HOMENAJE: Los dieciséis de Martinet del ocho de febrero de 1939…

José Mira Casals (12 de abril de 1912-08 de febreo de 1939)

Tú serías la cabeza,

el cuello más codiciado,

la más codiciada prenda.

La libertad catalana,

¡sabedlo!, en Madrid se juega;

fábricas, ciudades, campos,

montes, toda la riqueza

de vuestro país, y el mar

que lo ilumina y le entrega

barcos al tocar las costas

se vuelven de plata nueva.

¡Pueblo catalán, vigila!

¡Pueblo catalán, alerta!

Con el corazón de España,

Sólo corazón de tierra,

Catalanes, yo os saludo:

¡Viva vuestra independencia!

Rafael Albertí

Durante un mes los combates fueron sangrientos en toda la Conca y Pirineo leridano. El 23 de enero de 1939, las tropas nacionales de la 63ava división vuelven a ocupar Bastús y llegan a Isona, El frente avanza hacia al este para estrangular Barcelona, mientras tanto, una parte de las tropas republicanas se retiran en dirección a la frontera, unos camino del Coll de Nargó para llegar hasta Martinet y desde allí  hacia Puigcerdá y atravesar por este punto la frontera. Otros, se van disgregando dirección Barcelona para intentar defender la plaza unos, y otros, para intentar volver a sus casas. Estaba más que claro que la guerra estaba prácticamente finalizada y que las tropas republicanas habían sido vencidas.

Durante esos días, una dotación de entre cincuenta a casi cien hombres llegan hasta el Coll de Nargó extenuados, sin medios, heridos y muchos de ellos  con los pies heridos de andar por las montañas leridanas en pleno invierno, mal vestidos, desnutridos y con la moral rota. Pero con el espíritu combativo y revolucionario más fortalecido que nunca ante la adversidad. Se reencontraban con el resto del ejército republicano que estaba en al zona, en lo que llegó a ser un polvorín del mismo. Allí se aprovisionaron, curaron sus heridas y se dispusieron a seguir hacia delante. José Mira Casals andaba entre ellos, con otros tantos compañeros. (Fragmento de la trascripción de la última carta de José Mira Casals a su llegada al Coll de Nargó):

Aurora esta es para decirte que me encuentro en este de paso y no sabemos para cuanto tiempo, pues si tenemos que permanecer en este más tiempo te mandaré la dirección; así es que hasta que yo no te mande la dirección no me escribas

“…me encuentro en este pueblecito desde el lunes y como no sabemos en donde tenemos que parar no te había escrito y en vista de que se hace un poco largo te escribo para que no estés impaciente; así que hasta que no este en un sitio seguro ya te mandaré la dirección, pues si te la mando aquí en donde estoy porque nos han dicho que saldremos para otro sitio…”

Aurora, nieta de José Mira Casals bebiendo de la fuente de la plaza de la iglesia del Coll de Nargó donde se abastecieron los soldadso republicanos antes de su salida hacia Martinet.

El destino les tenía preparada su última hazaña en otro pueblo cercano a éste. Martinet,  les esperaba, les esperaban otros compañeros y la ilusión de llegar a la frontera.

Entre los días seis y siete de febrero fueron llegando a Martinet, pequeñas dotaciones del desmembrado ejército republicano, y se posicionaron en el pueblo. El día siete concretamente llegaron entre 50 ó 60 soldados a Martinet (según testimonio de Manuel Álvarez Centeno – conocido por Manolo Sardina- que en esa época contaba con unos catorce años). Y entre ellos, José Mira Casals y sus compañeros.

El grupo de soldados con sus mandos al frente pasaron la palanca junto al río hasta llegar al otro lado, deteniéndose frente una casa del pueblo -“Cal Cabra”- y allí se detuvieron unos instantes. El tiempo justo de repartirse en dos grupos. Uno, de unos veinte hombres que  se dirigió y posicionó en la loma conocida como el “Corb” y que se ubica frente al actual puente de Montellá, mirando al sur. El resto, lo hicieron en dirección hacia este mismo pueblo, armados con tres ó cuatro ametralladoras que colocaron en posiciones estratégicas junto a sus pequeñas formaciones, de modo que les permitiera defender la plaza y sus posiciones, mientras cubrían así la retirada del resto de soldados que había en el pueblo y parte de los hombres de la población de Martinet. El pueblo esos días se quedó casi sin hombres.

Este pequeño grupo de soldados republicanos consiguió detener el avance del ejército sublevado durante todo el día siete y parte del día ocho. Concretamente, y sin tener confirmación definitiva, a un par de batallones del ejército nacional, una bandera falangista y unas batería de artillería. El fuego comenzó en mitad de la montaña, a partir de ahí, ya no se detuvo prácticamente durante los dos días. El día ocho Martinet estuvo encerrada y asustada en sus casas, mientras los nacionales tomaban posiciones cerca de la palanca y se guarnecían detrás de los muros  al tiempo que  recibían el fuego cruzado de las ametralladoras y fusiles de los pocos soldados republicanos, que ya no defendían la plaza, se defendían ellos y las vidas de los que habían abandonado o abandonaban el pueblo.

“Manolo Sardina” testimonio vivo de aquellos días cuando contaba apenas catorce años, relatándome el posicionamiento de las tropas nacionales y los soldados republicanos a través de uno de sus cuadros.

Ganaban tiempo, el tiempo que a ellos les haría falta después, ya que sólo pudieron dejar sus posiciones y refugiarse en las casas de las afueras de pueblo o en el tupido y frío bosque invernal, ante el brutal empuje de los sublevados, sobre todo, después de que cayeran heridos un par de soldados y fuese alcanzado de muerte el “pater” de uno de los batallones. El mismo que parapetado detrás de un caballo, no tuvo la protección de su más alta divinidad, ya que le alcanzó el rebote de una bala y le sesgó la vida. Aquello fue la última acción de aquellos pobres hombres, que horas más tarde fueron cayendo en manos del ejército nacional  uno a uno, y que éste en su afán de vengar aquél oprobio sufrido durante dos días, y la caída del cura, batieron el pueblo y bosques, encontrado esa misma noche a cada uno de ellos. José, un alicantino escondido en casa de Manolo Sardina se entregó voluntariamente pensando que no le sucedería nada,  José Mira Casals, Valentín Diéguez y una o dos personas más, fueron capturados a causa de una posible delación, mientras permanecían escondidos en una casa de las cercanías del pueblo. Esa misma noche fueron fusilados cerca de las tapias del cementerio, muy próximo al río que llevaba a la antigua fábrica de algodón, y que fue quemada con cuatro personas dentro como represalia. Algunos de ellos, fueron bajados hasta los terrenos que hay cerca de la susodicha fábrica y la fuente, atados y golpeados, mientras los soldados nacionales disparaban al suelo y los hacían bailar, otros tuvieron más suerte y  fueron ajusticiados sumariamente en las mismas tapias del cementerio sin más. Esa misma noche cayeron los dieciséis.

Entre los días  ocho y nueve de febrero, eran enterrados en la fosa común de la entrada del cementerio de Martinet los dieciséis valientes, que dieron sus vidas por salvar a sus compañeros. No sé si fueron héroes, ya que nadie escoge serlo. Sólo sé, que hay hombres que se convierten en héroes sin pretenderlo, porque lo único que hacen, es comportarse como lo hubieran hecho siempre, de modo decente, honrado y generoso. Ellos no lo eligieron, estaban en el momento y lugar inadecuado, y el resto…, lo hizo la sin razón y la locura humana.

Aurora señalando la fosa de la entrada del cementerio de Martinetdonde estuvieron los dieciséis entarrados hasta su exhumación.

Hoy hace setenta y un años desde que se fueron, setenta y un años sin historias; setenta y un años sin que nadie supiera de lo que ellos hicieron allí. Hoy os la cuento yo, que sigo buscando el resto de sus vidas, que tengo localizada la fosa de la vergüenza, sita en la mal llamada “fonts dels morts”, donde por cierto, ya no se encuentran todos. Ya que fue abierta y exhumada dos veces al menos que se sepa. Una en 1940, de donde salieron: Ramón Parera Puig, Juan Ferrer Soler, Miguel Sansó Noguera y Juan Peijó. Otra, una noche cualquiera, donde parece ser, que exhumaron dos cuerpos más de modo irregular. La fosa del campo santo de Martinet fue exhumada en el mes de febrero 1941, entre los días once y quince,  por orden del Obispado de la Seu d’Urgell, que mandó sacar los cuerpos fuera del campo santo,  y los cuales fueron enterrados según testimonios aún vivos, en la fosa de la “font dels morts”.

Terrenos donde se ubica la “fosa común de la font dels morts”

Seis años de investigación para recopilar una parte de la historia de José Mira Casals, de documentarla, de oír los testimonios de algunos protagonistas, de visitar los lugares donde estuvo, de documentarlos gráficamente y sobre todo de contar con el testimonio inestimable oral y escrito de Manuel Álvarez Centeno, Josep Viany Massana y otros que ahora no nombraré. Gracias por devolvernos un pedazo de sus vidas. Nosotros terminaremos el trabajo y volveremos para que todos sean honrados como se merecen, nosotros volveremos, entre otras cosas, por que te lo prometí a ti abuelo, a tu hija, a todos tus nietos y bisnietos. Les prometí que volverías para no irte nunca más.

En homenaje a José Mira Casals y a sus quince compañeros, setenta y un años después de su marcha. En homenaje a todos y cada uno de los desaparecidos y represaliados por el franquismo. ¡Salud, memoria, justicia y reparación! ¡Salud y República!

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de La Memoria Viv@