“La república y la Guerra Civil” por el comandante Robert…

La historia contada a través de sus propios personajes, es quizás la historia más veraz. La mente y la propia memoria nos traicionan a veces, o casi siempre, pero las imágenes de las retinas de aquellos que vivieron en una etapa convulsa, la voz emocionada y triste en sus testimonios no dejan de coincidir tristemente con los hechos sucedidos.

Este vídeo enviado por nuestra compañera Raquel Arto no es más que la voz de la propia historia, la voz de José Antonio Alcalde, o el comandante Robert.

José Antonio Alonso Alcalde, Alias “Comandante Robert” en la Resistencia francesa:

Nació el 14 abril 1919 en El Entrego, Asturias. Para ese hombre excepcional como para millones de otros, el advenimiento de la segunda República Española representó la gran esperanza. El golpe de estado de Franco le arrojo con algo más de 17 años en la lucha contra el fascismo que prosiguió luego en las filas de la Resistencia en Francia tras la triste epopeya de la Retirada y de los campos de concentración franceses.
José Antonio llega a mediado del año 1942 a Saint Etienne donde se integra a un grupo de sabotaje compuestos de polacos y de españoles. Detenido a primero de octubre de 1943 queda destinado con otros presos a los campos de trabajos forzados alemanes. Arriesgando su vida, se escapo con las esposas empotradas en las muñecas. Se refugio uno diez días en casa de una familia polaca, esperando ordenes de su jefe.

Aprovechando la llegada a Saint Etienne de un camarada que venia del departamento del Ariège para visitar a su esposa, la dirección envía a José Antonio a ese mismo departamento donde la tercera brigada de Guerrilleros españoles esta desplegada. Con sus 24 años nuestro protagonista continúa su trayectoria de lucha. A penas integradas a la Tercera Brigada se lleva una pequeña decepción. En efecto, la dicha Brigada, llamada BNriga, no cuenta más que 7 guerrilleros y el armamento es escaso: dos pistolas y seis bombas de mano. Unos 10 días despues se presenta un camarada que propone un atraco de mucho dinero en una ciudad llamada Lavelanet. Tras largas y pesadas discusiones, Jose Antonio se propone para efectuar el atraco, que entonces se cualificaba de golpe economico. Encabeza el grupo y con dos compañeros realiza la operación al día siguiente en la oficina recaudadora de Lavelanet. El atraco fue un éxito, cuenta nuestro comandante, pues entregué a la organización 335.000 francos, suma fabulosa en aquellos tiempos. Al día siguiente el camarada que hacia función de jefe de estado mayor marchó al pueblo cercano para lavar su ropa en casa de unos amigos y ya no volvió más a la Brigada. A los dos días de este hecho, la organización me propone el cargo del estado mayor de la brigada que al final de la contienda contaba algo mas de 300 guerrilleros, todos excelentes que sin tregua ninguna lucharon contra las fuerzas nazis hasta la liberación del país.

Jefe de estado mayor de la Tercera Brigada de Guerrilleros Españoles, alias “Commandant Robert” en la Resistencia francesa, sigue siendo una figura emblemática en todo el departamento del Ariège y particularmente en la ciudad de Foix liberada por su Tercera Brigada. Los guerrilleros encabezados por Robert libraron el combate contra los alemanes parapetados en la Ciudad Condal. La guarnición alemana se rindió tras de cuatro horas de duros combates. Con sus compañeros de lucha participo también en los combates de Rimont-Prayols y Castelnau-Durban, concretizando así la completa liberación del departamento del Ariège. Mas tarde, cumplió con su deber encabezando una Brigada en la funesta operación de la Reconquista del Valle de Aran.

El abandono por parte de las democracias -no intervención en 1936-40 y luego la negativa de liberar España del franquismo en el año 1944, dejó para siempre a nuestro héroe un sabor amargo. Tal Don Quijoteconservó la humildad:”otorgarle mas importancia a un ser humilde virtuoso que a un rico orgulloso” y la humanidad de aquellos grandes héroes quienes hablan mas de sus hombres que de si mismo.

Robert recuerda lo que dijo espontáneamente a unos periodistas hace ya muchos años: “uno, puede ser un buen jefe en el combate y guardar el corazón tierno. Siempre mire por los otros, lo que me ha permitido estrechar lazos de amistades con mucha, mucha gente. Desde entonces también he hecho mías estas palabras de Gabriel Garcia: he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. No obstante, también compañeros, conservo para siempre en mi memoria las humillaciones y las miserias de los exiliados ibéricos en los campos de concentración del sur de Francia, sin embargo quiero agradecer a todos los franceses que combatieron junto a mi.”

José Antonio Alonso Alcalde es ciudadano de Honor de la cuidad de Foix, es caballero de la Legión de Honor de la República Francesa, recibió la Roseta del Primer Orden Nacional francés, la Legión de Honor de la República Polaca y la medalla de lealtad a la República Española. El Presidente Miterrand y los Generales Bigeard e Roquejoffre
recordarón en las ceremonias oficiales que el comandante Robert seguirá siendo un ejemplo para todos.

Nació el 14 abril 1919 en El Entrego, Asturias. Para ese hombre excepcional como para millones de otros, el advenimiento de la segunda República Española representó la gran esperanza. El golpe de estado de Franco le arrojo con algo más de 17 años en la lucha contra el fascismo que prosiguió luego en las filas de la Resistencia en Francia tras la triste epopeya de la Retirada y de los campos de concentración franceses.

José Antonio llega a mediado del año 1942 a Saint Etienne donde se integra a un grupo de sabotaje compuestos de polacos y de españoles. Detenido a primero de octubre de 1943 queda destinado con otros presos a los campos de trabajos forzados alemanes. Arriesgando su vida, se escapo con las esposas empotradas en las muñecas. Se refugio uno diez días en casa de una familia polaca, esperando ordenes de su jefe.

Aprovechando la llegada a Saint Etienne de un camarada que venia del departamento del Ariège para visitar a su esposa, la dirección envía a José Antonio a ese mismo departamento donde la tercera brigada de Guerrilleros españoles esta desplegada. Con sus 24 años nuestro protagonista continúa su trayectoria de lucha. A penas integradas a la Tercera Brigada se lleva una pequeña decepción. En efecto, la dicha Brigada, llamada BNriga, no cuenta más que 7 guerrilleros y el armamento es escaso: dos pistolas y seis bombas de mano. Unos 10 días despues se presenta un camarada que propone un atraco de mucho dinero en una ciudad llamada Lavelanet. Tras largas y pesadas discusiones, Jose Antonio se propone para efectuar el atraco, que entonces se cualificaba de golpe economico. Encabeza el grupo y con dos compañeros realiza la operación al día siguiente en la oficina recaudadora de Lavelanet. El atraco fue un éxito, cuenta nuestro comandante, pues entregué a la organización 335.000 francos, suma fabulosa en aquellos tiempos. Al día siguiente el camarada que hacia función de jefe de estado mayor marchó al pueblo cercano para lavar su ropa en casa de unos amigos y ya no volvió más a la Brigada. A los dos días de este hecho, la organización me propone el cargo del estado mayor de la brigada que al final de la contienda contaba algo mas de 300 guerrilleros, todos excelentes que sin tregua ninguna lucharon contra las fuerzas nazis hasta la liberación del país.

Jefe de estado mayor de la Tercera Brigada de Guerrilleros Españoles, alias “Commandant Robert” en la Resistencia francesa, sigue siendo una figura emblemática en todo el departamento del Ariège y particularmente en la ciudad de Foix liberada por su Tercera Brigada. Los guerrilleros encabezados por Robert libraron el combate contra los alemanes parapetados en la Ciudad Condal. La guarnición alemana se rindió tras de cuatro horas de duros combates. Con sus compañeros de lucha participo también en los combates de Rimont-Prayols y Castelnau-Durban, concretizando así la completa liberación del departamento del Ariège. Mas tarde, cumplió con su deber encabezando una Brigada en la funesta operación de la Reconquista del Valle de Aran.

El abandono por parte de las democracias -no intervención en 1936-40 y luego la negativa de liberar España del franquismo en el año 1944, dejó para siempre a nuestro héroe un sabor amargo. Tal Don Quijoteconservó la humildad:”otorgarle mas importancia a un ser humilde virtuoso que a un rico orgulloso” y la humanidad de aquellos grandes héroes quienes hablan mas de sus hombres que de si mismo.

Robert recuerda lo que dijo espontáneamente a unos periodistas hace ya muchos años: “uno, puede ser un buen jefe en el combate y guardar el corazón tierno. Siempre mire por los otros, lo que me ha permitido estrechar lazos de amistades con mucha, mucha gente. Desde entonces también he hecho mías estas palabras de Gabriel Garcia: he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. No obstante, también compañeros, conservo para siempre en mi memoria las humillaciones y las miserias de los exiliados ibéricos en los campos de concentración del sur de Francia, sin embargo quiero agradecer a todos los franceses que combatieron junto a mi.”

José Antonio Alonso Alcalde es ciudadano de Honor de la cuidad de Foix, es caballero de la Legión de Honor de la República Francesa, recibió la Roseta del Primer Orden Nacional francés, la Legión de Honor de la República Polaca y la medalla de lealtad a la República Española. El Presidente Miterrand y los Generales Bigeard e Roquejoffre
recordarón en las ceremonias oficiales que el comandante Robert seguirá siendo un ejemplo para todos.

!Hasta siempre Comandante!

Enlace a través de:

http://guerracivil.forumup.es/about4984-0.html

Ética y poesía…

Cernuda antepuso la dignidad de las víctimas al fragor de las armas:”La destrucción y la muerte, sea bajo tal o cual pretexto, no se pueden cantar ni mucho menos glorificar”…

JUAN GOYTISOLO 31/07/2010

Luis Cernuda (Sevilla, 1902-Ciudad de México, 1963).
En el número doble 4/5 de la revista Octubre, dirigida por Rafael Alberti con fecha de octubre de 1933, figura un texto de Luis Cernuda titulado Los que se incorporan en el que el poeta sevillano manifiesta su adhesión al movimiento comunista -en el que militaban ya Alberti, María Teresa León, Emilio Prados, Serrano Plaja y otros escritores- en unos términos que no dejan lugar a dudas y merecen su reproducción in extenso:

“Este mundo absurdo que contemplamos es un cadáver cuyos miembros remueven a escondidas los que aún confían en nutrirse con aquella descomposición. Es necesario, es nuestro máximo deber enterrar tal carroña. Es necesario acabar, destruir la sociedad caduca en que la vida actual se debate aprisionada. Esta sociedad chupa, agosta, destruye las energías jóvenes que ahora surgen a la luz. Debe dársele muerte; debe destruírsela antes de que ella destruya tales energías y, con ellas, la vida misma. Confío para esto en una revolución que el comunismo inspire. La vida se salvará así”.

Con posterioridad a dicha adhesión, el futuro autor de La realidad y el deseo publicó en el siguiente número de la revista el poema ‘Vientres sentados’ no incluido luego en Donde habite el olvido (1932-1933) ni en Invocaciones,poema casi desconocido y que yo rescaté treinta y pico años más tarde en Cuadernos de Ruedo Ibérico. No es desde luego uno de los mejores del gran poeta, pero refleja el ímpetu un tanto ingenuo de quienes como él creían en el cambio catártico que aportaría la aurora revolucionaria a un país cerril y decrépito, frente a cuyos tótems se alzaba Cernuda: “El aire limpio y justo / Donde hoy nos levantamos / Contra vosotros todos / Contra vuestra moral y contra vuestras leyes / Contra vuestra sociedad contra vuestro dios / Contra vosotros mismos vientres sentados”.

Los versos de ‘Las nubes’ revelan el dolor de un ser humano con la palabra bella y precisa de la poesía

Los estudiosos de la obra cernudiana (como Johannes Lechner o Philip Silver) o de la poesía comprometida de la época (Darío Puccini, Michel Lassus, Robert Marrast, etcétera) discutieron (y se discute aún) la seriedad de esta conversión efímera de un poeta tan reacio como el autor de Las nubes a las consignas de arte dirigido y a toda supeditación de la labor creativa a algo ajeno a la poesía misma. Aunque, según el testimonio de Juan Gil-Albert, Cernuda se declaró comunista en 1934, no ingresó nunca en el partido y, pese a su apoyo fiel a la causa antifascista, se mantuvo a prudente distancia desde fecha temprana de quienes defendían el arte “al servicio del pueblo”.

El dilema que arrostraba Cernuda -y, como él, escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez y algunos compañeros de pluma de la generación de la Segunda República- se tornó apremiante tras la rebelión militar de julio de 1936 y la ejecución de García Lorca un mes más tarde. La bellísima elegía ‘A un poeta muerto (FGL)’ publicada en La Hora de España y censurada por el subsecretario de Instrucción Pública controlado por el PCE marca el distanciamiento definitivo de Cernuda del arte como instrumento de la causa revolucionaria.

Los horrores de la Guerra Civil suscitan en un poeta “a la deriva”, dice, “en el naufragio de un país”, unos sentimientos de dolor y de piedad por las víctimas admirablemente plasmados en su Elegía española (1). Las causas patrióticas o ideológicas, parece decirnos, son circunstanciales, pero no lo es en cambio el sufrimiento de los hombres y mujeres zarandeados por el vendaval de la historia. Lechner nos recuerda en su obra de referencia (El compromiso en la poesía española del siglo XX) las palabras del poeta Wilfred Owen, que combatió como voluntario en las filas republicanas: “My subject is War, and the Pity of War. The poetry is in the Pity”. La belleza serena de los poemas cernudianos reunidos en Las nubes resiste en efecto el paso del tiempo y la caducidad ínsita no sólo a la mediocre y a veces repulsiva poesía perpetrada en el bando franquista sino también a la del ardor revolucionario vehiculado en las revistas de las Milicias Populares cuyo contenido figura en la Crónica general de la guerra civil, seleccionada por María Teresa León. España se había convertido en el campo de la batalla librada por Hitler y Mussolini y, con mayor prudencia, por la Unión Soviética (con la ignominiosa abstención de Francia e Inglaterra), y el poeta asistía desolado, no obstante su fidelidad nunca desmentida a la legalidad republicana, a una explosión de odio y de crueldad con la que no se podía identificar sin traicionarse a sí mismo. Como escribió dos décadas más tarde en sus Estudios sobre la poesía española contemporánea:

“La destrucción y la muerte, sea bajo tal o cual pretexto, no se pueden cantar ni mucho menos glorificar; quienes por ellas han tenido que pasar, y sobrevivieron a la catástrofe, acaso puedan utilizarlas más tarde, como experiencias humanas; pero en otro contexto, donde sería ya difícil reconocerlas bajo su apariencia bestial primera”.

Esa expresión nítida de que la causa defendida, por digna que fuere, no podía prevalecer sobre el ars poetica ni los derechos humanos fue compartida por un pequeño núcleo de artistas que como Juan Ramón Jiménez, Gil-Albert o Benjamín Jarnés se proponían iluminar el presente sombrío -“de modo que también llegue la luz al frente opuesto”, dirá el último- sin falsear la historia.

La guerra civil española anticipó así el conflicto ético de numerosos pensadores y artistas europeos que ante la barbarie nazi y la de quienes en nombre de la humanidad futura daban rienda suelta a su desprecio por la vida de sus contemporáneos de carne y hueso, supieron elegir la justicia por encima de sus convicciones políticas. Hoy podemos leer los versos de Las nubes con emoción idéntica a la de los que los leyeron en circunstancias tan dramáticas como las que vivió España entre 1936 y 1939. Lejos de toda propaganda y partidismo, revelan el dolor de un ser humano con la palabra bella y precisa de la poesía. Su exilio definitivo sería el de alguien que antepuso la dignidad de las víctimas al fragor de las armas: desde lejos, asistió a la victoria amarga de los sempiternos Caínes que, como escribió en el poema Un español habla de su tierra, “De todo me arrancaron / Me dejan el destierro”

El País – Babelia

Hamburgo: La primera gran ciudad que fue aniquilada…

Se publica en español el testimonio del novelista Hans Erich Nossack sobre el bombardeo que destruyó Hamburgo durante la Segunda Guerra Mundial…

ABEL GRAU – Madrid – 29/07/2010

El centro histórico de Hamburgo fue arrasado por los bombardeos de la 'Operación Gomorra', a finales de julio de 1943.- BILDARCHIV PREUSSICHER KULTURBESITZ

Por fin iban a poder ir a descansar unos días fuera de la ciudad. Al fin el calor apretaba y, después de aplazarlo varias veces, habían reservado una cabaña en el campo. El escritor Hans Erich Nossack y su compañera dejaban atrás el bullicio urbano de Hamburgo. Ignoraban que de ninguna manera podrían escapar de lo que iba a caer del cielo aquella semana de julio de 1943. “Y de pronto todo parecía bañado por la luz opalina de los infiernos”, escribe Nossack en El hundimiento. Lo que contempló fue el mayor bombardeo urbano hasta entonces, que arrasó la urbe y causó 40.000 víctimas civiles y un millón de desplazados. “Para mí, la ciudad se hundió como un todo”, sentencia.

Bombardeo de Hamburgo

Un bombardero inglés Lancaster, entre bengalas, humo y explosiones, durante el bombardeo de Hamburgo en 1943.– IMPERIAL WAR MUSEUM

Nadie había visto nada parecido. “Asistí a la destrucción de Hamburgo como espectador”, comienza su testimonio. Nossack (1901-1977) avistó la incursión desde su cabaña, a quince kilómetros al sureste de la ciudad. Luego regresó y habló con los supervivientes. “Lo que contaban es tan increíblemente aterrador que cuesta entender cómo lograron sobrevivir”. El hundimiento es la crónica de la aniquilación de una ciudad y, sobre todo, uno de los escasos testimonios sobre el sufrimiento de la población civil alemana durante la guerra. Ahora se recupera por primera vez en español, traducido por Juan de Sola, en la editorial La Uña Rota.

Todo comenzó la noche del 24 de julio, cuando el cielo de Hamburgo estalló en pedazos. Las fuerzas aéreas de Reino Unido, con apoyo de EE UU, lanzaron laOperación Gomorra (llamada así por la ciudad del Antiguo Testamento que fue devastada por el fuego), un ataque aéreo sin precedentes, sobre la industriosa ciudad del Elba, uno de los mayores puertos del mundo y punto estratégico con astilleros, refinerías de petróleo e industrias metalúrgicas. Esa medianoche los aviones británicos descargaron 2.300 toneladas de bombas incendiarias. Atónito contempló Nossack cómo el horizonte reventaba en un millar de bengalas.“Era como si del cielo cayeran unas gotas de metal candente sobre las ciudades. Más tarde desaparecían tras una nube de humo, iluminada de rojo desde abajo por el incendio de la ciudad.”

Tormenta de fuego

Lo peor llegó tres días después. La diabólica intensidad del bombardeo causó un fenómeno imprevisto. Los zonas que ya ardían seguían siendo machacadas una y otra vez con más bombas, de manera que la temperatura se elevó descomunalmente. Los bomberos no podían sofocarlas y el tiempo seco y caluroso hizo el resto. El aire supercaliente lanzó corrientes de fuego de 240 kilómetros por hora, a temperaturas de 800 ºC, y desató un gigantesco tornado de fuego. Es lo que se conoce como feuersturm o tormenta de fuego. Las llamaradas se elevaban varios metros. El petróleo derramado incendió los canales. El asfalto se derritió. La falta de oxígeno y el fuego acabaron con muchos de los que intentaron alcanzar los refugios antiaéreos. La mayoría de víctimas del ataque pereció esa noche infernal.

La breve crónica de Nossack, apenas un centenar de páginas, es un texto pionero de las obras alemanas que medio siglo después, de la mano del ensayo Sobre la historia natural de la destrucción, del novelista alemán W. G. Sebald (1944-2001), darían voz al sufrimiento de la población civil alemana durante la guerra. “La sensación de humillación nacional sin parangón sentida por millones [de alemanes] durante los últimos años de la guerra nunca encontró expresión verbal de verdad, y aquellos directamente afectados por la experiencia ni la compartieron entre sí ni la transmitieron a la siguiente generación”, escribe el autor deAusterlitz.

El propio Sebald subrayó el valor testimonial de El hundimiento: “Mérito innegable de Nossack es que fue el único escritor que intentó escribir sobre lo que había visto realmente de la forma más sencilla posible”. La devastación de la Operación Gomorra la han abordado de manera exhaustiva durante los últimos años el historiador alemán Jörg Friedrich, en El incendio, y el británico Keith Lowe, en Inferno. The Devastation of Hamburg, 1943. Lowe recoge testimonios escalofriantes. Como el de un ingeniero de vuelo británico que iba a bordo de un bombardero Lancaster. A 17.000 pies de altura divisó cómo una columna de humo les rodeaba. “Podíamos oler claramente… Bueno, era como carne quemada. No es algo de lo que mes guste hablar”.

El regreso de Nossack a la ciudad días después fue un peregrinaje apocalíptico. Subido a un camión de refugiados, describe la destrucción del centro histórico. Las hileras de edificios de oficinas de ladrillo rojo en los canales de St Annen, que parecen intactas aunque teme que no sean más que fachadas huecas. Ante el campanario decapitado de la Katharinenkirche, evoca cómo el desaparecido “verde azulado de la cubierta barroca hechizaba las aguas opalescentes del canal. Su mera visión, especialmente en primavera y en otoño, te transportaba a un mundo de ensoñaciones”. Entre casas derruidas, puentes partidos y senderos que se abren entre cristales y escombros, Nossack recorre la catástrofe desde la antaño elegante Jungfernstieg hasta la céntrica Hohe Bleichen y los sótanos atestados de cadàveres carbonizados.

Aplastar a la población civil

Aturdidos y desmoralizados, los ciudadanos se sintieron abandonados por las instituciones, que huyeron de la ciudad durante el ataque, según consigna Nossack. Caminando entre la devastación (“todo en un silencio absoluto, sin movimiento ni variación; despojado del tiempo, había devenido eterno”), el novelista lamenta la transformación del carácter de los ciudadanos. “La codicia y el miedo se mostraban con una desnudez impúdica y reprimían todo asomo de ternura”. Con todo, admira que la mayoría no busque venganza. Más bien, ven a los aliados y a los atacados como sometidos a las mismas fuerzas destructivas.

Algunos especialistas sostienen que más allá del valor estratégico de la ciudad, el ataque buscaba machacar a los ciudadanos alemanes. “Clara e inequívocamente tenía como objetivo la población civil de una gran ciudad, que fue bombardeada de noche para conseguir su fin, descrito gráficamente en las palabras de sir Arthur Harris [comandante británico de la Operación Gomorra] de ‘aplastar al Boche [apelativo despectivo aplicado a la población alemana], matar al Boche, aterrorizar al Boche’. Si la Operación Gomorra ya fue un acto inmoral, cuánto más lo serían Dresde, Hiroshima y Nagasaki”, se pregunta el filósofo británicoA. C. Grayling en Among the Dead Cities.

Tras la conmoción, que duró ocho días y siete noches, Nossack se sintió impelido a dar testimonio de la catástrofe cuanto antes. “Es cierto que ya han transcurrido tres meses desde entonces -escribió-, pero como la razón no alcanzará nunca a comprender lo que ocurrió ni a preservarlo en la memoria como un hecho real, temo que se vaya desdibujando poco a poco como una pesadilla”. Las cifras de la Operación Gomorra serían luego trágicamente superadas por los bombardeos de Dresde, Hiroshima y Nagasaki, pero, como subraya Nossack, “Hamburgo fue la primera gran ciudad en ser aniquilada”.

El País.com (Cultura)