CUANDO ÉRAMOS INOCENTES…


Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Yo creo sinceramente que cualquier tiempo pasado sólo es pretérito, pero indudablemente ésa, es sólo mi apreciación y opinión racional al respecto del popular dicho. Y seguramente después de una obviedad como ésta, más de uno se preguntará… ¿A qué viene esta perogrullada? Muy fácil, me explico.

Todo esto viene a colación en que hubo un tiempo en que todo era de color blanco y negro, no…; mejor dicho, todo era negro y a veces blanco. Pero en aquél entonces, la mayoría de nosotros corríamos inconscientemente felices por las calles jugando al balón, montando en bicicleta, saltando a la comba, jugando al escondite u otras actividades populares hasta que caía el sol y, nuestras madres se asomaban a las ventanas para gritarnos que subiéramos a cenar. Eso el que no andaba ya en sus primeros cortejos. Dentro de la feliz ignorancia infantil o juvenil andábamos más preocupados en nuestros pequeños mundos, pensando en que las cosas de los mayores eran un tostón, y que por tanto,  no valía la pena dejar nuestros pequeños momentos de libertad por nada, es decir, éramos inocentes y felices.

Mientras y a espaldas de nuestra inconsciencia e ingenua incultura infantil o juvenil, el mundo rodaba rápido entre la falta de libertad, derechos, represión  subterránea y miedos escondidos en los hogares; todo ello tapado por un despegue brutal socio-económico, desarrollismo urbano plasmado en grandes urbes y edificios, polígonos industriales, guateques más o menos subversivos (dependiendo de los ambientes), melenas, mini faldas, pantalones acampanados, los toros, el fútbol y el seiscientos como icono de una sociedad moderna y de bienestar. El estado del Estado (y valga la redundancia sonora) nos preocupaba más bien poco, lo importante era… ¿Pepe has visto la nueva lavadora? ¿Dónde vamos a hacer la paella el próximo domingo? ¿A qué hora juega el Madrid o el Barça?  Y nosotros poca voz y voto teníamos.

Y así pasamos de la infancia, adolescencia y primera juventud a una época donde el color negro y blanco dejó paso a los tonos policromos; y los grises pasaron a ser marrones. Y en este cambio de colores de la paleta socio-política empezamos a participar nosotros en la vida social y política del país. Los primeros aires de libertad parecían frescos y saludables, la gente se contagiaba en la calle de esperanzas y sueños, y las consignas corrían entre cafés y cañas en pos de un nuevo mundo moderno y libre. El estado del Estado si parecía preocupar a los españolitos de a pie; a unos por añoranza y miedo, y a los otros por ingenua esperanza. Y entre susto golpista y piña monárquica avanzamos hacia el despegue definitivo hacia la modernidad.

Y pasó el tiempo, y los cantos de libertad se apagaron con los sonidos de la apatía. Entonces llegó el desencanto de una población que veía como la vida cambiaba más deprisa que sus mentes con el nuevo desarrollo tecnológico, el mismo que eliminaba mano de obra y obligaba a millones de personas a engrosar las filas de parados, a efectuar reconversiones en sectores primordiales como la agricultura, la metalurgia, la minería, etc., y que tuvieron que aprender a vivir entre la lucha por la subsistencia y la esperanza en tiempos mejores, eso sí, cobrando subsidios, que para eso ya éramos europeos y miembros de derecho de la OTAN.  La política tornó en algo sucio a causa de la poca calidad de la mayoría los representantes populares, las corruptelas y prevaricaciones que nos situaron de nuevo en el caciquismo disfrazado de traje y corbata de poco estilo y, la gente  empezó a refugiarse en la apertura televisiva con los reality shows de estilo americano en plan “tipical spanish”. Y entonces, el estado del  Estado pasó a ser, no sólo un desinterés mayoritario, sino también una lucha utópica para los soñadores.

Y entre dimes y diretes estamos aquí la generación de cincuentones viendo como hemos pasado de la pelota en la calle al facebook, del canto reivindicativo al canto de un duro pagando eternas hipotecas, viendo a nuestro futuros sucesores inmersos en una vida alejada del humanismo y el contacto; y de repente salta la noticia y…, con Wilileaks parece que queda claro que el estado de los Estados si importa, pero que nosotros los humildes ciudadanos de a pie no podemos hacer nada, pero es mentira. Seguimos siendo inocentes en nuestras precepciones, porque la verdad es que el mundo ha cambiado más rápido que nosotros y que el ruido que hubiéramos hecho antaño con pancartas en la calle, suena más alto y fuerte que nunca, pero esta vez a través de una red virtual, del mundo de matrix. Basta con ver las visitas de ésa página, los bloggers, redes sociales y demás herramientas virtuales para darse cuenta de que las cosas han cambiado, que el mundo ha cambiado, mientras que nosotros seguimos anclados en los sueños y recuerdos de tiempos pretéritos en nuestras mentes, creyéndonos modernos en nuestras cómodas casas hipotecadas y manejando ordenadores portátiles y teléfonos estratosféricos a la vista del tiempo pasado. La modernidad no es un estado de ánimo, ni una moda, es la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos independientemente de la edad.

Por cierto,actualmente el estado del Estado es…, de militares en las torres de control de los aeropuertos  por el descontrol de los controladores, el partido del siglo que dan cada mes ya ha pasado, se acercan elecciones generales y el bipartidismo está encabezado por la incompetencia, y una tal Belén Esteban que mata por sus hijos pinta para la presidencia, y si no, al tiempo, ya  verán como cuando se desclasifique lo que se cuece en las cloacas, como saldrá publicado en Wilieaks. ¡Y es que cuando éramos inocentes! lo éramos de verdad, ahora creo que es otro nombre el que nos corresponde.

Jordi Carreño Crispín

 

El Zigurat de Ur-Nammu…

Palabras y acepciones clave: Mesopotamia, Zigurat, Zikurratu, Templo montaña, Ur, Ur-Nammu, edificios religiosos, Templo, Arte sumerio, Arquitectura sumeria o mesopotámica, construcción, planta cuadrada o rectangular, terrazas, montaña artificial, escalonada, Etemennigur.

El Zigurat es uno de los elementos más típicos de las construcciones mesopotámicas, concretamente sumerias, aunque posteriormente fuesen adoptadas por el resto de la arquitectura de la Antigua Mesopotamia, podemos decir que son la consecuencia de las características de la arquitectura religiosa neosumeria (2150 a 2015 a. C). Este antiguo modelo de edificio-templo (Templo montaña), se construyó en Uruk hacia finales del cuarto milenio, pero fue el rey de Ur, Ur-Nammu, que gobernó hacia finales del III milenio y fue el que evolucionó éste  tipo de construcción religiosa hacia un nuevo concepto. El zigurat basado en una gran plataforma central o terraza de planta cuadrada o rectangular, coronada por otras más pequeñas elevándose hacia el  cielo a modo de montaña escalonada. El Zigurat de Ur-Nammu fue alzado en honor de la diosa Luna o Nannar (Innana, Nanna, Sin),  y dándole el nombre de Etemennigur,  que significa, casa cuya alta terraza inspira terror, con unas dimensiones de entre 36 metros de alto por 62 de ancho y 46 de largo. (Las medidas de construcción exactas varían según datos y autores).

En la construcción mesopotámica, el uso del adobe y el ladrillo hechos con arcilla secada al sol (debido a la falta de madera y piedra); será el material utilizado básicamente en esta sociedad dadas las características geográficas de territorio que marcan un fuerte condicionante económico y social. Los gruesos muros para dotar  de consistencia y aislar del frío y calor extremos de la zona; o la construcción sobre terrazas o plataformas para aislar los edificios de la humedad provocada por las crecidas de los ríos Tigris y Éufrates; el revestimiento externo de mosaico para proteger el edificio de la lluvia y el viento y, a la vez, dotarlo de magnificencia; uso de la bóveda, en lugar del arquitrabe, consecuencia de los materiales utilizados y del interés en construir espacios interiores de gran amplitud. Se trata, pues, de una arquitectura adaptada al medio, adecuada a la climatología, monumental y, a la vez, práctica.

En el caso de Ur-Nammu, se construyó con una base de planta rectangular y de tres pisos de altura, a los que se accedía por tres escalinatas. Hoy puede verse su primera terraza totalmente restaurada. El zigurat fue erigido en sentido diagonal a los puntos cardinales, aunque como en el caso de los templos, la planta rectangular de la base (aquí 56 x 52 metros) hizo que esta orientación sólo fuese aproximada. Se cubrió el suelo de la primera terraza con una capa de ladrillos cocidos, de 2,5 metros de espesor. Su perfecta y excelente elaboración  ha permitido que hasta el día hoy permanezcan en un estado de conservación soberbio, y es gracias a los mismos, a los que debemos la supervivencia de la forma original del zigurat de Ur. Es el  más antiguo de todos y, aunque fue iniciado antes que los de Eridú y Nippur, fue terminado posteriormente a los mismos. Esta construcción maciza consta de terrazas, nichos y paredes inclinadas o en talud  maravillosamente conservados. Estas últimas se elevan hasta una altura de 15 metros sobre el patio en el cual se alza el zigurat. Les seguían una segunda y una tercera terrazas con las que lograba  alcanzar una altura total de 21,33 metros, es decir un total de 36.33 metros. Apoyadas contra la pared noroeste, dos escaleras simétricamente opuestas descienden majestuosamente hasta el patio del templo. La escalera principal, en el eje central del zigurat, sobresalía de la estructura y se unía con las dos escaleras laterales al nivel de la primera plataforma, donde era coronada por una poterna. A partir de aquí la escalera central se hacía más estrecha y conducía a la plataforma superior. Un enorme pilar incrustado en el cuerpo del zigurat soportaba el tramo de escaleras. La amplia escalera central comenzaba muy lejos del cuerpo del zigurat y continuaba hasta la plataforma superior. La idea de una escalera entre el cielo y la tierra quedaba así plasmada creando una excelente perspectiva para las procesiones sacerdotales.

Fue construido como medio de servir a los intereses de la organización del Estado, de su ideología y de su marcado carácter religioso. Este zigurat se encuentra muy cerca de la antigua ciudad de Ur, a la cual protegía con su alargada sombra y con la divina ayuda de la diosa Nannar a la cual se dedicó el Templo, convirtiendo así a Ur en la capital del Imperio Sumerio. Aunque no está claro todavía cuál era la función específica de este tipo de construcción y las teorías son muy variadas, desde aquellas que lo atribuyen a la necesidad de proteger a las deidades de las inundaciones, sólo como centro de ofrendas e incluso como observatorio astronómico, lo que sí está claro que indudablemente tenía connotaciones de tipo religioso,  y que con toda probabilidad, al menos esta es la teoría mayoritariamente aceptada, con esta construcción se intentara manifestar el concepto de montaña sagrada donde se produce el encuentro entre el hombre y sus dioses, entre la esfera terrenal y celestial. La traducción del nombre así lo indicaría también.

A partir de la segunda Dinastía se comenzó un trabajo sistemático de desarrollo con la canalización y las construcciones arquitectónicas más importantes, lo que desembocó en una organización social jerarquizada, lo que hizo que esta jerarquización quedara reflejada en el tipo de construcciones como los edificios públicos, y en particular, los templos. La existencia de templos pone de relieve una centralización del poder económico y político en torno a un sacerdocio profesional (ensí), que monopoliza la actividad administrativa de toda la comunidad. Si le añadimos y vemos las diferencias que se manifiestan en los ajuares de las tumbas se deduce fácilmente que la sociedad empieza a estratificarse creándose las capas sociales desiguales en lo que a bienes se refiere. Y todo es debido al hecho de la mejora que la irrigación y la introducción del arado de tracción animal ha incrementado la producción agraria, lo que ha implicado una división del trabajo en la que un reducido grupo de individuos ya no se dedica a tareas productivas sino de gestión y  organización basada en una economía agrícola y de pesca redistributiva. Una parte del excedente generado se invertirá en la construcción de templos.

El período de la III Dinastía de Ur, que vio nacer la forma clásica del zigurat, corresponde al apogeo definitivo y máximo esplendor de Sumer, después de un largo período de servidumbre. Ninguno de sus soberanos fue más renombrado que Ur-Nammu, fundador de la III dinastía y constructor de los zigurates de Ur, Eridú, Al’Ubaid y Nippur. Ur-Nammu logró apoderarse de Lagash, eliminando al último ensí de su segunda dinastía, llamado Nam-Makhani, e incluso a algunos reyes de otros importantes enclaves. Su dominio sobre la zona le llevó a titularse “Rey de Sumer y Acad” y a proceder luego a una reforma en profundidad de las antiguas estructuras sumerias. Para ello organizó su reino a modo de monarquía, centrando en su persona todos los poderes y dotando a Ur de un magnífico palacio real y otras construcciones religiosas, entre las que destacó su zikurratu, llamado Etemennigur.

Bibliografía consultada:

Historia del Arte del Antiguo Egipto y Próximo Oriente, Martínez de la Torre Cruz, Gómez López Consuelo, Alzaga ruiz Amaya – Editorial universitaria Areces. Edición 2009

Enciclopedia  de Historia Universal Salvat. Vol. 2 La Antigüedad: Egipto y Oriente Medio. ISBN tomo II: 84 345 6231 6 Páginas de la 146 a la 198.

Breve Historia del Mundo Antiguo, López Melero Raquel – Editorial universitaria Areces. Edición 2010.

Atlas de las Grandes Culturas: Oliphant Margaret. ISBN 84 226 4566 1 Círculo de Lectores. Páginas de la 10 a la 21.

Enlaces de Internet consultados:

http://www.innova.uned.es/o/94494450

Grandes Civilizaciones: MESOPOTAMIA

http://www.youtube.com/watch?v=bV1WCdPBQXo

http://www.youtube.com/watch?v=evjKpygDE90

http://www.innova.uned.es/o/94494456

www.biografiasyvidas.com/…/u/ur_nammu.htm

www.historiaantigua.es/…/ziguratur/ziguratur.html

Por Jordi Carreño Crispín (UNED – Facultad de Geografía e Historia / Historia del Arte)