31 de enero de 2015 Domingo de Ramos…

fotografía del confidencial.es

Como Jesús de Nazaret entrando en Jerusalén hoy Pablo Iglesias ha recorrido las calles de Madrid desde Cibeles hasta la Puerta del Sol. Esa es la imagen que me ha rememorado la instantánea de la cabeza de la denominada marcha del cambio. Toda una estampa popular y mesiánica. Quisiera recordar que fue el mismo pueblo el que crucificó al mesías. Quizá sea ésa la única realidad de la democracia.

Como ya ha dejado claro más de una vez no pienso votarles, ni tan siquiera pienso recomendar su voto,aún siendo o considerándome alguien más próximo al progresismo que al neoliberalismo, pero, eso no es óbice para que no entienda dos cosas: una, que la gente es soberana y elige su voto con total libertad; dos, que no se pueden cambiar las cosas haciendo más de lo mismo por más que las fórmulas sean novedosas, sobre todo, si la máxima es el cambio de los factores que al final no alteran el producto.

PODEMOS es una alternativa necesaria para la buena salud de la democracia, es una opción para la gente que se considera de izquierdas y que anclados todavía en el romanticismo de las filosofías socialistas y comunistas buscan la equidad social y jurídica en modelos arcaicos sin tener en cuenta la evolución global de las sociedades, sea por la tecnología e información o por las economías de mercado. Esto no significa que el modelo productivo actual sea el más idóneo y el correcto.

Y su importancia, está en poder romper binomios y equilibrar balanzas más que en gestionar lo que no pueden y no saben. Pero es la peor alternativa al hastío y el castigo de los desencantados.

La voz de pueblo se ha hecho oír desde el atril de la utopía, desde el sueño socializador que evoca la más noble de las causas, la nobleza humana, y por gracia o desgracia de ella, ya me parece imposible cumplir ese estatus que permite que la igualdad sea un hecho, una realidad económica, legislativa y jurídica; todo ello, sin tener en cuenta los intereses pecunios de las grandes potencias mundiales subvencionadas por el gran capital. En conclusión, el sueño de una noche de verano multitudinario para que al final nos suene el despertador e independientemente de Syrizas, PODEMOS o ciudadanos (para los nuevos conservadores) sigamos debiendo hipotecas, haya ricos y pobres, las enfermedades sean negocios, las guerras grandes inversiones económicas, intercambios comerciales y de vidas en conflictos reguladores de fronteras y territorios y, sobre todo, grandes fábricas de tristeza, dolor y miseria por dinero, o que la educación sea un peligro porque la gente que piensa no interesa y, al final todo, todo, se reduzca a algo más simple, al resumen de que sólo es una bonita acepción y un anhelo para que todos demos las gracias finalmente por la ilusión y expectativas creadas y nos quedarnos  todos tal y como estábamos por aquello de que…”más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”,  porque al final y por desgracia, el sistema global y la economía no la cambian los ilusos, los soñadores, valientes y los románticos; sino que la cambian los tipos de interés.

Así que dejemos que la gente sueñe, vote y se cumpla su voluntad un día al año (o cada cuatro) para que al día siguiente sean los grandes oligarcas, corporaciones o países más poderosos los que rijan nuestros destinos. Nada nuevo en el horizonte, más que hoy vi en televisión un treinta y uno de enero del 2015 la entrada del nuevo mesías en Madrid que no en Jerusalén. Un domingo de ramos cualquiera en el mes de enero. Actos de fe para seguir cargando todos con nuestras propias cruces.

Jordi Carreño Crispín

Íñigo Errejón… ¿O la mujer del César?

Íñigo Errejón… ¿O la mujer del César?

Íñigo Errejón… ¿O la mujer del César?

Según nos cuenta la historia, que Plutarco en sus “Vidas paralelas” dejó plasmado el hecho por el cual todos conocemos la frase: “No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.  Nos relata que el rico patricio romano Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna, elocuente y avezado estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su pasión por ella que en cierta ocasión, durante la celebración de la fiesta de la Buena Diosa – a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio se coló disfrazado  de músico en la casa de César con la finalidad de verla y agasajarla, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por doble acusación: engaño y sacrilegio. Como consecuencia de este hecho, César reprobó públicamente a su mujer, Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando con ésa sentencia que a veces no es suficiente la inocencia, que la duda como el desconocimiento no eximen de responsabilidades.

Errejón no ha cometido ningún delito, tan siquiera se le puede considerar una corruptela, más bien es un caso claro de falta disciplinaria y administrativa al incumplir un contrato remunerado que exigía un compromiso horario y una dedicación que era incompatible con su compromiso político. Este hecho deja en un brete al joven politólogo. Ahora unos y otros saldrán en defensa y/o a denostar al joven político según el calidoscopio ideológico con el que se le mire.

Para mí el hecho es mucho más simple. Errejón es licenciado y Doctor en Ciencias Políticas, profesor de Universidad, es decir, hombre docto y formado, que además tiene la elevada misión de instruir, educar y dar ejemplo a nuestros futuros conciudadanos; por tanto, él es el primero que debe predicar y practicar con el ejemplo, máxime cuando siendo el ideólogo de la formación PODEMOS, que abandera la causa de la ética, la transparencia y la honestidad política y popular contra “la casta” o stablishment político”, es el primero en sembrar la duda entre los futuros y posibles candidatos a votarles de que en política, la demagogia y el populismo están intrínsecamente ligados al ADN del político. Errejón ha fallado en el modo y la forma, y no puede excusarse en ninguna caza de brujas, el desconocimiento o la buena fe porque sabía y era consciente de los que hacía, actúo incorrectamente y no se puede abanderar una causa faltando o fallando a la misma.

Los nuevos cachorros están demostrando que en política las garras afiladas del poder siempre son las mismas, y que sea por acción u omisión, no hay político que de un modo u otro no lleve los bajos de los pantalones salpicados por los lodos de la incompetencia, la deslealtad, la mentira, la demagogia, la endogamia o el populismo.

Llegar y molestar al poder establecido es señal de que algo hicieron bien, de que la gente necesita nuevas opciones y caras que renueven los viciados aires de la política nacional y que el pueblo está deseoso de regenerar su vida política para poder avanzar en sus vidas diarias; pero para ello no puede caber ni la más mínima duda de que las alternativas son además de honestas, fiables; y sobre todo, competentes. Y aquí, sin ser nadie todavía, sin ser nada más que una probabilidad estadística, sin haber hecho todavía nada significativo  más que remover los cimientos de la política nacional y de las tertulias con declaraciones de intenciones, ya planea sobre ellos la sombra de la duda, la incompetencia y del más de lo mismo…

Y es qué, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Lo dicho, la mujer del César no basta que sea honesta, debe parecerlo; y Errejón acaba de minar la posible inocencia y honestidad de la formación de los círculos libertarios y populares para dejar el interrogante de si no serán más bien círculos viciosos o viciados por la tan denostada casta. Si se aplican el cuento que predican, ahora mismo Íñigo Errejón debería poner su cargo en la formación a disposición de su ejecutiva o electorado, debería pedir honestamente disculpas y devolver el dinero y de paso solicitar la excedencia de la docencia si es que pretende seguir en la primera línea de fuego en política. Pero tengo la impresión que no va a ser así, de que no va a suceder nada y que todo seguirá igual. Al menos la mujer del César era pese a la duda inocente.

Jordi Carreño Crispín

Adolfo Suárez el chófer de la Transición. De la dictadura hacia la monarquía parlamentaria, que no hacia la verdadera democracia.

 Suárez juró en presencia de Franco y de Herrero Tejedor su cargo como secretario general del Movimiento…

“Libertad, libertad, sin ira libertad…” cantaba Jara con la llegada de las primeras elecciones libres, con la llegada de la democracia a España. Y sí, eran tiempos difíciles, la sombra del franquismo planeaba sobre el recuerdo del país y la memoria de los vencidos sobre todo. La España en blanco y negro se moría lentamente, o eso parecía.La época histórica del paso hacia las libertades, La Transición, fue conducida con inteligencia, reserva, maña y mucha mano derecha (y nunca mejor dicho) por Adolfo Suárez, que bajo la tutela del hasta entonces delfín de Franco, el futuro rey de España, nos condujo de la “dictablanda” franquista a la monarquía parlamenteria mientras los ciudadanos nos embebíamos los nuevos aires de libertad incautamente, sin pensar. Quizá es que no estábamos acostumbrados a ello.

No voy a denostar con estas palabras la inmensa labor histórica realizada por la figura del primer presidente de nuestra democracia, descafeinada eso sí, bajo mi punto de vista, y del trabajo consensuado por todos los partidos políticos invitados a participar de ella, de los padres de nuestra Constitución: Gregorio Peces Barba (PSOE), Manuel Fraga Iribarne (AP), Miquel Roca i Junyent (CIU), Jordi Solé Tura (PCE), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñòn (UCD), Gabriel Cisneros Laborda (UCD) y José Pedro Pérez-Llorca (UCD), pero sí voy a reflexionar sobre ello.

Adolfo Suárez en las primeras legislativas al frente de UCD

Adolfo Suárez en las primeras legislativas al frente de UCD

¿Por qué renunciaron al ideario republicano algunos partidos (PSOE, PCE, etc.) a cambio de aceptar una monarquía parlamentaria impuesta como moneda para la democracia? ¿Por qué el Jefe de Estado impuesto a dedo por el Caudillo no sometió su cargo a legitimidad popular, máxime cuando no hacía mucho había ensalzado la figura del dictador y jurado fidelidad al Movimiento Nacional al igual que Suárez? ¿Por qué el llamado a ser Presidente del Gobierno orquestó entre bambalinas conjuntamente con el monarca su llegada al poder con unas elecciones prácticamente dirigidas por el miedo al pasado posicionando con ventaja a su recién creado partido, la UCD? ¿Por qué quedaron fuera de la redacción y del consenso constitucional vascos, gallegos, andaluces, canarios, etc.? ¿Por qué se aceptó la ley electoral D’Hont cómo baremo de representación popular, fue sólo para beneficiar y acallar los nacionalismos? Estas y otras muchas más preguntas me hacen además de dudar del proceso transitorio y de que tengamos una verdadera y legitimada democracia popular; (de ahí que lo llame la Intransición Democrática) y, no termine de apreciar políticamente la tan ensalzada labor de D. Adolfo Suárez como el chófer de la Transición hacia nuestra actual democracia, que visto lo visto, no ha terminado por resolver los problemas de identidad de este país, más bien los escondió bajo la alfombra del miedo franquista y golpista, y así se acumuló el polvo de las identidades históricas y las desigualdades geográficas. De aquellos barros estos lodos.

Adolfo Suárez se ha ganado un lugar en la historia de pleno derecho como otros personajes de éste período, pero no sé si al final los demócratas de pensamiento libre y avanzado podemos considerar que su labor política fue plenamente satisfactoria. Yo por mi parte me siento engañado con todo el proceso que nos ha traído hasta aquí. Quizá para mí, su mayor éxito fue convencer y lograr consensuar dicho proceso a tan diferentes ideologías con el arte del mal menor. No sé si debo agradecérselo o recriminárselo, la historia al final lo pondrá donde debe sin menoscabo de lo que yo opine. Al fin y al cabo, quién soy yo para juzgar a nadie.

 Jordi Carreño, 23 de marzo de 2014.

Un rey republicano y masón. José I o Pepe Botella, el Bonaparte a la sombra de Napoleón. (II PARTE)

José Bonaparte

José Bonaparte

José Bonaparte rey de España y las Indias.

Mientras, Napoleón está tramando su plan para España en Bayona, donde mantiene retenidos por sus disputas al trono al rey Carlos IV y su heredero Fernando VII. Tras las abdicaciones de Bayona el 5 de mayo de 1808, los derechos recayeron sobre el emperador francés, quien el 6 de Junio de 1808 publicó un decreto por el cual nombraba a su hermano José Bonaparte Rey de España, cargo que al propio José no le hacía mucha gracia ya que se encontraba muy a gusto en Nápoles y disgustando también a su cuñado Joaquín Murat quien tenía la esperanza de ser coronado rey de España pero que fue nombrado Rey de Nápoles en sustitución de José.

Antes de la llegada de José una reunión de notables es convocada en Bayona para redactar una nueva constitución que respalde a la monarquía. Ésta se basada en el Código civil Napoleónico y que sería denominada como la Constitución de Bayona. Tras jurar la constitución, el 7 de julio de 1808, José Bonaparte se dirigió a España ya como José I. Entró en Madrid el 20 de Julio de 1808 acompañado de un fuerte dispositivo militar, en un país que se hallaba en plenas revueltas contra la ocupación, revueltas que se habían extendido por todo el país como un reguero de pólvora. Prácticamente al tiempo que José entraba en Madrid el ejército Francés del general Dupont era derrotado y capturado  en Bailén por el ejército Español.

Monedas José I

Monedas José I

Ante la posterior situación militarmente adversa, José abandona Madrid para dirigirse a Burgos, Miranda del Ebro y finalmente a Vitoria el 22 de septiembre de 1808 donde establece su cuartel general hasta la llegada de  su hermano Napoleón se dirige a España con un gran ejército. Tras las victorias militares de Napoleón, José Bonaparte, vuelve a entrar en Madrid de nuevo el día 22 de enero de 1809; pero José no se siente a gusto y siente el rechazo de la población hacia él, de hecho escribe a su hermano: “No tengo ni un solo partidario aquí, todos parecen odiarme…

El reinado de José I en España, estuvo permanentemente marcado por la Guerra de la Independencia, constantemente buscó apoyo en los grupos de los ilustrados españoles, sobre todo en los llamados afrancesados, denominados así por su afinidad a las ideas de la revolución y a priori más permeables a la ideología de la invasión napoleónica de España a través de una concepción de Estado más liberal y erudita, para poder conseguir hacer triunfar un programa reformista para el cual el pueblo español y las instituciones  no estaban preparados, y  que se basaba en la  Constitución de Bayona.

Escudo Real de José I

Escudo Real de José I

José Bonaparte, nunca fue del agrado del pueblo, primero porque no era español, segundo porque tanto el pueblo como la nobleza desconfiaban de él, y sobre todo del imperialismo de su hermano, considerándoles a ambos invasores. Tanto es así que para desprestigiarlo aún más popularmente el pueblo empezó a llamarle de modo despectivo con los motes de Pepe Botella o Pepe Plazuelas (*); aunque éste no era aficionado a la bebida y por la gran cantidad de plazas que creó en Madrid. A pesar de que intentaba por todos los medios atraerse la simpatía del pueblo más llano, otorgando leyes populistas y organizando fiestas y eventos, la verdad es que cada vez era más impopular entre el  pueblo español, que le consideraban como el  representante de la opresión francesa y de la invasión, además de títere de su hermano. Nunca dejó de ser un usurpador para ellos. En muchas ocasiones este rechazo a su actitud conciliadora venía dado por los desmanes que cometían las tropas francesas contra la población civil.

En enero de 1810 dirigió personalmente la campaña andaluza del ejército francés. Un año después en 1811, después un viaje a París para conocer a su sobrino, hijo y heredero de su hermano Napoleón I, aprovechó para intentar convencer a su hermano de abandonar su cargo, pero éste se lo impidió.

Cortes de Cádiz

Cortes de Cádiz

En 1812, al constituirse las Cortes de Cádiz, intentó infructuosamente alcanzar un acuerdo con ellas. Sin embargo, las derrotas francesas como la del 22 de julio de 1812 en Arapiles, en la que Wellington derrotó al Mariscal Marmont, José I abandona de nuevo la capital de España para refugiarse en Valencia junto al mariscal Suchet. En invierno vuelve a Madrid gracias a que Wellington no supo explotar su éxito. Posteriormente, en la campaña de 1813 se marcha por última vez de Madrid para refugiarse en Vitoria donde decide plantar cara al ejército aliado, sufriendo una desastrosa derrota el 13 de junio de 1813, las tropas francesas abandonan definitivamente la península.

En diciembre de 1813, se firma el tratado de Valencia y, por el que su hermano Napoleón Bonaparte devuelve a Fernando VII el trono de España.

El 13 de marzo de 1814 Fernando VII regresa a España mientras José Bonaparte regresa a París. Una vez allí es nombrado Lugarteniente del imperio, lo que de facto hace que sea quien gobierne el imperio en ausencia de Napoleón. Tras la primera abdicación de Napoleón se exilió a Suiza, para unirse a él de nuevo durante los Cien Días.

Su impronta como rey de España:

Pese a no ser muy popular, José I intentó mejorar las condiciones del país con sus reformas de corte liberal, promulgando leyes de educación, creando el Ministerio de la Policía, antecedente histórico del actual Ministerio del Interior. También publicó (diciembre de 1809) el anuncio de fundación de un museo de Bellas Artes, bajo la denominación de Museo Josefino. Su pretensión era equiparar culturalmente a Madrid a otras capitales europeas que ya contaban con museos reales abiertos al público. Por otro lado, con dicha institución pretendía retener las obras de arte que su hermano Napoleón y ciertos militares franceses estaban expoliando al patrimonio nacional y se iban para Francia. El museo como tal no llegó a fundarse; fue su sucesor en el trono español, Fernado VII, quien abordó su creación y lo inauguró en 1819, como Museo del Prado. También intentó acometer el proyecto de unión entre el Palacio de Oriente y la Puerta del Sol, proyecto que quedó inconcluso. Como ya hemos apuntado anteriormente, de su mano se instauró la masonería con el nacimiento de la Gran Logia Nacional de España de la que fue Gran Maestre.

Su estancia en América y últimos años.

Tras la definitiva derrota de Waterloo el clan Bonaparte fue expulsado de Francia y José se trasladó a América, estableciéndose en las inmediaciones de Filadelfia. Durante este periodo se enriqueció gracias a las inversiones que realizó a base de objetos de valor expoliados durante su reinado en España. Compra una enorme hacienda llamada Point Breeze de más de 1000 acres de extensión cerca de Bordentown.

Durante este periodo mantiene contactos con otros refugiados del periodo napoleónico. También recibió visitas de los representantes por la independencia Mexicana buscando apoyo económico a su causa. Le llegaron a ofrecer el trono de México, el cual rechazó al considerar que una república era lo más conveniente para el país.

Durante este periodo mantiene comunicación con su hermano, prisionero en Santa Elena y se convierte en punto de referencia para muchos exiliados franceses.

El 10 de agosto de 1821 recibe la noticia de la muerte de su hermano en Santa Elena, tras lo cual pasa a ejercer como cabeza del clan Bonaparte.

Durante este periodo también es frecuentado por importantes políticos estadounidenses, y mantiene relaciones amorosas con varias mujeres ya que su mujer y sus hijos a las que no había afectado la orden de exilio del clan Bonaparte permanecen en Europa.

En 1832 se traslada a Liverpool y Londres y en 1840 sufre una apoplejía que le deja prácticamente inválido, en atención a su estado de salud el gobierno francés permite su regreso al continente. En 1841 se instaló en Florencia, ciudad en la que moriría tres años más tarde, el 28 de julio de 1844, donde es enterrado en la iglesia de Santa Croce. Sus restos son trasladados  por su sobrino Napoleón III en 1862 junto a la tumba de su hermano en el cementerio de Los Inválidos de París, y donde reposan actualmente sus restos.

 (*) ¿Por qué le llamaban Pepe Botella? 

Pepe Botella

Pepe Botella

Consabida es la conocida afición española a rebautizar con motes, sobre todo de modo picaresco o despectivo, José I no fue una excepción en ello; ante todo, porque nunca tuvo el beneplácito del pueblo, ya que era considerado un usurpador del trono y un represor imperialista, amén de ser el máximo representante del afrancesamiento español. En ese afán de desprestigiarlo empezó a correr la fama de su afición, por otra parte incierta, a la bebida. La verdad es que el nombre le vino posiblemente por una de sus primeras medidas, que fue la de hacer desaparecer el impuesto sobre los alcoholes y la liberización de los horarios de las botillerías. De ahí surgió el sobrenombre y la alusión a él como un borracho, a pesar de que él como hemos apuntado no era un gran bebedor. Esa fama devino en el populacho por las coplillas que se le cantaban a modo de mofa:

“Pepe Botella, protector del cultivo de uvas y experto catador de cubas…”

“Cada cual tiene su suerte. La tuya es ser borracho hasta la muerte…”

“Pepe Botella, baja al despacho. – No puedo ir porque estoy borracho…”

Por Jordi Carreño

 Enlaces:

Revista Historia National Geographic. Páginas 15 a la 20.

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/personajes/6581.htm

http://www.napoleonbonaparte.es

Un rey republicano y masón. José I o Pepe Botella, el Bonaparte a la sombra de Napoleón. (I PARTE)

José Bonaparte

José Bonaparte

La historia nos ha dejado la imagen de hombre sometido a los deseos y designios de su hermano menor, Napoleón Bonaparte; sin embargo, José Bonaparte se abrió camino en la vida mucho antes de que su hermano Napoleón llegara al poder. Así mismo, su deteriorada imagen histórica no se corresponde del todo con la del hombre culto y versado que fue. El joven José Bonaparte fue un acérrimo partidario del ideario ilustrado, y por ende, defensor entusiasta de la Revolución y admirador apasionado de Rosseau. Este ideario le llevó a pertenecer a la masonería donde llegó a fundar la Gran Logia Nacional de España y fue Gran Maestre del Gran Oriente de Francia.

Orígenes:

 José Bonaparte nació en Corte (Isla de Córcega) el 7 de enero de 1768, siendo bautizado con el nombre de Giuseppe Napoleone Buonaparte. Era hijo de Carlo Buonaparte y María Leticia Ramolino y hermano mayor de Napoleón, aunque estos tenían siete hermanos más: Luis, Luiciano, Paulina, Carolina, Elisa, Eugenio y Jerónimo.

Isla de Córcega

Isla de Córcega

En su infancia, con casi nueve años fue llevado a Francia junto a su hermano pequeño Napoleón, un año menor que él, para aprender la lengua francesa en el colegio de los jesuitas en Autun. Todo ello gracias a la intercesión del gobernador de Córcega, amigo de su padre y que era el  sobrino del obispo de dicha localidad. Sobre el 15 de diciembre de 1778, Napoleón y José desembarcan en Marsella junto a su padre llegando al colegio el día 1 de enero de 1779. Aunque su hermano Napoleón sólo permanecerá unos cuatro meses, hasta el 15 de mayo, por haber obtenido una plaza en la escuela militar de Briennes,  José permanecerá hasta 1783, siendo considerado un alumno excepcionalmente  brillante y aplicado por sus profesores.

Tras la muerte de su padre el 24 de enero de 1785, José ha de regresar a Córcega para hacerse cargo de la familia, con tan solo 17 años, truncando así sus esperanzas y aspiraciones. Tras la vuelta de su hermano Napoleón a la casa familiar en 1786,  José marcha a Pisa para estudiar leyes, obteniendo el título de doctor en derecho en sólo un año. En 1789 vuelve a  Ajaccio (Córcega). Allí empezó a labrarse su futuro como político y diplomático, lo que le permitiría con el tiempo y las diferentes circunstancias convertirse en: diputado por Córcega en el Consejo de los Quinientos (1797-1799) y posteriormente secretario del mismo, formó parte del Cuerpo Legislativo, desempeño el cargo ministro plenipotenciario y miembro del Consejo de Estado (1800-1804), fue Príncipe y Gran Elector del Primer imperio Francés bajo mandato del Emperador Napoleón Bonaparte (1804-1806), nombrado Rey de Nápoles por su hermano entre el 30 de marzo de 1806 y el 5 de junio de 1808 y por último Rey de la España Napoleónica y de las Indias entre el 6 de junio de 1808 y el 11 de diciembre de 1813, siendo también, teniente general del Imperio francés (1814) del que llegó a ser condecorado por su propio hermano con la más alta distinción; la Gran Águila de la Legión de Honor.

Biografía desde Córcega a rey de Nápoles:

Pero antes de todo esto José Bonaparte y su hermano menor formaron parte activa en el estallido de la revolución y pasaron a defender la postura revolucionaria en la isla de Córcega, en principio apoyando a los paolistas, seguidores del líder independentista Pasquale Paoli, pero, como dentro de su ideario no estaba la independencia de la isla pronto se vieron enfrentados a los mismos. En 1793 José es elegido como representante de de la Asamblea Nacional en Córcega, pero el triunfo de los paolistas obliga a la familia a salir de la isla.

La familia se traslada a Marsella donde su situación económica es muy precaria. Será donde José conoce a Marie-Julie Clary, la que será su esposa; hermana de Desiree Clary, primera novia oficial de su hermano Napoleón. Ambas hijas de un rico comerciante Marsellés. En Marsella José fue nombrado comisario de Guerra y desde ese cargó ayudará, como encargado del reclutamiento, a su hermano Napoleón en la campaña de Italia.

Pero José no había olvidado su Isla natal y la manera en la que la familia había tenido que salir de allí. Apoyado en las victorias militares de su hermano José Bonaparte, fue ascendiendo en su carrera política. En 1796 surge la oportunidad de volver a Córcega ocupada por los británicos. José vuelve a la isla esta vez de incógnito. Llega a la ciudad de Bastia para preparar el asalto militar, pero al darse cuenta de que los británicos han abandonado la ciudad, facilita la entrada militar de su hermano Napoleón que aplasta a los paolistas. Esto permite que Córcega vuelva a formar parte de la República Francesa y permite regresar a la familia Bonaparte con un gran poder e influencia, tanto en la isla como en la República francesa. Tras ser elegido como diputado por la isla, José Bonaparte comienza a posicionarse en la primera fila política y a labrar su futuro.

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte

En 1797 es nombrado embajador de Francia en Roma, pero sigue con sus hermanos a Napoleón en su marcha a la exótica campaña de Egipto. Cuando José alerta a su hermano del descontento del pueblo francés y de las derrotas militares en el continente, Napoleón vuelve como un salvador  y toma el poder durante el golpe del 18 brumario (nuevo calendario instaurado por la República) ayudado de nuevo por sus hermanos y por militares afines.

Con su hermano Napoleón como Primer Consul, José Bonaparte desempeña importantes labores diplomáticas, en Estados Unidos con el Tratado de Montefontaine en el año 1800, en Europa el Tratado de Luneville con Austria en el año 1801, el Concordato con la Santa Sede con el que Pío VII pudo regresar a Roma tras su cautiverio en Francia, y el más importante de ellos el Tratado de Amiens con el Reino Unido, en el año 1802.
Napoleón gracias a su enorme fama se asignó el logro de todos estos tratados que fueron el motivo por el fuera elegido cónsul vitalicio; pero en los círculos más íntimos de Napoleón todos sabían que el autentico mérito era de José. Con la llegada del “Imperio Napoleónico” y en reconocimiento a su labor, su hermano lo proclamó Príncipe del Imperio y Gran elector ofreciéndole  el trono de Lombardía a cambio de que éste renunciase a sus derechos dinásticos, que como hermano mayor le correspondían mientras Napoleón no tuviese descendencia, pero José se negó a hacer esta concesión. Durante la campaña de Napoleón de 1805, José asume de facto las labores de dirección del país en ausencia de su hermano.

A pesar de su oposición a renunciar a sus derechos dinásticos,  obtuvo de todos modos su trono al ocupar Francia el reino de Nápoles. El 30 de marzo de 1806 José Bonaparte fue nombrado rey de Nápoles arrebatándole así al  rey Borbón, Fernando IV hermano de Carlos III de España cuya esposa María Carolina odiaba a Francia por haber ajusticiado a su hermana María Antonieta. Esto les había llevado a una alianza con los británicos. Ante esta actitud, Napoleón en su afán colonialista había enviado al mariscal Massena a invadir el Reino de Nápoles. Con José el trono de Nápoles, los franceses dedicaron a terminar con las últimas tropas borbónicas y británicas, aunque no llegaron a tomar Sicilia.

José que hablaba perfectamente el Italiano, intentó con su buen hacer diplomático ganarse al pueblo napolitano, así que estratégicamente fue nombrando en los puestos honoríficos del gobierno a personas de renombre autóctonas, al mismo tiempo que en los puestos de autentica relevancia eran concedidos principalmente a los franceses, intentando crear un modelo post revolucionario semejante al del imperio francés, eliminando el modelo feudal al mismo tiempo que indemnizaba a los nobles y aristócratas.

También emprendió una serie de reformas sociales con la venta de  numerosas propiedades pertenecientes a órdenes religiosas con las que saneó las arcas del estado, impulsó el sistema educativo y fomentó las artes y la cultura. Tiempo después y propiciada por los reyes Borbones en Sicilia, estalló una revuelta en Calabria que en contra de la opinión de José fue duramente reprimida por el ejército francés.

En 1807 se entrevista con su hermano Napoleón en Venecia donde éste, le informa de sus intenciones sobre España y Portugal, aunque parece que José le insta a que intente una vía diplomática. Durante su estancia en el Reino de Nápoles.

Rosseau, inspiración de José Bonaparte

Rosseau, inspiración de José Bonaparte

Por Jordi Carreño

 Enlaces:

Revista Historia National Geographic. Páginas 15 a la 20.

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/personajes/6581.htm

http://www.napoleonbonaparte.es