Pensamiento Crítico II. El art. 155 desde la equidistancia. Apoderarse de facto de la democracia y libertad en nombre de las mismas.

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“Cuando asumimos la ilegalidad como la primera opción ante las responsabilidades cotidianas – individuales o colectivas – socavamos las bases de la democracia.” – Javier Tadeo Domínguez Brito, es abogado y político dominicano -.

Con el mismo amor hacia un lado que hacia el otro, aunque ahora orzado hacia una posición más unionista, por el mero hecho de la legalidad, y por aquello que ya he argumentado hasta la saciedad de que, las libertades se defienden con la democracia; y ésta, con las Constituciones, y todas ellas, con las urnas bajo un orden común y legal establecido por la propia ley y votado por la mayoría. Si no, no hay ni democracia ni libertad y podemos hablar de sistemas de libre albedrío.

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Imagen de Google Image- Elecciones, votando

Si no gustan el modelo, ley, sistema o el Estado – se proponen los cambios precisos y se votan legalmente aceptando las decisiones de las mayorías – Eso es democracia. Lo demás, como ya he dicho y escrito son eufemismos y adaptaciones a intereses de minorías -. No se puede hablar de democracia y de derecho cuando te los has saltado a la torera, con alevosía y casi nocturnidad; no se puede hablar de democracia cuando una minoría se impone a una mayoría, no se puede hablar de democracia y legitimidadcuandouna consulta, referéndum o plebiscito no es sufragista y está lleno de irregularidades. No se puede hablar de democracia y libertad de un pueblo excluyendo a la mayoría de él.

Se habla en nombre del pueblo catalán, de la mayoría del pueblo cuando se ha excluido a la mitad, o casi a la mayoría con una argucia parlamentaria autonómica y excluyente.

No se puede hablar de derechos y libertades cuando no se respetan las ajenas. No se puede hablar de libertad cuando una mayoría parlamentaria no es representativa de la mayoría de la población a causa de un sistema defectuoso de porcentajes y, que actúa de facto anulando a la oposición por imperativo legal.

No se puede hablar de la libertad y de opresión cuando se ha tenido la oportunidad de hacer todo eso amparado bajo en un sistema de libertades que se lo ha permitido e incumpliendo las leyes generales de un Estado. No se puede hablar de presos políticos porque no están encarcelados por sus ideales, sino por incumplir la ley – como lo estarán o deberían estar otros muchos más-. Saltarse la ley en cualquier ámbito tiene consecuencias por muy honorable que parezca o pretenda ser el fin. Las leyes están para impartir justicia y si la ley es injusta, se cambia o se intenta cambiar legalmente.

El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto. (Séneca)

El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto. (Séneca)

Y no, Sr. Pep Guardiola , no se puede decir que la voluntad de un pueblo está por encima de cualquier ley, incluso si es la Constitución, porque entonces ya no es válido ningún sistema de libertades y porque además es una falacia que sea voluntad de todo un pueblo. Ésa es la metarrealidad independentista, y por qué bajo ése palio, lo único que se esconde es el sentimiento y la voluntad de imponer una minoría, y eso, es en cualquier lado del planeta es considerado una imposición, y por tanto, una dictadura le pese a quién le pese. Esté o está o no avalada por denominados progresistas, izquierdistas, republicanos – los únicos – o antisistema que se han apropiado de los conceptos de democracia, libertad, opresión y fascismo haciendo precisamente eso que denuncian a pulmón abierto. Se han atribuido el nombre y derecho de toda la izquierda, la moderada, la liberal, la socialdemócrata y por supuesto, la de los conservadores sea cual sea su opción. ¡Bendita democracia! Se han saltado todas las reglas de juego de las libertades y de la propia democracia permitiéndose el lujo de señalar a todos aquellos que no están alineados con sus intereses. Eso ni es democracia, ni es libertad ni es la verdad tampoco,

Se han inventado un Estado opresor estratégicamente cuando en sus escuelas, universidades, medios de comunicación y sociedad civil tienen todas las garantías de propiedad y pertenencia de su lengua, cultura y tradiciones; la libertad de expresarse, de salir a la calle, de manifestarse y de generar políticas propias. Tienen sus propias herramientas de autofinanciación y ayudas del Estado y comunitarias; sus propios cuerpos de seguridad que, además, se saltan las leyes… ¿Qué es un estado opresor entonces? ¿O no están oprimidos los catalanes que no están de acuerdo con su razonamiento y proceder y son excluidos de su demandada República?

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El pueblo catalán como todos los pueblos tiene derecho a decidir su futuro tanto como lo tiene el pueblo español a decidir el suyo, y por ahora, que yo sepa, ambos forman parte de la misma unidad de Estado, están unidos por el mismo marco jurídico-legal, económico, geográfico y civil que así se reconoce, nacional e internacionalmente.

Y para cambiar eso hay que empezar por cambiar; uno, el modelo de Estado y sus leyes, empezando desde la mayor; dos, el sistema que lo garantiza o que garantizará, sea este o futuros modelos y tres, el modelo será el que decida la mayoría según se haya propuesto, votado y legislado. Así se hace, se vive y se mantienen las libertades y las democracias, con respeto a la legalidad y a las mayorías. Y eso no significa que las minorías deban estar desprotegidas como se alude argumentando la insubordinación del orden y marco legal, todo lo contrario.

Demasiados eufemismos, mentiras y manipulaciones para conseguir un derecho que, amparado bajo un sentimiento de nacionalidad está cercenando la paz, las libertades y la democracia de una Cataluña dividida de 7.5 millones de habitantes, de los cuales por ahora sólo 2.2 millones aproximadamente son independentistas (dando por bueno un referéndum sin garantías); es decir, un tercio de su población… ¿Mayoría? Probablemente la realidad de Cataluña sea la de los tercios de independientes, equidistantes entre la suma de autonomistas hasta federalistas y, por supuesto la de los unionistas supranacionalistas. Y a lo que se refiere al Estado, sólo un 2% de su población decidiendo sobre el futuro del 98% restante. Ahí lo dejo y que cada cual saque sus conclusiones, pero desde luego una cosa es cierta, Puigdemont y adláteres no pueden hablar de legitimaciones hasta que no estén en legalidad, propia, nacional e internacional.

Constitución Española 1978

Constitución Española 1978

El art. 155 tan afamado era una consecuencia lógica ante una situación errática de ilegalidad. – Una de las herramientas de defensa de la actual Constitución de 1978,  que no por mala ha de ser obviada y que permite modificación – Se tiene que aprobar en la Cámara Alta, el Senado, es decir, con lo que el Govern de la Generalitat tiene la coyuntura para poder echar marcha atrás y con ello dar la oportunidad de volver a votar con total garantía la vuelta hacia el modelo autonómico y a partir de ahí, trabajar en la línea que sea y sea la representativa del mapa social de Cataluña. Que como dice el saber popular… “En mal reino, leyes muchas, y no se cumpla ninguna.”

@JordiCris

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