El vapor Miramar se hundió hermanando dos pueblos marineros

Cabo Ortegal

Cabo Ortegal

La villa de Cariño sita en la costa coruñesa está hermanada históricamente con la ciudad de Palma de Mallorca, a raíz del desgraciado naufragio de la embarcación de vapor “Miramar, el cual naufragó en sus gélidas aguas un desafortunado día de invierno (9 de febrero de 1918), al quedar embarrancado en la ensenada de Aguilones, junto al Cabo Ortegal en una zona de fondos muy rocosos y con un gran acantilado como único testigo.

El Miramar fue un barco emblemático en su época, ya que consiguió navegar a 15 nudos de velocidad , algo  no muy frecuente a principios de siglo y porque sus condiciones lo hacían ser un gran buque.

Las características principales del buque eran: una  eslora máxima 81,74 metros, eslora entre perpendiculares 78,60, manga 11,70, puntal 7,70, 1.678 TRB, 1.052 TRN, 3.150 TPM, capacidad para 206 pasajeros, maquina alternativa de triple expansión con 190 n. h .p. Construido en 1.904 por el astillero Odero  de Sestri Ponente, Génova y Matricula de Palma de Mallorca.

Era de madrugada cuando el barco quedó literalmente empotrado en Aguilones, abriéndose rápidamente una vía de agua que escoró el buque en una zona de difícil acceso y con mala mar. Estas circunstancias hicieron que perecieran 10 de los 37 tripulantes que navegaban en ese momento, entre ellos el prestigioso capitán del navío Jorge Bennassar, intentando llegar a la costa para dar aviso. Pero los 27 restantes tuvieron la suerte de ser avistados por un pescador de la zona que avisó al vecindario y posteriormente descolgándose por el acantilado consiguió ayudar a parte de la tripulación; mientras el resto del pueblo salía en busca de los accidentados para ayudarlos y socorrerlos.

Actualmente se mantiene en el campanario de la Iglesia del pueblo de Cariño la campana  originaria del buque Miramar, en recuerdo de aquellos marinos que dejaron sus vidas en su costa y sus aguas; y cuyas gentes nobles y marineras mantienen, quizás como sólo ellos pueden mantener, y entender el recuerdo de las vidas perdidas en el mar.

La ciudad de Palma agradecida impuso el insigne nombre de este pueblecito de 4.608 habitantes aproximadamente, a una de sus calles en honor a todas sus gentes amables y marineras. La calle  Aldea de Cariño. Desde entonces estos dos pueblos marineros, Cariño y Palma son hermanos en la desgracia marinera, en la solidaridad y afecto de la gente del mar, por y para siempre.

Vapor Miramar atracado frente la catedral de Palma

Vapor Miramar atracado frente la catedral de Palma

LA HISTORIA DEL VAPOR MIRAMAR:

Fue el primer buque encargado por la naviera Isleña Marítima y cuya construcción fue contratada y realizada en los astilleros italianos de Odero de Sestri Ponente, entonces de gran renombre y prestigio en el sector. El 17 de Diciembre de 1.903 resbaló por la grada del astillero y fue botado. Haciendo el día 24 las pruebas de mar en las que consiguió alcanzar una velocidad máxima de 15 nudos a toda máquina.

El 7 de Enero arribó en viaje inaugural a Palma de Mallorca, aún con la bandera y tripulación italiana, siendo recibido en el puerto de la ciudad por las autoridades.

Mientras se cumplimentaban los trámites del nuevo abanderamiento, permaneció amarrado hasta la fecha del 9 de Abril, en el que hizo un viaje a Marsella para limpiarlos fondos y posteriormente de nuevo volvió a la capital palmesana.

El 21de Abril se hizo al mar para recibir al yate real Giralda, a bordo del cual viajaba el rey Don Alfonso XIII. Al día siguiente y en unión del vapor Balear, se desplazó hasta las cuevas de Artá, de allí a la Bahía de Alcudia, Pollença y desde allí partió el día 24 iniciando su viaje a Ibiza.

A continuación se incorporó para cubrir la línea marítima entre Palma y Barcelona hasta Octubre de 1.910, en que fue entregado el vapor Rey Jaime II. El flamante Miramar tuvo la condición de buque insignia de la naviera Isleña Marítima.

El 12 de Junio de 1.910 llevó una peregrinación a Civitavecchia (Puerto de Italia en la provincia de Roma sito en el Mar Tirreno), al frente de la cual iba el obispo Pedro Juan Campins Barceló. Dos años después el 23 de Julio hizo un viaje de características similares.

Con el mundo en guerra y la escasez de carbón, el vapor Miramar dejo las líneas de Baleares y el 8 de Febrero de 1.918 hizo un viaje al Musel para cargar carbón asturiano para Cádiz, desde Gijón salió con rumbo a la tacita de plata y arribando a Coruña la madrugada del 9 de febrero embarrancaba iniciando la tragedia y fin de su historia.

El vapor Miramar en el puerto de Barcelona

El vapor Miramar en el puerto de Barcelona

Por Jordi Carreño

BUSCANDO A FEDERICO GARCÍA LORCA

Federico Garcia Lorca (Poeta 1898-1936)

Para todos aquellos que os interesa el tema os cuelgo el artículo de Ian Gibson que apareció en el País Digital y también en el periódico impreso el domingo en su dominical. Como ya informé en el Foro de la ARMH es muy interesante y recomendable su lectura: (El artículo es originario de Ian Gibson y los derechos corresponden al períodico El País)

BUSCANDO A LORCA


Era una noche sin luna

El historiador Ian Gibson recrea la detención y asesinato del poeta en agosto de 1936

IAN GIBSON

DOMINGO – 21-09-2008

Es la tarde del 17 de agosto de 1936. Ha pasado exactamente un mes desde el inicio de la sublevación contra la República. El golpe de Estado ha fracasado y España está sumida en una atroz guerra civil. En la retaguardia de ambos bandos ya se mata a mansalva. Con la diferencia de que, en la zona nacional, quienes organizan, promueven y llevan a cabo los paseos son de clase media, y en la otra, no. Bastante de ello lo sabe Federico García Lorca, encarcelado desde la tarde anterior en el Gobierno Civil de Granada, y cuyo cuñado, Manuel Fernández Montesinos, alcalde socialista de la ciudad, acaba de ser fusilado contra las tapias del cementerio. Tapias donde ya han caído, según los nombres inscritos en el libro oficial de entierros —copiados en su monografía sobre la muerte del poeta (1983) por el periodista y archivero municipal Eduardo Molina Fajardo—, unas 300 víctimas de la vesania fascista. Y ello sin tener en cuenta los numerosísimos asesinatos cometidos en los pueblos de los alrededores.

A Lorca, amenazado en la Huerta de San Vicente y refugiado en casa del padre de los falangistas hermanos Rosales, lo ha detenido Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA, famoso en toda la provincia por su chulería y ahora uno de los principales agentes del terror establecido por los rebeldes. El poeta probablemente no está al tanto de que Ruiz Alonso va diciendo que “ha hecho más daño con la pluma que otros con la pistola”. ¿O sí está? ¿Le han informado de que hay contra él una denuncia escrita muy grave, donde se afirma que es “un enlace con Rusia”, en contacto con los soviéticos a través de una radio clandestina oculta en su piano de cola, nada menos; que es íntimo del socialista Fernando de los Ríos; que es un rojo peligroso, un escritor subversivo y por más señas “maricón”? Si no lo sabe, cabe inferir que lo intuye, toda vez que, desde la furibunda recepción acordada por las derechas a Yerma a finales de 1934, no se le escapa el odio que provoca en ciertos sectores.

Acaso está enterado, además, de que el militar que ha usurpado el puesto de gobernador civil de Granada, el comandante y camisa vieja José Valdés Guzmán, es hijo de un general de la Guardia Civil, cuerpo que sigue sintiéndose gravemente insultado por su famoso romance.

Y hay más, bastante más. Por ejemplo, la entrevista publicada el 10 de junio en El Sol (algo así como El PAÍS de entonces), en la cual declaró que la “toma” de Granada en 1492 fue un desastre y que dio paso “a una ciudad pobre, acobardada; a una ‘tierra del chavico’, donde se agita actualmente la peor burguesía de España”. La frase tuvo una gran resonancia local y molestó a mucha gente de orden. ¿Alguien se lo recuerda ahora en el Gobierno Civil, donde se tortura y se machaca, se oyen los gritos de las víctimas e incluso ha habido suicidios? Es muy posible. ¿A él también le han pegado e insultado? Quizá.

El poeta es consciente, sin duda, de que tampoco le favorece la considerable animadversión que existe en Granada contra su padre, culpable de ser algo que apenas existe en la provincia: un rico terrateniente progresista, con antecedentes políticos liberales.

Y hay algo tal vez peor que todo esto: la envidia de unos (por la fama y las ganancias del poeta) y el rencor de otros, entre ellos algunos familiares cedistas y rivales de la Vega, hondamente ofendidos por los rumores que circulan acerca de alusiones personales y despectivas en La casa de Bernarda Alba.

Valdés Guzmán, cuya crueldad es hoy legendaria en Granada, ¿somete al poeta a un interrogatorio? No lo sabemos. Lo que sí hace el gobernador es consultar con su superior en Sevilla, Gonzalo Queipo de Llano —hoy reconocido como uno de los mayores criminales de toda la historia española—, que, a tenor de varios testimonios, ordena que a Lorca, según su fórmula habitual, le den “café, mucho café”. Y Valdés-Pilatos se lava las manos y entrega al preso a sus verdugos.

Angelina, la niñera de la familia García Lorca, había llevado comida al poeta aquella mañana. Lo encontró deshecho. Unos días antes el “señorico” le había dicho en la Huerta: “Angelina, si a mí me matasen, ¿lloraríais vosotras mucho?”. ¿Alguien más le vio en su celda? Tal vez uno de los hermanos Rosales, tal vez el barbero falangista Benet, tal vez… Nada fiable sabemos al respecto.

Aquella noche —noche sin luna— sacan al poeta del Gobierno Civil esposado con Dióscoro Galindo González, maestro del cercano pueblo de Pulianas y acendrado republicano. En la puerta los espera un coche de la infame Escuadra Negra, que arranca en dirección al pueblo de Víznar, situado al pie de las montañas a unos nueve kilómetros al noreste de la ciudad. Allí hay una improvisada cárcel donde suelen pasar sus postreras horas los condenados a muerte “no oficiales” (para los “oficiales” todo termina en el cementerio de Granada). Se conoce como La Colonia.

Cuando Lorca se da cuenta de que van a fusilarle, un joven que hace guardia en el edificio esa noche, José Jover Tripaldi, le ayuda a rezar. Luego los suben a un vehículo y los llevan cerca de la Fuente Grande, manantial conocido en tiempos de los árabes como Ainadamar (La Fuente de las Lágrimas), en el colindante municipio de Alfacar. Allí, en un olivar al borde del camino, los despachan. Según varios testimonios, hubo antes brutalidad e insultos, y es incluso posible que al poeta le diesen en la cabeza con la culata de un fusil.

Entre los esbirros va Juan Luis Trescastro Medina, acaudalado terrateniente de Santa Fe, correligionario de Ramón Ruiz Alonso y célebre en Granada por su machismo. Aquella mañana se jacta en distintos cafés de la ciudad de haber participado en el asesinato y de haberle metido al poeta “dos balas en el culo por maricón”. Se ratificó en distintas ocasiones posteriores. Hacia 1950, cuatro años antes de su fallecimiento, exclamó ante su practicante, Rafael Rodríguez Contreras: “¡Es que estábamos hartos ya de maricones en Granada!”.

¿En qué pensó Lorca durante sus últimas horas, sobre todo sus últimos minutos; él, tan hipersensible ante el horror de la muerte violenta? A mí siempre me ha parecido que tendría muy presente a la heroína granadina Mariana Pineda, cuya triste historia había llevado en 1927 a las tablas. Historia que ahora se iba a repetir en su persona. Poco antes de subir al patíbulo, la Marianita lorquiana oye cantar una escalofriante copla premonitoria: “A la orilla del agua / sin que nadie la viera / se murió mi esperanza”. El poeta había escrito su propio epitafio. Lo acompañaron en su calvario, además del maestro Dióscoro Galindo González, los toreros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas, que se habían opuesto con denuedo a los fascistas. Para mí es un enorme alivio saber que, gracias al encomiable replanteamiento de los herederos del genio, ahora va a ser posible buscarlos. A ellos y a otros muchos. A partir de este momento histórico, Federico García Lorca, siempre tan cerca de los que sufren, se puede y se debe convertir en el máximo símbolo de la reconciliación definitiva de los españoles.

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