosotros”. “No me figuraba cuán enorme es la diferencia que separa al hombre salvaje del hombre civilizado; diferencia, en verdad, mayor que la que existe entre el animal silvestre y el doméstico”, añadió.

El capitán Fitz Roy puso el nombre de Darwin a un monte como regalo por su 25º cumpleaños

A pesar de ser un hombre tolerante, Darwin hablaba así de estos seres humanos que, de hecho, pertenecían a las mismas etnias que los tres indígenas que llevaba a bordo el Beagle, y que iban a ser devueltos en el mismo lugar donde habían sido embarcados cuatro años antes con la intención de “civilizarlos”. Este lugar es la bahía Wulaia, próximo destino del crucero de expedición y que conserva su nombre aborigen aportado por los yámana, la etnia a la que pertenecía Jemmy Button. Aquí desembarcó toda la tripulación del Beagle el 23 de enero de 1833 con la intención de crear un asentamiento para ubicar una misión anglicana. Poco tardó en convertirse en un verdadero fracaso, sin que el religioso Richard Mathews y los yámana llegasen a entenderse.

La mejor forma de acabar este viaje de ensueño es visitar un punto geográfico mítico: el cabo de Hornos, el considerado por muchos como fin del mundo y el lugar donde se mezclan los océanos Atlántico y Pacífico. Debajo de estas aguas descansa una gran cantidad de barcos que no resistieron el viento, las olas y los icebergs del paso Drake, el estrecho limitado hacia el sur por la Antártida.

Finalmente, la vuelta a la civilización se confirma con la visión de las luces de la ciudad de Ushuaia, la más austral del mundo. Es el punto final a este viaje que permite a quien lo realiza sentirse como un Darwin del siglo XXI, aunque sólo es una humilde sensación ante lo que vivió un chico inglés de poco más de 20 años y que dio lugar a una revolución científica que despierta aún hoy, 150 años después, controversia y polémica.

Enlace de la noticia: Público.es

 

Los primeros euroasiáticos vienen a España…

Investigadores españoles preparan una exposición sobre el ‘Homo georgicus’ en Tiflis que después llegará a Madrid.

Cráneo de Homo Georgicus

Cráneo de Homo Georgicus

MANUEL ANSEDE – Madrid – 07/11/2009 08:00

En 1983, en una aldea medieval enclavada en un rincón de la Unión Soviética pegado a Turquía, apareció un diente enorme. Los arqueólogos que excavaban el yacimiento no entendían nada. En aquel asentamiento situado en la encrucijada entre Europa, Asia y África había ruinas del Medievo, tumbas mongolas, restos de la Edad de Bronce y vestigios de la Ruta de la Seda.

Pero aquel diente no era de un gigante mártir cristiano, ni de un bisnieto de Gengis Kan, ni de un pionero de la orfebrería. Era de un rinoceronte del Pleistoceno. Un año después, apareció una rudimentaria herramienta de piedra. Bajo aquella aldea, Dmanisi, hoy en el territorio de Georgia, se encontraban los vestigios más antiguos de los primeros humanos que salieron de África.

Desde entonces, han aparecido cinco cráneos de individuos que vivieron en la región hace 1,8 millones de años, centenares de útiles toscos y fósiles de animales extintos. Para una parte de la comunidad científica, Dmanisi pudo ser una especie de fonda en el viaje de los homininos desde África a Europa. Medio millón de años después, el Homo antecessor ya dominaba la Sierra de Atapuerca, en Burgos.

Y los cráneos de Dmanisi están a punto de hacer el mismo viaje que sus descendientes. Las cabezas de los primeros euroasiáticos nunca han salido de Georgia, pero a partir del verano de 2010 podrían recorrer el camino hasta Madrid.

La muestra visitará la capital a partir del verano del próximo año

Una veintena de científicos españoles está preparando en el Museo Nacional de Georgia, en Tiflis, la primera exposición sobre los fósiles de Dmanisi. Será la puesta de largo del Homo georgicus, una todavía controvertida nueva especie humana descrita en 2002 para definir los restos encontrados en Georgia. La intención de los mecenas de la exposición georgiana, la Fundación Duques de Soria, que gestiona el dinero de la cooperación cultural entre España y Georgia, es que cuando la muestra cierre sus puertas en Tiflis los primeros euroasiáticos viajen hasta el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid.

Será una ocasión única para mirar cara a cara a la especie que ha descuajaringado el árbol evolutivo humano. Los fósiles desenterrados en Dmanisi han servido a los investigadores del yacimiento de Atapuerca para elaborar una nueva teoría que revienta la del Out of Africa. Según esta hipótesis, los primeros humanos, el género Homo, pudieron surgir en Asia, no en el continente africano, como se sostenía hasta que llegó Dmanisi.

El secretario general de la Fundación, José María Rodríguez-Ponga, explica la dificultad de traer los cráneos desde Tiflis hasta Madrid. Los restos han permanecido ocultos bajo la tierra durante 1,8 millones de años, y exponerlos implicará iluminarlos.

“Son las mismas dificultades que se afrontaron en 2003, cuando se organizó una exposición con los fósiles de Atapuerca en el Museo de Historia Natural de Nueva York”, opina. “A EEUU viajaron fósiles originales de Homo antecessor, y a Madrid vendrán algunos de los cuatro cráneos de Homo georgicus“, vaticina.

“Será un bombazo”

Los cráneos de los primeros humanos conocidos estarán en la exhibición

Rodríguez-Ponga habla de cuatro cabezas porque, oficialmente, la quinta no existe. Actualmente descansa en un estante a la espera de que el director del yacimiento, David Lordkipanidze, anuncie el descubrimiento en una publicación científica. “Si el quinto cráneo viene a Madrid, será un bombazo”, auguran otras fuentes.

Dmanisi es una especie de meca para los investigadores españoles, pero también un segundo hogar. La paleoantropóloga María Martinón-Torres, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, estaba en Tiflis el verano pasado cuando los aviones rusos bombardearon Georgia. La científica de Atapuerca, junto a otros miembros de la expedición española, consiguió subir al último avión que despegó de la capital georgiana. Unas horas después, un misil destrozó una de las pistas.

Sus colegas georgianos se quedaron en Tiflis. Y algunos de ellos fueron llamados a filas. Como Giorgi Bidzinashvili, que habla español gracias a sus estancias en la Universidad Autónoma de Madrid. En agosto de 2008, soltó las herramientas de piedra del Homo georgicus que estudiaba y empuñó un fusil Kaláshnikov. Era su tercera guerra.

Algunos de los investigadores georgianos han vivido tres guerras

El encarnizamiento del Ejército ruso con la población georgiana paralizó la actividad en el yacimiento. Y este año tampoco se ha excavado. Sin embargo, los científicos retomarán los trabajos el próximo verano.

Hay mucho por hacer. Todos los fósiles desenterrados en Dmanisi se han encontrado en un espacio de unos 80 metros cuadrados, pero el yacimiento ocupa una superficie de varias hectáreas. Bajo la tierra deberían hallarse las respuestas a algunas preguntas que martillean la cabeza de los investigadores.

Una de las mandíbulas encontradas en el pueblo medieval, la conocida como D2600, es muy diferente al resto. Desconcertantemente distinta. Una posibilidad es que el físico de los machos y las hembras de Homo georgicus fuera muy dispar, como en el caso de los gorilas. Y la otra alternativa es que la quijada no pertenezca a esta especie, sino a otra, lo que implicaría un nuevo susto en la evolución humana.

“No podemos descartar que en Dmanisi coincidieran en el tiempo y en el espacio dos especies diferentes, con nichos ecológicos distintos”, señala Martinón-Torres. La investigadora de Atapuerca estuvo el pasado mes de septiembre en Tiflis preparando la exposición y volverá el próximo verano a la sala del champán de Dmanisi. Este pequeño parche de tierra, núcleo del yacimiento, ha sido bautizado con este nombre porque cada vez que se descubre un nuevo fósil humano los georgianos vierten sobre la arena un chupito de Moët & Chandon o similares.

Un viejo desdentado

En 2004, Martinón-Torres se encontraba en la sala del champán cuando asomó una mandíbula desdentada. Los dientes no aparecieron, porque se desprendieron de su dueño hace 1,8 millones de años. Según los investigadores, la quijada perteneció a un anciano mellado que vivió durante años sin dentadura, en una época en la que no existían las sopas de ajo. Alguien alimentó al viejo Homo georgicus en el ocaso de su vida. Esta mandíbula, el primer testimonio de solidaridad entre los seres humanos, será otra de las joyas de la exposición.

Pero los fósiles no monopolizarán la muestra. El catedrático de Prehistoria Javier Baena, de la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los encargados de seleccionar las herramientas más representativas de la cultura de los primeros euroasiáticos. Los homínidos de Dmanisi eran achaparrados, y su capacidad craneal era de tan sólo 600 centímetros cúbicos, frente a los aproximadamente 1.400 de los humanos modernos. Sin embargo, se las apañaron para desarrollar una rudimentaria cultura, basada en la caza y en la talla de bastos útiles.

Los humanos conquistaron Asia armados con toscos pedruscos

Baena ha analizado el conjunto de utensilios encontrado en Dmanisi y se ha topado con que hay dos tipos de tallas completamente diferenciables entre sí. Una, más tosca, se corresponde con artefactos elaborados hace 1,8 millones de años. Otra, más avanzada, se situaría en al menos 1,5 millones de años. Las conclusiones de su estudio sugieren que en la región vivieron dos poblaciones, con culturas distintas. Y, además, son un espaldarazo para los que creen que, en realidad, Dmanisi era la morada de dos especies diferentes de homininos.

Un príncipe destronado

“Cuando los georgianos empezaron a analizar los fósiles encontrados en los noventa, no tenían ni idea de qué tenían entre manos. Se parecía a un Homo habilis, pero no era. También se asemejaba a los Homo erectus, pero tampoco era. Posiblemente estemos hablando de un eslabón intermedio”, explica Baena. Y, como añade Martinón-Torres, en la comunidad científica crece la corriente de los que piensan que Homo habilis, el primer humano surgido en África, era en realidad un Australopithecus. Así que Homo georgicus, nacido en Asia, ocuparía el lugar de este “príncipe destronado” como primer representante conocido del género Homo.

En Dmanisi pudieron convivir dos especies de homininos

Hasta la explosión de fósiles de Dmanisi, se pensaba que el primer hominino que abandonó la cuna africana, hace un millón de años, fue el Homo erectus, con un físico poderoso y armado con los bifaces achelenses, una tecnología tan avanzada en la época como los fusiles del Ejército de Estados Unidos en la actualidad. Ahora, los científicos tienen que explicar cómo un hominino canijo, pertrechado con un puñado de pedruscos, pudo conquistar Asia un millón de años antes. La exposición de Madrid tendrá que ofrecer unas cuantas respuestas.

Fuente público.es:

http://www.publico.es/267526/primeros/euroasiaticos/vienen/espana

Los grandes filósofos de la historia, reunidos en una gran biblioteca…

Los grandes filósofos de la historia, reunidos en una gran biblioteca

Busto de Platón / Wikipedia

EFE | MADRID
Actualizado Miércoles , 28-10-09 a las
Convencidos de que, en tiempos de descreimiento y de crisis, la filosofía “puede salvar al individuo”, los responsables de Gredos lanzan al mercado la “Biblioteca de Grandes Pensadores”, una ambiciosa iniciativa que pone al alcance de todos las obras de los mejores filósofos de la historia.
Serán 38 volúmenes, de mil páginas cada uno, que en cuidada edición ofrecerán al lector el pensamiento de 31 filósofos, desde Platón hasta Wittgenstein, pasando por Aristóteles, Séneca, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, Erasmo, Maquiavelo, Descartes, Spinoza, Voltaire, Hume, Kant, Hegel, Schopenhauer, Marx, Nietzsche y Ortega y Gasset, entre otros.
De momento, llegan a las librerías los primeros volúmenes de Nietzsche y de Wittgenstein, pero la puesta de largo de la nueva Biblioteca de Gredos, que aparecerá simultáneamente en Círculo de Lectores, tendrá lugar esta tarde, en un acto en el que intervendrán el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y el filósofo Emilio Lledó.
“En tiempos de descreimiento y de crisis económica, en los que la gente está de vuelta de todo y machacada por el consumismo, siempre nos quedarán Platón, Nietzsche o Schopenhauer”, asegura José Manuel Martos, director de Gredos y responsable por tanto de que haya llegado a buen puerto este “insólito proyecto”, que no tiene parangón en España.

«En tiempos de descreimiento y de crisis económica, siempre nos quedarán Platón, Nietzsche o Schopenhauer»
“No ha habido la suficiente ambición en el mercado editorial para crear un proyecto de esta envergadura, salvo honrosas excepciones”, como las obras completas que publican Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores o la Fundación Castro, comenta Martos.
En Gredos ya saben lo que es acometer iniciativas tan complejas, porque su Biblioteca Clásica, que comenzó a salir hace treinta años, va casi por el número cuatrocientos. Ahora, con la Biblioteca de Grandes Pensadores se trata de llegar a esa “inmensa minoría” de la que hablaba Juan Ramón Jiménez y de ofrecer a los lectores el “canon indiscutible” de los filósofos, añade Martos, que ha contado con la colaboración de Margarita Medina para sacar adelante la colección.
«Dos años y medio de intenso trabajo»Los libros incluidos costarán 59 euros cada uno -“es un regalo”- y “seguirán siendo válidos dentro de diez o veinte años porque el pensamiento de los filósofos no pasa de moda”, subraya Martos, quien no descarta que la biblioteca se amplíe en un futuro con otros pensadores.
De coordinar el proyecto se ha encargado Luis Fernando Moreno Claros, doctor en Filosofía y traductor de Goethe, Nietzsche y Schopenhauer. Moreno ha sido también el responsable de seleccionar a los especialistas que firman el amplio estudio introductorio que lleva cada volumen. Antonio Alegre, que suscribe el de Platón, Salvador Antuñano (San Agustín), Juan Manuel Forte (Maquiavelo), Javier Echeverría (Leibniz) y el propio Moreno (Schopenhauer) figuran entre esos expertos.

«No es una biblioteca para especialistas, sino para un público culto»
Algunos volúmenes llevan, además, un prólogo de cinco páginas “de una firma reputada”, como sucede con el que ha preparado Carlos García Gual para Platón, el de Fernando Savater para Voltaire, o el de Javier Gomá para Ortega y Gasset.
“Han sido dos años y medio de intenso trabajo”, dice Moreno, que ha procurado que las introducciones “tuvieran una cierta homogeneidad y un lenguaje claro”. “No es una biblioteca para especialistas, sino para un público culto”.
De algunos pensadores se recogen las obras completas y de otros, las más importantes. Cuando las mejores traducciones “no estaban disponibles en el mercado, se han encargado otras nuevas”, destaca José Manuel Martos. Se publicarán seis títulos al año, y hay varios filósofos que ocuparán dos volúmenes. Así sucede con Nietzsche y Witgenstein, los dos que salen ahora, y así pasará también con Platón, Aristóteles, Kant, Hegel y Schopenhauer.
Germán Cano firma el estudio introductorio de Nietzsche, un filósofo, sostiene el especialista, cuya presencia, “recién inaugurado el siglo XXI, nos sigue acosando de manera, cuando menos, inquietante”. En el pensamiento de Wittgenstein, que aparece en edición bilingüe alemán/español, profundiza Isidoro Reguera, para quien el autor del “Tractatus” es ya “un clásico: al lado de Aristóteles y Kant permanecerá siempre como una fuente de estímulo”.
ABC.es

http://www.abc.es/20091028/cultura-literatura/grandes-filosofos-historia-reunidos-200910281345.html