LAS FOSAS DE FRANCO (Emilio Silva y Santiago Macías)

El libro de Emilio Siva y Santiago Macias

El libro de Emilio Siva y Santiago Macías

“que no hay razón alguna que legitime a una sociedad a pedir a las víctimas o a sus herederos que olviden, que mantegan cerradas las fosas para que los trapos sucios de nuestra historia no se aireen”.

“Las fosas de Franco, Los republicanos que el dictador dejó en la cuneta”, de E. Silva y S. Macías debería ser un libro de referencia para todos aquellos que buscan a sus familiares, para todos aquellos que quieren conocer mejor parte de la historia más negra de nuestro país y para todos aquellos que todavía niegan lo evidente.

Un libro compuesto de dos partes diferenciadas. La primera nos conduce por  la historia personal de los periodistas que escriben el mismo en su periplo de investigación, búsqueda y lucha por conseguir la justicia histórica de todos aquellos desaparecidos a raíz del descubrimiento de la fosa  conocida como la de los 13 de Priaranza. La primera fosa común con víctimas republicanas abierta con técnicas arqueológicas y forenses; y donde además estaba el abuelo de uno de los periodistas.

La segunda parte es quizás más dura si cabe,  ya que el recorrido nos lleva por una infinidad de histórias de muerte por casi toda la geografía nacional y  donde además se contabilizan parte de las fosas comunes que hay en nuestro país hasta el momento de la escritura del mismo. Aparecen las fosas localizadas y certificadas como las más importantes, lo que también puede ser una información válida para aquellos que buscan a los suyos, al menos como punto de referencia.

Un libro que recomiendo por lo mencionado anteriormente y porque sobre todo no puede dejar indiferente al lector. Un libro que es el inicio de la ARMH, un libro que es el incio de la lucha colectiva por la Memoria.

Jordi Carreño

Datos del libro:

Editorial: Ediciones Temas de Hoy, S.A. / Círculo de Lectores por cortesía de la anterior.

Año 2003

ISBN 84-672-0422-2

La Historia del Vino: Sus orígenes…

Óleo sobre lienzo de Caravaggio año 1585

Óleo sobre lienzo de Caravaggio año 1585

La primera referencia documentada del vino que tenemos, se refiere al libro del Génesis (9:20), cuando el patriarca Noé plantó después del diluvio una viña en el monte Ararat en la ubicación del actual monasterio de Ethmiadin (Armenia).

Aunque hace más de 5.000 años que se conocía el cultivo de la vid en el Caúcaso en Chokn, y en la antigüa Mesopotamía en Zagros. Pero no fue hasta el período del Imperio Persa (3.200 A.C) que se tienen referencias claras basadas a través de las culturas sumeria y acadia. Los chinos 4.000 años A.C ya conocían el proceso de fermentación de la uva, y en Egipto la bebida más famosa (El Shedeh) cuyo ascendencia no está muy clara (granada o uva fermentada) se puede considerar de los primeros vinos de origen.

La adoración a Dionisio o Baco (Dios de la vid, los viñedos y el vino), procede de la cultura griega, en la cual su mitología hace referencia al vino a través del Dios Zeus, cuando enamorado de Sémele le juró amor eterno junto a la orilla del río Estiga convirtiendo sus aguas en perfumadas, en una mágica y significativa ceremonia.

Aún así Egipto, fue el que inició el comercio de vino en la edad de bronce sobre la Tercera Dinastía de Faraones (2650-2575 A.C) con Canaan.

La introducción en Europa se la debemos a los antiguos Griegos, cuya tradición fue seguida posteriormente por los Etruscos, que a su vez la hicieron extensiva al Imperio Romano, el cual a través de Julio César y de la expansión del mismo consiguió llegar a todos los rincones de Europa y parte de Asia y África.

Carlomagno acabó extendiendo mucho más el comercio del vino con sus conquistas, ya que iba creando grandes plantaciones de vino para su suministro y el de sus tropas, así como iba desarrollando y haciendo crecer su Imperio y ocupando nuevas tierras.

Se le atribuye a Pierre Pèrignon el haber embotellado las primeras botellas con tapón de corcho, y el título de primer enólogo de la historia al científico Pasteur, al descubrir en un tonel recubierto de pintura que el aire no lo atravesaba y por lo tanto que el vino no fermentaba bien.

Lo que si está claro es que la cultura del vino siempre estuvo ligada a las grandes celebraciones y acuerdos, además de ser la bebida juntamente con la cerveza cuya procedencia sigue siendo desconocida, pero que están instauradas universalmente en todos los países prácticamente del mundo.

 Jordi Carreño

(Fuentes consultadas: Gran Enciclopedía Salvat,Wikipedia, Vinialis, El Mundo del Vino)