Mi opinión sin acritud. “WINSTON CHURCHILL EL PRAGMATISMO O LA COBARDÍA DEL GRAN ESTADISTA…”

Que nunca es fácil tomar decisiones para un líder político en tiempos convulsos es obvio, máxime si estos son tiempos bélicos, por tanto, mi opinión está basada en la comodidad de mi sillón mientras escribo una visión de la actuación y repercusiones que pudieron tener en el pasado las decisiones tomadas por este hombre conceptuado como un gran estadista.

Fue el raciocinio mesurado y reflexivo de este conservador liberal el que con su determinación hizo variar el curso de nuestra historia, o realmente, el bando sublevado tuvo siempre la oportunidad de vencer viendo los devenires de la  Europa de entonces, donde los fascismos estaban germinando con fuerza.

Tal y como Churchill sentenció el día 10 de agosto de 1936: «Si fuera una cuestión de la Vieja España contra la Nueva, entre la fe, las tradiciones y cultura del pasado y los deseos y esperanzas de futuro, estaría en contra de los llamados rebeldes. Pero no es ésa la cuestión. Los que están luchando son dos Nuevas Españas: dos sistemas modernos antagonistas en abrazo mortal. El Fascismo confronta al Comunismo. El espíritu y osadía de Mussolini y Hitler contra Trotsky y Bela Kun. Ninguna de las dos facciones representa nuestro concepto de civilización. Esta guerra no es cosa nuestra».

Para mí, el mandatario inglés se lavó las manos al mejor estilo Poncio Pilatos ante dos posibilidades “Guatemala” y “Guatepeor”, haciendo que su conservadurismo y miedo al creciente sentir socializado y comunista prevaleciera sobre el concepto de libertad y democracia que la II República intentaba instaurar para modernizar a España (sin entrar en sus yerros y fracasos faccionarios y partidistas), y ante la posibilidad de un cada vez mayor sentimiento fascista que podía poner en riesgo, como así fue, la hegemonía anglosajona de la época, basada en su colonialismo mantenido y, su incipiente protección y desarrollo económico fundamentado en la alianza con la posicionada como primera potencia mundial, los Estados Unidos de América, a los que ya no sólo le unían lazos históricos.

Mantuvo una posición cómoda, distante y de a verlas venir, mientras España perdía la oportunidad de recibir ayuda internacional y asesoramiento de las democracias más desarrolladas y que le hubieran permitido no únicamente la posible victoria del pueblo y el gobierno legítimo, sino también, un veloz avance socioeconómico que nos hubiera dejado en una muy buena posición mundial.

Churchill no se llegó a plantear que su ayuda y la de las otras democracias podían condicionar ese desarrollo y posicionar el sistema democrático en Europa de un modo que las influencias de Rusia hubieran quedado mermadas ante la iniciativa de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Además de preveer tal y como los acontecimientos marcaron una importantísima ayuda estratégica de cara a un futuro (por desgracia confirmado) conflicto internacional como fue la II Guerra Mundial, donde después, los conceptos ideológicos variaron según los propios acontecimientos y sucesos.

Por eso tengo mis dudas si fue el pragmatismo de este político o su cobardía a las hordas rojas, con las que más adelante no tuvo reparos en aliarse para derrotar al fascismo, lo que decidió nuestro futuro.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

POLITIZAR LA MEMORIA…

marzo 13, 2011

Reivindicación de la exhumación de los cuerpos republicanos del Valle de los Caidos en la persona de Valerico Canales. (Foto de archivo propiedad de La Memoria Viv@)

La memoria es según la R.A.E: 1. f. Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.2. f. En la filosofía escolástica, una de las potencias del alma.3. f. Recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado.4. f. Exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto.5. f. Estudio, o disertación escrita, sobre alguna materia. 6. f. Monumento para recuerdo o gloria de algo. 8. f. Obra pía o aniversario que instituye o funda alguien y en que se conserva su memoria. 9. f. pl. Libro o relación escrita en que el autor narra su propia vida o acontecimientos de ella. 11. f. pl. Relación de algunos acaecimientos particulares, que se escriben para ilustrar la historia. 12. f. pl. Libro, cuaderno o papel en que se apunta algo para tenerlo presente.

Sin embargo la memoria en este país y  para mí sobre todo está intrínsecamente ligada al olvido, a la desmemoria forzada, a la ocultación cómplice, al miedo, al borrón y cuenta nueva y sobre todo  a la vergüenza e hipocresía política.

La memoria como parte ineludible de nuestra historia  es algo que deberíamos investigar, preservar y difundir como el modo de cerrar las heridas pretéritas y todavía abiertas. La memoria es una labor que no se puede dejar únicamente en manos de los vencidos y de  sus familiares, sobre todo como un medio para dilatar el paso del tiempo que lo borra todo. La memoria no es una herramienta de venganza contra hechos y actuaciones acontecidos en el pasado reciente, es únicamente el ejercicio de dignificación y civismo de una sociedad libre y avanzada que basa sus propios cimientos en el derecho y la justicia. La memoria es una obligación que debería haber asumido ya hace tiempo el propio Estado, es decir,  desde la instauración monárquica en la Transición y la posterior democracia. La memoria no es sólo una parte de nuestra propia historia, es la historia de todas las partes. La memoria no es arma política, un medio de conseguir y arrastrar votos en épocas electorales para que una vez pasado el período electoral se vuelvan a enterrar de nuevo las vergüenzas y el oprobio de una España desmemoriada y ladina. La memoria es buscar el futuro aprendiendo del pasado, es la mano de la reconciliación basada en el conocimiento, la razón y la justicia para llegar al perdón que nunca al olvido.

Por eso y en tiempos tan convulsos políticamente y próximos a las elecciones me hacen gracia todos aquellos partidos políticos, sindicatos y organizaciones que pretenden abanderar el memorialismo histórico, cuando lo han obviado hasta la fecha entre sus objetivos y quehaceres representativos del pueblo. Sólo se acuerdan de nuestros familiares y de nosotros cuando valemos un voto.

Las víctimas de la represión franquista en todas sus formas y modalidades, sus familiares y amigos y,  todos aquellos que luchamos a diario por recuperar, dignificar y hacer justicia para  los vencidos y represaliados, nos sentimos agraviados y agredidos cuando a costa de nuestros seres queridos y olvidados, de nuestros esfuerzos y luchas, se llenan sus falaces bocas todos aquellos que con más o menos buenas intenciones nos llevan prometiendo el maná de la memoria, sus ayudas y compromisos en la “Recupereración de la Memoria Histórica de la Guerra Civil y la Represión franquista de la posguerra”, para posteriormente volvernos a abandonar en el desierto de las búsquedas estériles, de los cuerpos ocultos bajo tierra, de los desaparecidos y secuestrados, de los exiliados y encarcelados, de todos los perseguidos y vilipendiados, del tratamiento en los silenciados y maltratados archivos documentales y del más absoluto desamparo premeditado jurídico y gubernamental. Eso es la memoria en la España del siglo XXI que quiere abanderar los derechos internacionales de otras causas contra crímenes de lesa humanidad.

Bastante complicado es trabajar sin medios, ayudas, contra un sistema estatal y jurídico impuesto para el silencio y el olvido, e incluso contra nuestras propias luchas internas y disensiones memorialistas para que encima nos vengan a politizar la memoria sin más interés que el propio dogmático del partidismo que representan. Déjennos en paz trabajar por y para los nuestros,  si es que no han de hacer algo útil, y al menos,  no volverán  a ensuciar y mancillar a nuestros muertos, desaparecidos y represaliados con banderas y consignas que nunca aportaron nada y que hasta la fecha sólo han sido el símbolo de la mentira y el olvido. Politizar la memoria es politizar a las víctimas y eso no se puede ni debe permitir.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

 

 

 

CAUSA GENERAL. ¿CAUSA COMÚN? CONDENADOS AL OLVIDO. ¿CONDENADOS A REPERTIR?

La libertad y la democracia se construyen con el trabajo de cada día. No son estados permanentes de status social y colectivo garantizados por un sistema político determinado o por la estructura del Estado, más bien éstos son herramientas que deberían ayudar a mantener  dichos logros.

Un modelo de sociedad madura avanzada y fundamentada en los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad de sus componentes, debería ayudar a ése trabajo de mantenimiento de la libertad y la democracia y, que ésta, se efectuara a través de la propia conciencia cívica. Esto que puede parecer el ideal del pensamiento utópico para algunos, es sin embargo para mí una obviedad, en la que además, yo creo firmemente. Creo en él y  lo defiendo basándome en la razón y el trabajo fomentados en las mejoras personales e individuales que conducirán en el futuro a las colectivas, es decir, crear mejores personas cimentadas en los principios del conocimiento, la educación, la solidaridad y la razón del pensamiento libre.

Para ello no hay mejor modo que conocer quiénes somos para saber hacia dónde nos dirigimos. Y ése, es o debería ser el “leit motive” de la recuperación de la memoria histórica de una sociedad dispuesta a afrontar su futuro. La historia nos enseña a mirar hacia adelante; pero actualmente lo hace como una guía estéril de nuestras propias actuaciones, ya que el tiempo recorrido hasta la fecha sólo nos demuestra que no somos capaces de mejorar y aprender de nuestras propias actuaciones pretéritas.

Independientemente de voluntades, de ideologías o dogmas está por encima de todo el bien común, el bienestar de todos y ello supone capacidad de análisis, de reflexión y sobre todo de generosidad y entrega obviando individualismos.

Pues parece ser que dentro del mundo memorialista para no ser excepción y como en el resto de ámbitos humanos, a veces nos olvidamos de que hay una gran CAUSA COMÚN, que no sólo afecta a las víctimas del franquismo o a los familiares de las mismas sino que también concierne a la propia historia del país, y por tanto, al interés general de todos los españoles, mal que les pese a algunos.

Eso conlleva o debería conllevar actuaciones generales por parte del propio Estado y de las personas que lo conformamos para que de un modo u otro prevaleciera un método consensuado de trabajar que facilitase que nuestro pasado no hipotecase nuestro futuro, y para ello, es necesaria la memoria colectiva, la justicia y el derecho que permitan cerrar las heridas sangrantes de nuestra propia historia.

Ciñéndome al panorama del memorialismo y sin que mi opinión sea una crítica destructiva, sino todo lo contrario, una invitación a la reflexión, debate y autocrítica que nos permitan mejorar nuestro modo de operar a nivel general sin más endogamias que las propias de aquellos que no creen en el  objetivo de la CAUSA GENERAL como medio de completar la historia, preservarla y enseñarla aplicando los principios generales del derecho y  justicia.

Al memorialismo de hoy en día le pueden más los propios egos que los bienes comunes, y digo esto, porque parece imposible que con tantas personas afectadas, tantas asociaciones, agrupaciones presentes en todo el territorio nacional e incluso allende de nuestras fronteras seamos incapaces de generar un efecto de causa común y, que  se pierdan todos los grandes esfuerzos en pequeñas actuaciones voluntariosas e inútiles, mientras prevalecen las disensiones partidistas, parcelistas o intereses inducidos por directrices nada claras y que sólo demuestran una vez más que la debilidad republicana en su día (la de diseminar esfuerzos más que la de aunarlos) prevalece setenta y cinco años después. No se trata de estar siempre de acuerdo, de adhesiones gratuitas, de consignas unilaterales, todo lo contrario, sólo de debate y acuerdo en las metas por las que trabajar. Hablando se entiende la gente.

Tengo la impresión que estamos no sólo condenados al olvido, sino que también lo estamos a ser condenados a repetir una vez más los yerros del pasado, perdiéndonos detrás de directrices dogmáticas, banderas miles, grandilocuentes lemas y símbolos varios a la vez que obviamos desmemoriadamente los rostros, nombres y apellidos de los que son los verdaderos actores principales de esta historia, la nuestra, la de todos. La verdad, la justicia y la reparación empiezan por la capacidad de trabajar juntos sumando y aportando todas las pequeñas acciones, olvidándonos de las grandes intenciones individuales y creando sistemas que permitan la colaboración y la participación de todos. ¿El modo?  Seguramente habrán muchos, pero el primero es olvidar lo único olvidable, los individualismos y personalismos que acentúan más las diferencias que aproximan las similitudes. Lo segundo es hablar, debatir y consensuar.

No olvidemos que las personas pasamos y que sólo queda nuestra obra, y bajo mi punto de vista, esta es la obra más importante, la de todos trabajando para la historia, para la memoria colectiva. Si nos olvidamos de lo fundamental no recordaremos nunca el objetivo.

¡Salud y memoria!

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

Artículo escrito para la A. I. La Memoria Viv@