Amados monstruos.Página oficial de Juan Villoro: “Bravo, mosquito”

El gran Albert Camús

Se han cumplido 50 años de la muerte de Albert Camus. El rebelde al que no le faltaron enemigos es visto como un heroico defensor de la ética individual en un mundo de simulacros y engaños colectivos.

Alguna vez confesó que le hubiera gustado ser escultor. Su obra perdura como las piedras del Mediterráneo, el mar esencial que le reveló el hechizo del mundo.

Nada de esto hubiera sido posible sin la presencia de dos maestros. Huérfano de padre (caído en la primera guerra mundial), Camus nació en un pobrísimo barrio de Argelia. Creció con una madre analfabeta y una abuela tiránica. Apasionado del fútbol, jugaba de portero porque es la posición en la que menos se gastan los zapatos. En El primer hombre, la novela inconclusa que llevaba en el coche donde murió a los 47 años, escribe: “la infancia… ese secreto de luz, de cálida pobreza”. La precariedad fue su ámbito absoluto. Sólo al ingresar al liceo supo que otros eran ricos.

A los 9 años estuvo a punto de abandonar la escuela. Su madre fue a ver al maestro Louis Germaine y le habló de sus dificultades: Albert debía trabajar. Germaine se ofreció a darle clases gratuitas dos horas diarias para conseguir una beca.

Sin padre ni hermanos mayores, Camus fue el “primer hombre” en su travesía. Pero no estuvo solo. A los 17 años enfermó de tuberculosis y otro profesor lo ayudó. Jean Grenier fue a verlo al hospital. Como Germaine, se sorprendió de las carencias de ese alumno al que había colocado en la primera fila. No era el mejor de sus discípulos pero tenía fiebre por conocer y un amor a los placeres del que carecía el propio Grenier. En su biografía de Camus, Olivier Todd compara el temperamento de maestro y alumno: “A Camus le gusta admirar a muertos y vivos mientras que Grenier acumula crueldades y reticencias… El estudiante, a pesar de sus quejas, anhela la felicidad; en cambio, el profesor no… Lleno de salud, el adulto disfruta menos que el joven, presa de gripes y fiebres.”

15 años mayor que su discípulo, Grenier le presta libros, discute la situación política de Argelia, lo acerca al comunismo, lee sus textos, mostrando que ninguna generosidad supera a la de la crítica (no vacila en escribir al margen: “superfluo”, “una bobada”), le consigue trabajo como meteorólogo (oficio transitorio que también desempeñaron Sartre y Heidegger), y al hablar de su común pasión por los gatos explica que nada hace tan feliz a un macho como tener collar, pues eso enloquece a las gatas.

Se tratan de usted (“con una confianza sin familiaridad”, apunta Todd). Con el tiempo, el alumno se transforma en protagonista de la relación. Cuando Grenier se entera de que su amigo se ha casado sin avisarle, no se ofende. Le basta saber que la novia es guapa.

Sartre le dice a Camus que su maestro es Hegel. El autor de La peste responde: “el mío es Grenier”. Fiel a su origen, valora las opiniones del profesor que conoció a los 17 años. Grenier lee el manuscrito de El extranjero y lo califica con un 12 sobre 20: “la impresión con frecuencia es intensa”, agrega sin entusiasmo. Albert le pregunta si en verdad piensa eso. El maestro detecta la inseguridad que ha provocado y responde: “El extranjero es excelente”. En 1956 Grenier comenta que “El espíritu confuso” es en verdad digno de su título y Camus lo rescribe.

Grenier reseña de modo elogioso novelas y obras de teatro de su alumno, sin delatar su afecto. Su generosidad intelectual contrasta con su dificultad para pagar rondas de cerveza y el menú que privilegia en Lipp: arenque, pierna de cordero, ensalada y fruta.

En 1947 Camus viaja en el Citroën recién estrenado de Grenier a la tumba de su padre. Ahí concibe El primer hombre, donde su maestro aparece como Victor Malvan: “En tiempos en que los hombres superiores son tan adocenados, era el único que tenía un pensamiento personal… y una libertad de juicio que coincidía con la originalidad más irreductible… Cada vez que Malvan empezaba diciendo ‘conocí a un hombre que… o un amigo… o un inglés que viajaba conmigo’, uno podía estar seguro de que hablaba de sí mismo”.

Ciertos artistas tratan de borrar sus deudas. Así exaltan la inaudita novedad de su talento. Camus fue el caso opuesto: vivió para honrar a los maestros que lo sacaron de la pobreza. La profundidad de su obra no se entiende sin esta ética de la gratitud.

A propósito de Grenier, su mentor intelectual, anotó en 1933: “¿Sabré alguna vez todo lo que le debo?”. Y al recibir el premio Nobel escribió a Germain, su primer maestro: “Sin usted, sin la mano afectuosa que le tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto”.

En 1924 Louis Germain juzgó que el niño al que daba clases gratuitas estaba listo para presentarse a examen y recibir una beca. Se calzó las polainas de las grandes ocasiones y lo llevó al liceo de Argel. Antes de la prueba, le regaló un croissant. Fue el primero en enterarse de los resultados. Cuando vio a su alumno, soltó una frase que cifraría un destino: “Bravo, mosquito”.

Albert Camus había aprobado.

Enlace:Revista “Cultura Club” Boletín nº 432.

http://ems6.net/r/?F=4s6lghwzhnt2tvzwkylmu68wrfutmmfp68en9trw87a3anr6j42tpda-1393823

BIOGRAFÍAS DE ALBERT CAMÚS (Pinchar enlaces)

Une biographie chez un français. Une source nobelprize (En francés)

Biografía en español. Fuente Wikipedia

SIN VERDAD NO HAY HISTORIA. ÚNICAMENTE A FAVOR DE LA RECUPERACIÓN DE LA VERDAD Y LA NORMALIZACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA…

Portando el féretro con los restos de una víctima de la represión franquista en Casavieja, Ávila

Siempre he abogado por la recuperación de la memoria histórica, es decir, por recuperar la historia en su totalidad. Eso implica, el reconocimiento de todas las víctimas de la Guerra Civil española, pero también y como no podía ser de otra manera, la totalidad de desaparecidos durante la represión, el reconocimiento a los exiliados y sus familias, la anulación de las sentencias sumarias y sin garantías procesales de la época, los niños secuestrados del franquismo, etc., etc.

El Estado es corresponsable de que así sea, y debe facilitar todos los mecanismos para que ello se produzca y sea posible, desclasificando toda la información referente a la época, creando un archivo general donde los datos sean accesibles, y a ser posible, con toda la documentación digitalizada, y por su puesto, con una Ley competente y que ampare a todas las víctimas, y con un museo de la Guerra Civil y la represión (toda) e incluso manteniendo el recuerdo por provincias (No en todos los lugares fue igual de contundente – la guerra y la represión-).

Ahora bien, todavía hay una salvedad que marca la diferencia. Los vencedores, en su mayoría han dispuesto de toda la maquinaria estatal (incluso en democracia) para que así sea, mientras los vencidos, seguimos teniendo a un número elevadísimo de desaparecidos, seguimos padeciendo todo tipo de trabas administrativas y jurídicas para poder, no sólo, identificar los lugares donde posiblemente se hallan nuestros familiares, sino que además, lo sufrimos en aquellos lugares donde sí sabemos que están. Y eso, sin contar con todos los problemas añadidos con respecto a la expropiación de bienes, reconocimiento de exiliados y sus descendientes, niños sin identidades, etc. Por tanto, sigue habiendo un desequilibrio brutal en referencia a la paridad de la recuperación de la memoria de un lado u otro.

Siempre he afirmado que algún día el republicanismo deberá pasar cuentas también, sin que le exima la legitimidad de haber sido el gobierno legal que sufrió el terrible y brutal golpe de Estado, entre otras cosas, porque también se cometieron tropelías y barbaridades, no únicamente contra el bando sublevado, sino que también, dentro del suyo propio en las luchas intestinas de las diversas facciones. Aprovechados los hubo en las dos orillas.

Pero, para que todo eso suceda, primero el estado actual, debe reconocer el hecho diferencial hasta la fecha y actuar en consecuencia, ya que perjudica a los vencidos. Haciendo todo lo posible para reparar y hacer justicia, y acto seguido, acometer la misma labor, para cualquier persona que sea reconocida como víctima de la represión durante la Guerra Civil. Así mismo, la Iglesia, que en su día pidió perdón, debería actuar en consecuencia y no seguir incentivando las diferencias, ya que ella misma, padeció la pérdida de miembros en ambos lados (aunque mayoritariamente lo fueran del bando nacional), y sobre todo, por aquello de hacer gala de lo que predica…, el perdón, la solidaridad, etc., etc.

Este es el único modo de cerrar las heridas según mi parecer. El fascismo fue una lacra para la humanidad, pero lo fue, como lo es cualquier régimen totalitario, y esa, es la lección que hoy en día deberíamos haber aprendido todos. No hay ideología que valga una vida, si esta es robada injustamente. Aunque después, si está el derecho a defender lo propio, lo justo, lo legal.

Para poder pasar página a la historia, hay que recordar la misma, sin miedos ni tapujos, sin complejos y con valentía, pero sobre todo, con el consenso y el ánimo de que así sea. No podrá haber nunca olvido, ni debe haberlo. Pero es hora ya de cerrar heridas y perdonar. No podemos seguir avanzado hacia el futuro con el lastre de nuestro pasado atado en nuestro presente. Es mejor caminar sin cadenas y juntos, con diferencias, pero juntos.

Posiblemente muchos no estarán de acuerdo con esta exposición, y entiendo que así sea, pero nunca entendí la recuperación como una venganza, sólo y únicamente como eso…”recuperación”, “justicia” , “verdad” y “recuerdo”, para nunca más volver a cometer el mismo error. Ya ha habido demasiadas víctimas, es hora de descansar, es hora de seguir hacia delante, es hora de mirar al futuro. Se lo debemos a ellos, era su sueño, se lo debemos a los que nos preceden…., porque no les podemos dejar más hipotecas.

Este comentario es individual del editor y no representa en modo alguno el sentir corporativo, sólo una reflexión sobre lo que debería ser la Memoria Histórica, por tanto, no lo firma La Memoria Viv@, sino el mismo.

Jordi Carreño Crispín.

Memoria Histórica Esto no es Alemania…

Fotografía de José Mira Casals en el Congreso de los Diputados. Asistencia de familiares a la solicitud de IU para revidar la Ley de la RMH

Enero 15, 2010

Emilio Campmany

Si a El País le parece mal, que promueva su ilegalización por los crímenes que pudieron cometer sus miembros durante la guerra. Pero que se lleve cuidado, a ver si el que termina siendo ilegalizado es el PSOE por los que cometieron los suyos.

El Tribunal Supremo ha admitido la personación de Falange Española de las Jons en la causa abierta por la Sala Penal al juez Baltasar Garzón por supuesto delito de prevaricación por su investigación de los crímenes del franquismo. Se trata de la misma causa ya abierta por las querellas de dos asociaciones. La cosa no tiene mayor trascendencia, pues admitida en su día, el Tribunal Supremo no puede hacer otra cosa que aceptar la personación de Falange si su querella es idéntica a las de los que actuaron antes.

El País compara la imposible noticia de que el Supremo alemán aceptara una querella del NSDAP (el partido nazi alemán) contra un juez por investigar los crímenes del nazismo con el hecho de que hoy el Supremo español admita la personación de Falange en la querella contra Garzón.

Naturalmente, el diario independiente de la mañana olvida algunas cosas que diferencian ambos supuestos. La primera y más importante es que el NSDAP en Alemania es ilegal y, por lo tanto, no puede presentar una querella contra nadie ni por nada. La segunda, también relevante, es que en Alemania los crímenes del nazismo son perseguibles y en España los del franquismo no lo son porque hay una Ley de Amnistía de 1977. Detalle importante de esta ley es que no sólo impide investigar los crímenes del bando nacional, sino también los del bando republicano. Precisamente por eso, la única persona viva con conocidas responsabilidades por actos que podrían ser considerados criminales, Santiago Carrillo, nunca ha podido ser llevado ante los tribunales.

Falange Española de las JONS es un partido legal en España. Y desde el momento en que lo es, puede presentar cuantas querellas desee. Y los tribunales las tramitarán si están suficientemente fundadas. Si a El País le parece mal, que promueva su ilegalización por los crímenes que pudieron cometer sus miembros durante la guerra. Pero que se lleve cuidado, a ver si el que termina siendo ilegalizado es el PSOE por los que cometieron los suyos.

Lo que hay detrás de todo esto, del escándalo que manifiestan por la existencia de Falange y todo lo que rodea a la Ley de Memoria Histórica, es una consciente y fría violación de lo acordado durante la Transición. Ésta fue posible porque derecha e izquierda pactaron la reconciliación. Una reconciliación basada en el reconocimiento de que, con independencia de quienes fueron los vencedores y quienes los vencidos, la culpa de lo ocurrido correspondía por igual a los dos bandos. Por eso, junto a la estatua de Franco, infamante para la izquierda, se levantaron la de personajes de paralela infamia para la derecha, como Negrín, Prieto o Largo Caballero. Para la progresía de hoy, ese pacto no debe seguir respetándose. Y por eso quitan las estatuas de los unos, y nos dejan las de los otros.

Si les molesta la Ley de Amnistía, cuya vigencia es la que fundamenta la querella contra Garzón, que promuevan su derogación. Así ya podrá el juez estrella y otros que deseen subirse al carro investigar todos los crímenes que quieran. Pero, de momento, no lo harán porque, si derogaran esa ley, el primero que tendría que sentarse en el banquillo es uno de los suyos, Santiago Carrillo. Cuando éste muera, quiera Dios que ocurra dentro de muchos años, ya verán como se ponen a ello.

Memoria Histórica Esto no es AlemaniaLibertad Digital

NOTA DEL EDITOR:

Y que en parte el Sr. Capmany argumenta bien y con fundamento cuando se refiere a los hechos de la Transición, pero como siempre,  las lecturas tienen diferentes visiones,  y éste,  olvida también cosas tan básicas como que la culpa compartida por ambos bandos no se sostiene, sobre todo porque  hablamos de un golpe de Estado contra un régimen legalmente constituido (hecho irrefutable por otra parte independientemente de sus acierto o desacierto en gestionar las circunstancias que lo envolvieron), tampoco  tiene justificación alguna el comparativo de juicios entre los dirigentes del bando  golpista y los responsables del gobierno legal, entre otras causas (y  omitida ya la de la legalidad gubernamental) por la durísmima represión ejercida sobre los vencidos,  y que fue orquestada y ordenada como una limpieza ideológica del país, es decir, un genocidio ideológico. Por otra parte, tampoco tiene en cuenta que sobre las leyes nacionales deberían prevalecer las leyes de derecho internacional,  que además este país tiene firmadas y ratificadas, eso, sin entrar en  que las recomendaciones de los organismos internacionales  así lo recomiendan (ver recomendación del informe de Naciones Unidas a tal efecto). Otra y no menos importante, es que aquí con la excusa de la Transición (la cual no voy a entrar a valorar ahora) se omite y se salta a la torera una de las leyes fundamentales contra los crímenes de “lesa humanidad”, y que es la no prescripción de los mismos (aunque se argumente que dicha ley es posterior a la guerra civil, lo cual es cierto, como también es cierto que la represión continuó hasta el año 1975, en cuyo caso la ley estaba ya en vigor). Y por no extenderme, también es cierto que a Falange le asiste el derecho de interponer la querella porque no está ilegalizada, y que el Tribunal Supremo está en la obligación de admitirla por tal causa, pero ello no implica una sin razón más que manifiesta, es decir, que la democracia que ellos nunca quisieron e intentaron destruir sea precisamente la que actualmente ampare sus tropelías y las revierta contra las propias víctimas, con el oprobio resultante a sus familias; y es que precisamente,  la Cosntitución española y los acuerdos de la Transición son los  los que deben ser revisados y actualizados  tal y como sucedió en Argentina con la “Ley de punto y final”, que sirvió  para facilitar el tránsito a la normalización democrática , pero que no ha evitado los juicios a los militares de su dictadura.  Todo esto sin entrar, en que nuestra jefatura de Estado es una imposición efectuada por el dictador y no legitimada por el pueblo en las circunstancias actuales. Y así podríamos estar discutiendo infinitamente, lo cual está bien, pero eso no significa que no sigan habiendo muertos no reconocidos, desaparecidos, juicios sumarios sin anular, gente sin identidad o con falsas identidades, exiliados y enterrados en cunetas, barrancos, fosas comunes y archivos polvorientos como si nunca hubiera pasado absolutamente nada, mientras que los verdaderos causantes de tan magna desgracia, que no son más que los golpistas, siguen teniendo sus reconocimientos, sus calles, plazas, monumentos, tumbas, placas, etc., etc., y que encima, ahora resulta que  el escarnio  lo sufren ellos que fueron los verdugos. Y el Sr. Capmany estará o no  de acuerdo,  pero el hecho, es que la historia se puede leer de muchas maneras, lo que no se puede es  cambiar el hecho acontecido sin más. Sucedió lo que sucedió y eso siempre estará ahí, en nuestra historia. Así que es cierto que no somos Alemania, ni Argentina , ni Chile, pero tenemos mucho que aprender de cómo recuperar nuestra historia, de cómo mantenerla viva como recuerdo que nos enseñe lo fue, y sobre todo lo que nunca tuvo que ser. Y sólo le pueden temer a eso, aquellos cuya conciencia no les permita vivir sin la justificación de que hicieron algo terrible y que no hay argumento ni objeción que sostengan sus actos, por mucha bendición eclesiástica que tuvieran en su día  (hasta la Iglesia ya ha pedido perdón por ello) y bajo la ignominiosa demagogia de una sola patria , grande y libre. No Sr. Capmany,  no somos Alemania ni falta que nos hace, pero deberíamos aprender de ellos.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de La Memoria Viv@

[PDF] España y la ONU: La “cuestión española” (1945-1950)

Argentina juzga a sus torturadores

En el banquillo se sientan 19 ex militares de la Escuela de Mecánica de la Armada, patíbulo de 5.000 personas durante la dictadura.

Ricardo Cavallo (izquierda), escoltado por la policía hacia el aeropuerto de Ciudad de México para su entrega a España en 2003.- REUTERS

JUAN JESÚS AZNÁREZ  10/01/2010

Lejano entonces el juicio contra los 19 represores argentinos actualmente procesados, el guardabosques Alfredo Chávez protestó contra la larga impunidad de Alfredo Astiz con una patada en la entrepierna del ex teniente de navío que le acomodó las criadillas. Aquel puntapié de septiembre de 1995 en San Carlos de Bariloche, seguido de un puñetazo que fracturó la dentadura postiza del militar, demostró el descrédito de las leyes e indultos que beneficiaron a los servidores más crueles de las Juntas Militares (1976-1983). Desde el pasado 11 de diciembre, un tribunal de Buenos Aires juzga a 19 ex marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), patíbulo de 5.000 personas, previamente torturadas.

La noticia en otros webs

Astiz y Acosta coordinaron los ‘grupos de tareas’ que secuestraron e hicieron desaparecer a detenidos.

Militares y civiles siguen escondidos en España y otros países europeos por miedo a ser juzgados por sus delitos.

 

 

Julio Poch, detenido en Manises (Valencia).- EFE

El reo Alfredo Astiz, de 58 años, conocido como El Ángel Rubio durante los años de la picana y el horror, escuchó los cargos de la fiscalía en la primera vista oral del juicio leyendo El proceso, de Franz Kafka, y no manifestó gesto alguno de contrición. Siempre fue altanero, incluso la mañana del inesperado quebranto testicular en la costanera de Bariloche. “¿Vos sos Astiz?”, le preguntó el guardabosques de 36 años. “Sí. ¿Y vos quién sos?”. “Soy el que te va a cagar a trompadas. Vos sos un reverendo hijo de puta, asesino de adolescentes”. Llovieron los golpes. “¡Paren a este loco de mierda!”, pidió a gritos la chica que acompañaba al ex oficial. Chávez justificó la paliza. “¡El hijo de puta que tenés al lado mataba muchachitos por la espalda!”. “Y no le pegué de entrada. Le di tiempo preguntándole el nombre. Le di la oportunidad que él no le dio a Dagmar Hagelin”.

El Tribunal Oral Federal 5 de la capital argentina deberá determinar, probablemente en el segundo semestre de este año, si el procesado participó en la desaparición de la sueca de 17 años Dagmar Hagelin y en el asesinato de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, por el que fue condenado, en rebeldía, a cadena perpetua en Francia. Implicado en más de 800 violaciones de derechos humanos, también el ex general Jorge Rafael Videla, jefe de la Junta Militar, responderá próximamente ante la justicia. El proceso de Buenos Aires es posible porque el Congreso y el Tribunal Supremo argentinos declararon nulas, entre los años 2003 y 2005, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final decretadas en 1986 y 1987 por el Gobierno del entonces presidente Raúl Alfonsín para pacificar los cuarteles.

En la primera vista, Astiz exhibió el libro Volver a matar, de Juan Bautista Yofre, que fue jefe de inteligencia de Carlos Menem (1989-1999), bajo cuya presidencia se promulgaron los decretos del indulto. El libro aborda la lucha antiguerrillera de los sesenta y setenta, invocada por los acusados como fuerza mayor. Cerca de Astiz, el ex teniente de navío Juan Carlos Rolón se entretuvo con sudokus mientras la fiscalía detallaba los tormentos aplicados en la ESMA.

“¡Treinta mil detenidos-desaparecidos presentes!”, gritaron los familiares durante el juicio. “¡Terroristas!”, respondió otro. Un total de 280 personas, muchas de ellas sobrevivientes de los centros de detención y torturas, rendirán testimonio. Todos incriminan al ex almirante Eduardo Massera, que se libró del juicio por “insania mental”. La locura colectiva instalada en el país suramericano durante el desgobierno de los generales llevaba al oficial de fragata Jorge Tigre Acosta a dejar la picana apoyada en los genitales del detenido Martín Grass y marcharse a tomar un café. A la vuelta, se jactaba de traducir en diagnóstico médico la intensidad de los alaridos del supliciado: “Ese pajarito no va a volar más”.

La fiscalía considera probado que Acosta y Astiz dirigían los servicios de información de la ESMA y los grupos que “secuestraron, robaron y saquearon”; coordinaron todo para que “mientras los detenidos eran torturados, otro grupo estuviera listo para salir a secuestrar, según los datos que se obtenían bajo tormento”. Todos los prisioneros permanecían engrilletados, y su alojamiento en los calabozos era infrahumano, sin asistencia sanitaria y apenas alimentados, y se les obligaba a escuchar los gritos de dolor por las torturas a sus compañeros. Atadas a camastros metálicos de la ESMA, las monjas francesas fueron martirizadas con descargas eléctricas, vejadas con cachiporras y ferozmente golpeadas en interrogatorios presenciados por Astiz y otros, según el relato fiscal. Finalmente, fueron arrojadas al mar vivas en los denominados vuelos de la muerte.

El juicio de Buenos Aires celebrará este mes dos sesiones con nuevos testimonios sobre el formato y modo de operar de los grupos de tareas de la ESMA, y sobre el cautiverio, asesinato y desaparición de miles de argentinos a tiros, a palos o ahogados en el Río de la Plata. El juicio ventilará, entre otros crímenes, el secuestro y asesinato del periodista Rodolfo Walsh, cuya “carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, escrita al año del golpe castrense de 1976, que nadie se atrevió a publicar, le condenó a muerte. Argentina vivió el horror más profundo de su historia, acusó el periodista. “Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista u observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio”.

Argentina hace justicia. Pero no pocos mandos castrenses, prófugos del terrorismo de Estado, lograron emboscarse en España y en otros países europeos, sin haber sido capturados todavía. “Tengo la completa seguridad de que es así”, afirma Carlos Slepoy, abogado de las víctimas. “Algunos podrían estar viviendo todavía en los barrios ricos madrileños de La Moraleja o Aravaca, pero se abandonó la investigación”. Al menos 59 de las 510 personas sujetas a proceso en Argentina se encuentran huidas, de acuerdo con la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH).

Invocando la justicia universal, años atrás, la persecución del juez Baltasar Garzón permitió la detención de varios oficiales en fuga cuando comenzaron los procesos contra las Juntas Militares; entre ellos, Ricardo Cavallo, extraditado desde España en 2008, y Adolfo Scilingo. La colaboración internacional, fundamentalmente de los tribunales alemanes y franceses, estrechó después el círculo, atrapando recientemente en España a otros dos reos pendientes de extradición: el ex subcomisario Jorge Alberto Soza, de 72 años, reclamado por 18 casos de detención ilegal, secuestro y torturas, y Julio Alberto Poch, de 57 años, el piloto de la aerolínea holandesa Transavia que supuestamente alardeó de haber participado en el asesinato de subversivos arrojándolos al mar.

Hay miembros de las tres armas, de la policía y del estamento civil implicados en la represión que siguió al derrocamiento de la presidenta Isabel Perón en 1976. Sus edades oscilan hoy entre los cincuenta y pico años y los noventa. “Un puñado está en prisión. Algunos enloquecieron. Varios trabajan en aerolíneas nacionales y extranjeras”, según el periodista Diego Martínez, del diario porteño Página/12. Casi todos tienen hijos y nietos, van a misa y pasan desapercibidos. “Sólo ellos y sus íntimos conocen el secreto que los degrada: arrojaron a personas vivas, drogadas, indefensas, desnudas, desde aviones en vuelo hacia el vacío”.

Diego Martínez lamenta la falta de “una estrategia judicial para identificar a pilotos y tripulantes”. Pero como el testimonio de Poch probablemente será útil, el Gobierno español aprobó tramitar la extradición solicitada por el juez argentino Sergio Torres. Al igual que Sosa, el aviador se encuentra en prisión a la espera de la eventual aprobación de su entrega. Mientras tanto, otro pez gordo, Reynaldo Bignone, que asumió el mando de las Juntas en el bienio 1982-1983, se sentó recientemente en el banquillo. “Hablan de 30.000 [desaparecidos], pero sólo fueron 8.000″, dijo el acusado a la periodista francesa Marie-Monique Robin durante su intervención en el documental Escuadrones de la muerte. La escuela francesa.

La fuga hacia Brasil, México, España u Holanda de militares comprometidos con las barbaridades de la ESMA y de los otros 339 centros clandestinos de detención y tortura comenzó con los juicios civiles de 1984 contra los comandantes de las Juntas, ordenados por el presidente Raúl Alfonsín (1983-1989). Con la aprobación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, casi a punta de pistola militar, y con los posteriores indultos se ralentizó la fuga de quienes ya se veían entre rejas. La nulidad de las leyes de perdón permitió la reanudación de las vistas. Deberán rendir cuentas no sólo los 19 ex marinos juzgados estos días, sino todas las personas detenidas en establecimientos militares o civiles y, si fueran detenidos, los prófugos. “Estoy seguro de que hay más ex militares en España y Europa”, subraya Carlos Slepoy. “Lo que ocurre es que a raíz de la apertura de procedimientos por parte de la Audiencia Nacional, por el juez Garzón, se produce el retorno a Argentina de muchos. Algunos de los que no retornan han sido detenidos”.

Manuel Ollé, presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España, observa atentamente lo que ocurre en Argentina y, pese a las dificultades, cree que las cosas van muy bien. “En España ya poco podemos hacer”, señala. “Ahora mismo, cualquiera de los que están detenidos aquí podría ser enviado allí, porque ya es posible hacer justicia en Argentina”. Desde 2003 hasta octubre de 2008 se activaron cerca de 1.000 causas en Argentina, según la Unidad Fiscal de Coordinación de este país.

Son 561 autos de procesamiento contra 510 personas, de las cuales 59 siguen prófugas, y el resto, detenidas. Hasta ahora, 50 de ellas han sido condenadas. Posiblemente Poch y Soza serán extraditados y juzgados pese a las dificultades observadas por Ollé, profesor de Derecho Penal, y por la abogada suizo-peruana Claudia Josi en un informe ante el FIDH tras un año de investigaciones. Los sustanciales avances argentinos en la investigación de los delitos conviven con dificultades que entorpecen el normal desarrollo de los procedimientos judiciales, según el informe, que cita, entre otros, el letargo de las causas y la inseguridad de los operadores jurídicos, víctimas, testigos, peritos e imputados.

“La complejidad y magnitud de las causas, en una de las mayores investigaciones vigentes en el mundo por crímenes contra la humanidad, requieren jueces especializados y dedicados, junto con funcionarios judiciales, en exclusiva”, reclaman Ollé y Josi. Carlos Slepoy lamenta que el número de personas que están siendo juzgadas, aún importante, es relativamente ínfimo si se compara con el número de participantes en el terrorismo de Estado de las Juntas. “Y un problema fundamental de los juicios es que la mayoría no están en la cárcel”, agrega el abogado. “No están porque han agotado el periodo máximo de prisión preventiva, porque tienen más de 70 años o porque se decide que estén en unidades militares”. La lentitud de los juicios o su atomización también irritan. “Hay muchas quejas por parte de las víctimas”.

El País.com

NOTA DEL EDITOR:

ARGENTINA HACE SUS DEBERES CON RESPECTO A LA MEMORIA HISTÓRICA

Un ejemplo a seguir por parte del gobierno y los futuros gobiernos nacionales. Argentina está haciendo sus deberes, tal y como aconseja el derecho internacional, la justicia y la historia, además del sentido común  en referencia a la “recuperación de su memoria histórica”. No ha tenido miedo, ni han llamado a los fantasmas de la disgregación del estado  a la ruptura del país, o a la posible confrontación entre argentinos. Simplemente se han dedicado hacer lo que debiera haber hecho el estado español hace mucho tiempo, cuando éste, se dedicaba a parapetarse en el borrón y cuenta nueva de la tan alabada “Transición” de la dictadura a la democracia, es decir, hacer jsuticia y recuperar su verdadera historia.

Argentina nos da un ejemplo de como es posible hacer justicia sin rasgarse las vestiduras nacionales derogando una ley de punto y final absurda, injusta e inhumana. Tomen nota nuestros señores politicos y la judicatura española, por otro lado,  tan dados a esquivar el bulto y no afrontar lo que es un deber histórico y jurídico después de setenta y tres años de ostracismo y mentiras. La España dividida ya la pintó Goya, la perpetuó el militarismo durante distintos períodos históricos y la sepultó la “Transición” y posteriormente esta parodia de democracia.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de La Memoria Viv@

Confundir churras con meninas…

Enero 9, 2010

De la Vogue se aprovecha del franquismo

Por Jesús Salamanca Alonso  /  Artículo del períodico digital: España Liberal del 09/01/2010
Viernes, 08 de Enero de 201En esta ocasión le han pillado con las posaderas al aire. Tanto que, con la famosa Ley de la Memoria Histórica, debería iniciar las gestiones para indemnizar a las familias a quienes  se expropiaron los terrenos para edificar, dotar y donar (el coste fue casi simbólico para ese tipo de ‘funcioneros’, reconocidos como funcionarios por el régimen) a los afectos al Generalísimo Franco, como su familia. Gracias a lo cual hoy es titular de un piso con valor de centenas de miles de euros.

Entendemos que debería indemnizarse a los afectados, porque así se ha hecho con quienes se ha considerado dañados o víctimas de una dictadura que hoy se nos antoja ‘dictablanda’ con los suyos. Y entendemos, también, que hasta a los sindicatos de clase se les ha dado dinero a manos llenas por el mal llamado, abusivo — e inexistente, en muchos casos — patrimonio sindical.

Cuando se piensa en clave dictatorial y de actúa de forma hipócrita, como si se fuera demócrata de toda la vida, pasa lo que pasa. Y es lo que le ha sucedido a nuestra  ‘Maritere’. La vicepresidenta ha esputado hacia arriba y el esputo se ha estrompado en toda su cara, demostrando que ésta es como el cemento armado, llena de mentira y falta de tragedia.

Ortega y Gasset estaba convencido que “muchos hombres, como los niños, quieren una cosa pero no sus consecuencias”; ahí es, precisamente, donde a nuestra vicepresidenta se la ve el plumero. Esta vez le han pillado con malos pelos y corrida  la pintura de guerra. No se puede estar en la procesión y tocando las campanas, como no puede ser aquello de “comer sopas y sorber”.

NOTA DEL EDITOR:

Ya está que la libertad de expresión está para que todos podamos opinar y debatir nuestras visiones y pensamientos, enriquecernos con el intercambio de las mismas, y hacer gala del mayor precepto democrático, el debate. Ahora bien, eso no significa que todas las opiniones sean válidas en su totalidad, ya que todos exponemos nuestra propia visión de los hechos, de nuestras propias expresiones, basándonos en nuestra particular verdad, es decir, en la verdad de cada uno, que ni es mejor ni es peor que la de los demás, simplemente es diferente. Toda esta parrafada no es más que en alusión al artículo de Jesús Salamanca Alonso, con el cual no estoy de acuerdo. Y no es que lo esté por una defensa gratuita y numantina de la vicepresidenta del Gobierno, todo lo contrario, los que seguís estas páginas sabéis que también hemos sido muy críticos con ella y otros miembros del gabinete incluido el propio presidente.

La Ley de la Memoria Histórica no está efectuada con la finalidad de retornar al punto de partida del 18 de julio de 1936,  (entre otras cosas porque no tendría ningún sentido y sería una total y absoluta memez), sino que se creó (y ahora no voy a entrar en si es la ley es la adecuada o no – ya sabéis también que nosotros no estamos de acuerdo con la misma, pero es la que hay – porque ya está más que expuesto este debate ) como herramienta de recuperación de la memoria histórica y salvaguarda de los derechos de los represaliados y sus familias, por tanto, de las víctimas de la misma y de la cruenta represión generada después de la Guerra Civil. Con esto quiero decir, que todos aquellos que en su día se vieron favorecidos de un modo u otro por el régimen se verían obligados a retornar al punto donde éste no había influido en sus vidas. O sea, devolver las viviendas conseguidas por sus ancestros de origen o carácter afín al Movimiento Nacional y a los sublevados, eliminar todas las infraestructuras creadas por el régimen franquista, negar a la familia que perteneció a un bando determinado (aunque la palabra bando no me gusta como definición), etc., etc. No creo que eso sea lo coherente, inteligente y mucho menos apropiado. La Ley debe servir para recuperar y completar la parte de la historia que no se ha contado, que siga oculta y que se ha pretendido borrar. Indudablemente en la historia de la Guerra Civil habrá que incluir las tropelías cometidas por los sublevados y también la de los defensores del gobierno legítimo de la república; pero, la diferencia está en incluir la represión de posguerra, del exilio, la dictadura y cerrar el círculo de esta  negra etapa histórica de nuestro país. Eso conlleva también la recuperación de las vidas de las víctimas y sus familias de modo que el Estado está obligado a investigar, buscar, exhumar y recordar a las mismas, igual que debe mantener ese recuerdo para todos sin excepción. La historia no puede estar completa si falta una de las dos partes. Ahora bien, todo tiene sus matices, y entre ellos eso no sería suficiente, ya que también  el  derecho  exige que haya justicia donde no la hubo, por tanto, también se deben anular las sentencias sumarias y sin ningún tipo de garantía procesal, así como se debe reconocer el carácter de “crímenes de lesa humanidad” a todas aquellas víctimas de la represión incluidas las de la Guerra Civil y no sólo la represión y posguerra, ya que estos fueron víctimas también de un golpe de Estado. Eso implicaría que si hubiera reconocimiento de las mismas de  tal modo, también en los casos que proceda, se deberían recuperar los patrimonios y bienes usurpados por el franquismo o bien indemnizar a sus víctimas con carácter retroactivo. Pero ello no implicaría el tener que volver al punto cero de la historia, ni pagar tampoco los descendientes por los errores pasados de sus predecesores.

Ya está, que expuesto de esta manera simplista puede provocar e invitar a todo tipo de comentarios por un lado u otro, pero a grosso modo y de forma racional, la base donde fundamentar toda esta panoplia de intenciones y criterios debiera ser una Ley de la Memoria Histórica que además de estar consensuada por mayoría ;y eso incluiría en su diseño la participación de todas las fuerzas políticas democráticas, sindicatos, organizaciones, asociaciones, estamento militar, etc., debe cimentarse en los principios del derecho internacional y las recomendaciones que incluso ha efectuado Naciones Unidas a los diferentes gobiernos de la democracia española.

Por tanto y para no extenderme más…,  y en síntesis, exponer que no es un  tema para las demagogias gratuitas y las comparaciones (que siempre son odiosas) ridículas, y que no se deben confundir “churras con meninas” ya que no se juega únicamente con el conocimiento y la historia de nuestro país y pueblo, sino que  se juega algo más profundo y sentimental, las vidas de miles de españoles que vivieron y desaparecieron como si nunca hubieran existido, y eso no fue así, lo niegue quien lo niegue.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de La Memoria Viv@

HOMENAJE A TORU, el japonés de la memoria histórica…

REPORTAJE: Un japonés en la fosa de la guerra

Muere Toru Arakawa, que viajó a Galicia desde 2006 para exhumar represaliados.

SILVIA R. PONTEVEDRA – Santiago – 08/01/2010

Mucho antes de que en España se empezase a hablar de memoria histórica, en su casa de Niigata, al pie de la montaña volcánica de Yahiko, el japonés Toru Arakawa soñaba con jubilarse para venir a abrir fosas de la guerra. Nadie llegó a entender bien por qué le dio por ahí. Pero él lo tenía muy claro cuando aquí aún no nos aclarábamos, cuando aquí todavía daba miedo hablar de ciertas cosas, y se pasó diez años practicando español a domicilio con unas cintas que compró para escuchar por las mañanas. * “En Japón me preguntan por qué aún quedan fosas” La noticia en otros webs * webs en español * en otros idiomas Había prohibido a su familia contar que estaba enfermo del corazón La pareja que había en la fosa llevaba puestas las alianzas. Toru se echó a llorar Después su hijo, que viajaba mucho, le regaló el primer libro en castellano. Era de Manolito Gafotas, y parece ser que lo entendió, porque se rió leyéndolo. Al final se ventiló la colección entera, y cuando se sintió preparado se atrevió con Machado y Lorca, y empezó a coleccionar libros de la Guerra Civil hasta juntar unos cincuenta. Un día de 2006, en un periódico japonés, apareció una noticia sobre las fosas que se estaban empezando a abrir aquí. El artículo hablaba de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) que se había fundado en Ponferrada. Toru recortó la página, mostró la noticia a su mujer y le anunció su plan para los próximos meses: “Me marcho a España a trabajar en las fosas”. Entonces tenía 68 años y ya estaba jubilado. Había sido durante años profesor de inglés, y él reía a carcajadas cuando lo contaba, porque era evidente que lo suyo no eran las lenguas. Aquí siempre se hizo entender con paciencia, y muchas señas y sonrisas. Cuando llegó a Ponferrada, después de recorrer 20.000 kilómetros en avión y autobús, se presentó en el ayuntamiento y le sacó el recorte a una funcionaria. Resultó que la mujer era hermana de un miembro de la asociación por la memoria. El 22 de agosto de 2006, en As Pontes, Toru hizo su primera fosa de la guerra. Era la exhumación de la familia Ramos Ferreiro, que dirigía el arqueólogo forense Javier Ortiz. Los habían tiroteado en su propia casa, y sólo una hija logró escapar al monte, aunque le atravesaron la mano con una bala cuando saltaba por la ventana. Unos días después, el cura de Seixas (As Somozas) la acogió en su casa y prohibió a los falangistas que la tocasen. En el hoyo aparecieron los otros dos hijos y el matrimonio. La pareja llevaba puestas las alianzas de boda, y Toru se echó a llorar. Después de aquello y hasta el año pasado, viajando por su cuenta todos los veranos, el japonés participó como voluntario en una treintena de excavaciones por todo el territorio estatal, pero nunca dejó de emocionarse. Siempre que relataba aquel primer encuentro con unos huesos de la guerra volvían a empañársele esos ojos tan pequeños que tenía. Después, en Galicia, participó en el levantamiento de las fosas de A Fonsagrada y de Cereixido (Quiroga). Era un hombre muy menudo, pero cavaba como el que más, como si quisiese acabar de una vez con todos los agujeros negros que había dejado la Guerra Civil en la tierra de España. Toru no comprendía cómo las fosas no llevaban abiertas ya muchos años. Cuando al fin se cansaba, si había cerca un árbol dejaba la pala y subía a descansar. “Trepaba como un mono”, recuerda con cariño Antonio Castro, de la ARMH. Castro le proporcionó cama y comida el tiempo que estuvo en As Pontes, y se hicieron muy amigos. “Era un paisano excelente, para él no había religión ni frontera. Contaba que los japoneses de su generación habían quedado muy marcados por la II Guerra Mundial, y quizás por eso se interesó tanto por este conflicto nuestro. Al llegar a nuestra casa, primero le costó bastante comer la carne que le dábamos, pero luego se aficionó a todo, y hasta bebía aguardiente”. Le gustaba el jamón, le gustaba la morcilla, pero sobre todo le gustaba la causa. Cuando la ARMH finiquitaba su temporada, buscaba otros grupos que estuviesen en ello y se ofrecía para trabajar, como siempre, gratis. Al dejar As Pontes, le regaló a la hija de Castro un bonsai. Desde entonces, más o menos todos los meses, la chica se escribía con él por correo electrónico y le planteaba dudas acerca del abonado y la poda. Pero a principios de octubre, el correo de Toru dejó de contestar. Preocupados, los Castro llamaron en fin de año al hijo del voluntario, que vive en Chicago, y éste les contó que había muerto. “Lo siento, no tengo la clave de mi padre y no pude entrar en el correo para avisaros”, se disculpó. Toru sólo era robusto de espíritu, y le había prohibido a su familia contar que estaba enfermo. En España nadie sabía que tenía resquebrajado el corazón. Y el 5 de octubre se le rompió del todo. El País.com Foto de archivo de Toru Arakawa

Fuente: La Memoria Viv@ / Notica extraida de El Pais.com

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